/ martes 24 de septiembre de 2019

Sí Hay Mujeres en Durango

La igualdad va más allá del lenguaje, pero empecemos por ahí

Una de las recomendaciones de la alerta de violencia de género en el estado es el uso del lenguaje incluyente. Lo que no se mencione no existe. ¿Qué piensa si un hombre es un zorro? ¿Y de una mujer que es una zorra?

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) de la Secretaría de Gobernación recomendó al estado declarar la alerta de violencia de género, es el uso del lenguaje incluyente, ya que hasta este momento ningún poder ni el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, ni los municipios han emprendido acciones para avanzar en ese tema.

El uso de este tipo de lenguaje tiene su origen en una herencia cultural que ha pasado de generación en generación y desde luego este lenguaje está fuertemente influenciado por el machismo.

Hasta en nuestro modo de entender el mundo y nuestro pensamiento está lleno de cuestiones como las siguientes: ¿Qué piensa si un hombre es un zorro? ¿Y de una mujer que es una zorra? Un hombre que es un zorro, es un hombre audaz; y una zorra, es una prostituta.

Lo del lenguaje incluyente no es una moda, ya ha sido tomado con seriedad por la Comisión Nacional de Derechos Humanos en su publicación: Una guía para el uso del lenguaje incluyente y no sexista; la propia Conavim ha emitido un manual para el uso de un lenguaje incluyente y con perspectiva de género.

Asimismo, en sus espacios cibernéticos nos dice la Conavim: “…Escuchamos y repetimos frases que minimizan a las mujeres…” Así es, no sólo palabras sino frases de las cuales enseguida le doy un ejemplo: “corres como niña”, “el último es vieja”, “es trabajo de hombres”, “no seas niña”…, como si el ser mujer fuera un defecto, como si fuéramos menos que los hombres.

Cabe mencionar que la diversidad sexual también sufre esta discriminación en el lenguaje y en acciones de la población en general: “no seas marica”, “cómo serás joto”, “machorra”, esto en alusión a, y con el sentimiento de que se piensa que las personas gays son menos y que es vergonzoso serlo.

La igualdad va más allá del lenguaje, pero empecemos por ahí y no es sólo decir nombres en femeninos y masculinos, son necesarias otras acciones, dentro de ellas realmente sentir lo que estamos diciendo y acompañar de otras acciones que permitan la igualdad de género.

De esta forma, el lenguaje sexista o excluyente refuerza la idea errónea de que las mujeres tienen un papel de inferioridad o subordinación con respecto al hombre.

Muchas formas de lenguaje y expresiones que abundan en nuestro vocabulario construyen y refuerzan estereotipos de género que conducen a la violencia contra las mujeres.

Desde siempre, el lenguaje constituye una fuente de violencia simbólica, una herramienta más a través de la cual se ha naturalizado la discriminación y la desigualdad que históricamente ha existido entre mujeres y hombres.

La Conavin dice que “…El lenguaje es una expresión de nuestro pensamiento, un reflejo de los usos y costumbres de una sociedad y cultura determinadas, las cuales tienen su origen en los roles y estereotipos de género que limitan y encasillan a las personas, partiendo de sus diferencias sexuales y biológicas…”

Dado que por mucho tiempo la sociedad justificó las relaciones desiguales entre mujeres y hombres, asignándoles a las mujeres las tareas del hogar, la atención de las hijas e hijos, y el de la reproducción y los cuidados, por ello el lenguaje que por años hemos utilizado está caracterizado por expresiones sexistas y excluyentes que han invisibilizado la presencia de la mujer y, especialmente, su participación en muchos de los ámbitos públicos en que hoy son también grandes protagonistas.

De esta problemática -y del impacto de inevitablemente tiene el uso de lenguaje en nuestro desarrollo como sociedad- es que surgió el lenguaje incluyente, el cual establece nuevas reglas que se adaptan a una sociedad igualitaria y que fomentan una cultura del respeto y la no violencia hacia las mujeres.

Es importante el uso del lenguaje incluyente, muchas formas de lenguaje y expresiones sexistas abundan en nuestro vocabulario y desvalorizan a las mujeres.

La Conavim ordenó a Durango aplicar el lenguaje incluyente en las dependencias de gobierno. Un llamado a los tres poderes y a los municipios para implementar esta medida en normas y documentos, para de esta forma lograr la igualdad de género.

La igualdad va más allá del lenguaje, pero empecemos por ahí

Una de las recomendaciones de la alerta de violencia de género en el estado es el uso del lenguaje incluyente. Lo que no se mencione no existe. ¿Qué piensa si un hombre es un zorro? ¿Y de una mujer que es una zorra?

La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) de la Secretaría de Gobernación recomendó al estado declarar la alerta de violencia de género, es el uso del lenguaje incluyente, ya que hasta este momento ningún poder ni el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, ni los municipios han emprendido acciones para avanzar en ese tema.

El uso de este tipo de lenguaje tiene su origen en una herencia cultural que ha pasado de generación en generación y desde luego este lenguaje está fuertemente influenciado por el machismo.

Hasta en nuestro modo de entender el mundo y nuestro pensamiento está lleno de cuestiones como las siguientes: ¿Qué piensa si un hombre es un zorro? ¿Y de una mujer que es una zorra? Un hombre que es un zorro, es un hombre audaz; y una zorra, es una prostituta.

Lo del lenguaje incluyente no es una moda, ya ha sido tomado con seriedad por la Comisión Nacional de Derechos Humanos en su publicación: Una guía para el uso del lenguaje incluyente y no sexista; la propia Conavim ha emitido un manual para el uso de un lenguaje incluyente y con perspectiva de género.

Asimismo, en sus espacios cibernéticos nos dice la Conavim: “…Escuchamos y repetimos frases que minimizan a las mujeres…” Así es, no sólo palabras sino frases de las cuales enseguida le doy un ejemplo: “corres como niña”, “el último es vieja”, “es trabajo de hombres”, “no seas niña”…, como si el ser mujer fuera un defecto, como si fuéramos menos que los hombres.

Cabe mencionar que la diversidad sexual también sufre esta discriminación en el lenguaje y en acciones de la población en general: “no seas marica”, “cómo serás joto”, “machorra”, esto en alusión a, y con el sentimiento de que se piensa que las personas gays son menos y que es vergonzoso serlo.

La igualdad va más allá del lenguaje, pero empecemos por ahí y no es sólo decir nombres en femeninos y masculinos, son necesarias otras acciones, dentro de ellas realmente sentir lo que estamos diciendo y acompañar de otras acciones que permitan la igualdad de género.

De esta forma, el lenguaje sexista o excluyente refuerza la idea errónea de que las mujeres tienen un papel de inferioridad o subordinación con respecto al hombre.

Muchas formas de lenguaje y expresiones que abundan en nuestro vocabulario construyen y refuerzan estereotipos de género que conducen a la violencia contra las mujeres.

Desde siempre, el lenguaje constituye una fuente de violencia simbólica, una herramienta más a través de la cual se ha naturalizado la discriminación y la desigualdad que históricamente ha existido entre mujeres y hombres.

La Conavin dice que “…El lenguaje es una expresión de nuestro pensamiento, un reflejo de los usos y costumbres de una sociedad y cultura determinadas, las cuales tienen su origen en los roles y estereotipos de género que limitan y encasillan a las personas, partiendo de sus diferencias sexuales y biológicas…”

Dado que por mucho tiempo la sociedad justificó las relaciones desiguales entre mujeres y hombres, asignándoles a las mujeres las tareas del hogar, la atención de las hijas e hijos, y el de la reproducción y los cuidados, por ello el lenguaje que por años hemos utilizado está caracterizado por expresiones sexistas y excluyentes que han invisibilizado la presencia de la mujer y, especialmente, su participación en muchos de los ámbitos públicos en que hoy son también grandes protagonistas.

De esta problemática -y del impacto de inevitablemente tiene el uso de lenguaje en nuestro desarrollo como sociedad- es que surgió el lenguaje incluyente, el cual establece nuevas reglas que se adaptan a una sociedad igualitaria y que fomentan una cultura del respeto y la no violencia hacia las mujeres.

Es importante el uso del lenguaje incluyente, muchas formas de lenguaje y expresiones sexistas abundan en nuestro vocabulario y desvalorizan a las mujeres.

La Conavim ordenó a Durango aplicar el lenguaje incluyente en las dependencias de gobierno. Un llamado a los tres poderes y a los municipios para implementar esta medida en normas y documentos, para de esta forma lograr la igualdad de género.

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