/ jueves 6 de agosto de 2020

Sí hay mujeres en Durango

En Durango sí hay mujeres que han destacado en diferentes áreas del conocimiento, dentro de ellas políticas, escritoras, revolucionarias y mujeres dedicadas al arte, una de ellas Dolores Asúnsolo López Negrete, mejor conocida como Dolores del Río que nació en Durango, Dgo., en 1906 , sus padres eran el director del Banco de Durango, por ello tuvo la oportunidad de viajar a varias partes del mundo y recibió educación en Europa y en el extranjero.

Cuando tenía 4 años y dada su posición económica, tuvo los medios para, junto con su familia, irse a los Estados Unidos de Norteamérica , para protegerse de la Revolución Mexicana dejando sus propiedades y parte de su fortuna.

Para las y los jóvenes, les recordamos que Dolores del Río, fue una actriz cinematográfica mexicana; figura estelar de muchas producciones cinematográficas mexicanas; pero ya antes había conquistado Hollywood.

Esta duranguense ilustre en 1921, a la edad de quince años, se casó con el escritor Jaime Martínez del Río, un rico hacendado licenciado en Leyes y 18 años mayor que ella, cuyo apellido adoptaría más tarde como nombre artístico.

Su belleza llamó la atención del director estadounidense Edwin Carewe, que había realizado una visita de cortesía a la familia Del Río acompañado por Adolfo Best Maugard, pintor de cierto renombre e íntimo amigo de Dolores. Carewe, impresionado por la personalidad de la joven, la invitó a interpretar un pequeño papel en la película que estaba dirigiendo por aquellas fechas en Hollywood.

De sus cualidades como actriz, a partir de aquel pequeño papel comenzó a recibir ofertas de trabajo e incluso apremiantes solicitudes de intervención en numerosos proyectos.

Por sus rasgos físicos desde la primera película interpretó papeles que se le ofrecieron en Hollywood, de personajes muy concretos, marcados por sus orígenes étnicos, fue en Estados Unidos, la “mujer latina” por excelencia, un arquetipo de pasión y fuego alimentado por la fantasía anglosajona.

Su gran éxito provoco que se quedara en Estados Unidos, y permaneció allí de 1925 y 1942; en todo ese tiempo interpretó 28 películas y se convirtió en una de las figuras de la época dorada de Hollywood y, por ello, en una mujer conocida internacionalmente y sus fotos e historias publicadas en las revistas internacionales .

A Dolores del Rio le tocó el cambio del cine mudo al cine sonoro, ella se adaptó a los cambios de la industria del cine, como no lo pudieron hacer otros muchos artistas destacados del cine mudo. Para ella la década de los años treinta constituyó a época más exitosa en su más carrera como actriz.

Del cine mudo la puede ver en las siguientes películas: Joana (1925), What Price Glory? (El precio de la gloria, 1926) del mítico Raoul Walsh, Resurrection (Resurrección, 1927) y Ramona (1928). De su etapa correspondiente a los primeros años del cine sonoro, en la que alcanzó gran popularidad, cabe mencionar The Bad One (El malo, 1930).

King Vidor la dirigió en Ave del Paraíso (Bird of Paradise, 1932), una producción del siempre polémico David O. Selznick para la RKO.

En la película Bird of Paradise provocó quejas de la sociedad conservadora por los atrevidos planos de la pareja protagonista, en los que se podían adivinar las figuras desnudas de Dolores del Río y del actor que compartía con ella la pantalla, el entonces famoso Joel McCrea.

Tras Bird of Paradise, intervino en Flying Down to Rio (1933), estrenada en español como Volando hacia Río de Janeiro), película en la que destacaron como pareja unos actores de tercera fila por aquel entonces, pero que estaban destinados a alcanzar el estrellato: Se llamaban Ginger Rogers y Fred Astaire, y no tardaron en desbancar a quienes figuraban en los primeros lugares del reparto.

También interpretó otro papel destacado en Madame Dubarry (1934), basada en la tormentosa vida de la amante de un Luis XV ya sexagenario en la Francia del siglo XVIII.

Dolores del Río regreso a México en 1942, y trabajó en diversos filmes dirigidos por Roberto Gavaldón, en los que continuó interpretando los personajes que la caracterizaron en la cinematografía internacional. También fue dirigida por Emilio “El Indio” Fernandez

También son importantes sus actuaciones en películas sobre la vida cotidiana del pueblo mexicano.

Su arte y su talento la hicieron capaz de identificarse con los más diversos personajes.

Su experiencia, pero sin lugar sus cualidades artísticas, la hicieron triunfar también en el doble papel de La Otra (1946), asesina de sí misma, realizada por Roberto Gavaldón, admirable de fotografía y presentación, donde la estrella y su magistral labor interpretativa hacen olvidar el tema falso y truculento, muy al gusto de las tragedias hollywoodienses de aquella época.

Esto es tan sólo una parte de la exitosa carrera de la duranguense Dolores del Río, que murió en Los Ángeles, California, Estados Unidos, a los 79 años.

En Durango sí hay mujeres que han destacado en diferentes áreas del conocimiento, dentro de ellas políticas, escritoras, revolucionarias y mujeres dedicadas al arte, una de ellas Dolores Asúnsolo López Negrete, mejor conocida como Dolores del Río que nació en Durango, Dgo., en 1906 , sus padres eran el director del Banco de Durango, por ello tuvo la oportunidad de viajar a varias partes del mundo y recibió educación en Europa y en el extranjero.

Cuando tenía 4 años y dada su posición económica, tuvo los medios para, junto con su familia, irse a los Estados Unidos de Norteamérica , para protegerse de la Revolución Mexicana dejando sus propiedades y parte de su fortuna.

Para las y los jóvenes, les recordamos que Dolores del Río, fue una actriz cinematográfica mexicana; figura estelar de muchas producciones cinematográficas mexicanas; pero ya antes había conquistado Hollywood.

Esta duranguense ilustre en 1921, a la edad de quince años, se casó con el escritor Jaime Martínez del Río, un rico hacendado licenciado en Leyes y 18 años mayor que ella, cuyo apellido adoptaría más tarde como nombre artístico.

Su belleza llamó la atención del director estadounidense Edwin Carewe, que había realizado una visita de cortesía a la familia Del Río acompañado por Adolfo Best Maugard, pintor de cierto renombre e íntimo amigo de Dolores. Carewe, impresionado por la personalidad de la joven, la invitó a interpretar un pequeño papel en la película que estaba dirigiendo por aquellas fechas en Hollywood.

De sus cualidades como actriz, a partir de aquel pequeño papel comenzó a recibir ofertas de trabajo e incluso apremiantes solicitudes de intervención en numerosos proyectos.

Por sus rasgos físicos desde la primera película interpretó papeles que se le ofrecieron en Hollywood, de personajes muy concretos, marcados por sus orígenes étnicos, fue en Estados Unidos, la “mujer latina” por excelencia, un arquetipo de pasión y fuego alimentado por la fantasía anglosajona.

Su gran éxito provoco que se quedara en Estados Unidos, y permaneció allí de 1925 y 1942; en todo ese tiempo interpretó 28 películas y se convirtió en una de las figuras de la época dorada de Hollywood y, por ello, en una mujer conocida internacionalmente y sus fotos e historias publicadas en las revistas internacionales .

A Dolores del Rio le tocó el cambio del cine mudo al cine sonoro, ella se adaptó a los cambios de la industria del cine, como no lo pudieron hacer otros muchos artistas destacados del cine mudo. Para ella la década de los años treinta constituyó a época más exitosa en su más carrera como actriz.

Del cine mudo la puede ver en las siguientes películas: Joana (1925), What Price Glory? (El precio de la gloria, 1926) del mítico Raoul Walsh, Resurrection (Resurrección, 1927) y Ramona (1928). De su etapa correspondiente a los primeros años del cine sonoro, en la que alcanzó gran popularidad, cabe mencionar The Bad One (El malo, 1930).

King Vidor la dirigió en Ave del Paraíso (Bird of Paradise, 1932), una producción del siempre polémico David O. Selznick para la RKO.

En la película Bird of Paradise provocó quejas de la sociedad conservadora por los atrevidos planos de la pareja protagonista, en los que se podían adivinar las figuras desnudas de Dolores del Río y del actor que compartía con ella la pantalla, el entonces famoso Joel McCrea.

Tras Bird of Paradise, intervino en Flying Down to Rio (1933), estrenada en español como Volando hacia Río de Janeiro), película en la que destacaron como pareja unos actores de tercera fila por aquel entonces, pero que estaban destinados a alcanzar el estrellato: Se llamaban Ginger Rogers y Fred Astaire, y no tardaron en desbancar a quienes figuraban en los primeros lugares del reparto.

También interpretó otro papel destacado en Madame Dubarry (1934), basada en la tormentosa vida de la amante de un Luis XV ya sexagenario en la Francia del siglo XVIII.

Dolores del Río regreso a México en 1942, y trabajó en diversos filmes dirigidos por Roberto Gavaldón, en los que continuó interpretando los personajes que la caracterizaron en la cinematografía internacional. También fue dirigida por Emilio “El Indio” Fernandez

También son importantes sus actuaciones en películas sobre la vida cotidiana del pueblo mexicano.

Su arte y su talento la hicieron capaz de identificarse con los más diversos personajes.

Su experiencia, pero sin lugar sus cualidades artísticas, la hicieron triunfar también en el doble papel de La Otra (1946), asesina de sí misma, realizada por Roberto Gavaldón, admirable de fotografía y presentación, donde la estrella y su magistral labor interpretativa hacen olvidar el tema falso y truculento, muy al gusto de las tragedias hollywoodienses de aquella época.

Esto es tan sólo una parte de la exitosa carrera de la duranguense Dolores del Río, que murió en Los Ángeles, California, Estados Unidos, a los 79 años.

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