/ sábado 9 de enero de 2021

Tenemos una deuda con las nuevas generaciones

“Las cosas se van a poner cada vez peor”. Esta es una de las frases más taquilleras de los últimos meses. Sale fácil de la boca de quienes ya peinamos algunas canas, pero suena cruel en los oídos de los jovencitos que apenas están entrando en el mundo de las responsabilidades. No podemos hacer alarde de ese discurso! Tenemos la responsabilidad de decirles la verdad! Tenemos una deuda moral con las nuevas generaciones! Tenemos la responsabilidad de darles esperanza!

Es verdad que los pronósticos de orden sanitario no son nada alentadores. Pero también es verdad que la ciencia nunca ha estado tan avanzada, de hecho nunca se aprobó una vacuna en fase tres con tanta rapidez. Es verdad que los economistas auguran tiempos cada vez más apretados. Pero también es verdad que nunca hubo tanta capacidad de generar riqueza en el mundo. Es verdad que somos cada vez más escépticos a las promesas de los gobernantes. Pero también es verdad que las nuevas generaciones están cansadas de la vieja forma de hacer política no sólo en nuestro país sino en todo el mundo.

Es verdad que la maldad del hombre ha llegado a niveles insospechados. Pero también es verdad que siempre que el pecado sobreabundó, también sobreabundó la gracia. La gracia que me salvó hace más de tres décadas, no sólo del infierno (con eso ya hubiera sido suficiente) sino también de una vida sin sentido y sin esperanza y me ha sostenido a lo largo de todos estos años creyendo que las cosas mañana serán mejores. La misma que me ha mostrado que Dios está en su Trono y que a pesar de todo El nunca, jamás, ha perdido el control. Aunque el sistema de consumo así nos lo haya hecho creer.

Mi Biblia, la misma que tú tienes no importando la versión, termina con el triunfo definitivo del bien sobre el mal, de la justicia sobre la injusticia, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio. Me resisto absolutamente a abrazar el pensamiento de que “las cosas se van a poner cada vez peor”.

No podemos dar la bienvenida al fatalismo, el cual sutilmente nos ha llevado a una vida egocéntrica donde sólo buscamos cómo “subsistir”. Necesitamos tener una mirada bíblica de la realidad, ver las cosas como Dios las ve. Necesitamos cambiar nuestro discurso. Prefiero sonar a ingenuo que a cínico. La mirada de nuestros hijos y futuros nietos lo están demandando. Tenemos una deuda con las nuevas generaciones.

“Las cosas se van a poner cada vez peor”. Esta es una de las frases más taquilleras de los últimos meses. Sale fácil de la boca de quienes ya peinamos algunas canas, pero suena cruel en los oídos de los jovencitos que apenas están entrando en el mundo de las responsabilidades. No podemos hacer alarde de ese discurso! Tenemos la responsabilidad de decirles la verdad! Tenemos una deuda moral con las nuevas generaciones! Tenemos la responsabilidad de darles esperanza!

Es verdad que los pronósticos de orden sanitario no son nada alentadores. Pero también es verdad que la ciencia nunca ha estado tan avanzada, de hecho nunca se aprobó una vacuna en fase tres con tanta rapidez. Es verdad que los economistas auguran tiempos cada vez más apretados. Pero también es verdad que nunca hubo tanta capacidad de generar riqueza en el mundo. Es verdad que somos cada vez más escépticos a las promesas de los gobernantes. Pero también es verdad que las nuevas generaciones están cansadas de la vieja forma de hacer política no sólo en nuestro país sino en todo el mundo.

Es verdad que la maldad del hombre ha llegado a niveles insospechados. Pero también es verdad que siempre que el pecado sobreabundó, también sobreabundó la gracia. La gracia que me salvó hace más de tres décadas, no sólo del infierno (con eso ya hubiera sido suficiente) sino también de una vida sin sentido y sin esperanza y me ha sostenido a lo largo de todos estos años creyendo que las cosas mañana serán mejores. La misma que me ha mostrado que Dios está en su Trono y que a pesar de todo El nunca, jamás, ha perdido el control. Aunque el sistema de consumo así nos lo haya hecho creer.

Mi Biblia, la misma que tú tienes no importando la versión, termina con el triunfo definitivo del bien sobre el mal, de la justicia sobre la injusticia, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio. Me resisto absolutamente a abrazar el pensamiento de que “las cosas se van a poner cada vez peor”.

No podemos dar la bienvenida al fatalismo, el cual sutilmente nos ha llevado a una vida egocéntrica donde sólo buscamos cómo “subsistir”. Necesitamos tener una mirada bíblica de la realidad, ver las cosas como Dios las ve. Necesitamos cambiar nuestro discurso. Prefiero sonar a ingenuo que a cínico. La mirada de nuestros hijos y futuros nietos lo están demandando. Tenemos una deuda con las nuevas generaciones.