/ viernes 29 de mayo de 2020

Tip...Tip...

No sé, si el Covid sigue golpeando a la economía, no nos moriremos de la enfermedad, nos vamos a morir de hambre.

Nos llegan excelentes informes de Luly Martínez, presidenta de Cuencamé.

Tiene entre sus méritos haberle ganado a un ícono femenino, Elizabeth Sotelo.

Y además, Luly la está haciendo muy bien, según nos reportan.

Lo que es, es -dicen en mi tierra- y casi siempre los pronunciamientos de Luis Enrique Benítez, presidente del PRI, pegan en el blanco, sus juicios son acertados.

Y si como se espera el PRI se recupera, gran parte del mérito corresponderá al exdiputado.

Nombre de Dios tiene un político originario de ahí de grandes alcances:

Se llamar Víctor Hugo Castañeda Soto, a los 19 años fue por primera vez diputado local, esto, a la muerte de don Carlos Garcinava Veyán, que lo protegió desde adolescente.

A pesar de ser tan pollo, mostró más plumas que un gallo en la tribuna y se ha caracterizado desde siempre como un irónico nato, hay que ver su capacidad para clavar dardos, sobre todo en los que no pertenecen al PAN, que es su partido.

Además de ser dos veces diputado local y protegido del santón Rodolfo Elizondo, fue director de Comunicación Social en la Secretaría de Turismo, cuando "El Negro" era titular, después volvió para ser presidente del PAN.

El mismo "Negro" lo impulsó para la Secretaría Estatal de Turismo, y ahí se encontró con que en algunos hoteles se habían hecho reservaciones para alojar a cineastas.

Cobraron anticipos y como la película no se realizó, había que regresar los anticipos y esto lo enfrentó a los hoteleros, que finalmente acabaron cortando su cabeza.

Para colmo, Rodolfo Elizondo, que quería manejarlo a su antojo, al no lograrlo, le retiró su apoyo.

Pasó un tiempo como exsecretario y José Ramón Enríquez lo rescató, con una posición que el galeno inventó.

Los que no quieren al psicólogo, se aprovecharon tildándolo de traidor al PAN, pero finalmente, un panista puro como Jorge Salum, lo reincorporó al servicio público en calidad de director del Museo de la Ciudad, en donde está ahora y en donde debe hacer un buen papel.

Otro nativo de La Villita que es político aunque no en la elección popular abierta, es Rubén Solís Ríos, licenciado en Administración y en Derecho.

Su fuerte fue la cátedra en la FECA, de donde fue director reelecto cuando se valía repetir.

Y luego apabulló en las elecciones para rector y ahí está todavía sin contratiempos.

No sé, si el Covid sigue golpeando a la economía, no nos moriremos de la enfermedad, nos vamos a morir de hambre.

Nos llegan excelentes informes de Luly Martínez, presidenta de Cuencamé.

Tiene entre sus méritos haberle ganado a un ícono femenino, Elizabeth Sotelo.

Y además, Luly la está haciendo muy bien, según nos reportan.

Lo que es, es -dicen en mi tierra- y casi siempre los pronunciamientos de Luis Enrique Benítez, presidente del PRI, pegan en el blanco, sus juicios son acertados.

Y si como se espera el PRI se recupera, gran parte del mérito corresponderá al exdiputado.

Nombre de Dios tiene un político originario de ahí de grandes alcances:

Se llamar Víctor Hugo Castañeda Soto, a los 19 años fue por primera vez diputado local, esto, a la muerte de don Carlos Garcinava Veyán, que lo protegió desde adolescente.

A pesar de ser tan pollo, mostró más plumas que un gallo en la tribuna y se ha caracterizado desde siempre como un irónico nato, hay que ver su capacidad para clavar dardos, sobre todo en los que no pertenecen al PAN, que es su partido.

Además de ser dos veces diputado local y protegido del santón Rodolfo Elizondo, fue director de Comunicación Social en la Secretaría de Turismo, cuando "El Negro" era titular, después volvió para ser presidente del PAN.

El mismo "Negro" lo impulsó para la Secretaría Estatal de Turismo, y ahí se encontró con que en algunos hoteles se habían hecho reservaciones para alojar a cineastas.

Cobraron anticipos y como la película no se realizó, había que regresar los anticipos y esto lo enfrentó a los hoteleros, que finalmente acabaron cortando su cabeza.

Para colmo, Rodolfo Elizondo, que quería manejarlo a su antojo, al no lograrlo, le retiró su apoyo.

Pasó un tiempo como exsecretario y José Ramón Enríquez lo rescató, con una posición que el galeno inventó.

Los que no quieren al psicólogo, se aprovecharon tildándolo de traidor al PAN, pero finalmente, un panista puro como Jorge Salum, lo reincorporó al servicio público en calidad de director del Museo de la Ciudad, en donde está ahora y en donde debe hacer un buen papel.

Otro nativo de La Villita que es político aunque no en la elección popular abierta, es Rubén Solís Ríos, licenciado en Administración y en Derecho.

Su fuerte fue la cátedra en la FECA, de donde fue director reelecto cuando se valía repetir.

Y luego apabulló en las elecciones para rector y ahí está todavía sin contratiempos.

miércoles 01 de julio de 2020

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