/ miércoles 24 de abril de 2019

Trauma

La palabra trauma viene del modelo médico, significa literalmente “herida, daño”, y surge de la idea de que la mente y las emociones pueden ser lastimadas igual que el cuerpo. Así, generalmente se denomina trauma sicológico tanto a un evento que amenaza profundamente el bienestar o la vida de un individuo, como a la consecuencia de ese evento en su estructura mental o vida emocional.

Es problemático hablar de trauma en el campo de la salud mental porque se ha vuelto una categoría que no se cuestiona y que se utiliza de modo indistinto para hablar de las consecuencias psíquicas de una experiencia dolorosa, como accidentes, terremotos y otros desastres naturales, aunque también pueden incluir abusos físicos, emocionales y sexuales tales como los ataques físicos y violencia, que nos llegan por sorpresa y no estamos preparados para enfrentarlos.

Trauma puede no significar nada, si se hacen un lado las particularidades de cada persona y de cada cerebro, pero vale la pena preguntarse qué sentido podrían tener estas experiencias indeseables, ya que los sucesos traumáticos son eventos que tienen el potencial de provocar sufrimiento humano significativo y sobrepasar las habilidades naturales de los seres humanos. Son eventos extraordinarios que se salen de la experiencia humana común y generalmente producen fuertes reacciones emocionales, físicas, conductuales y espirituales en quien los vive.

De esta manera, se puede dar el reflejo de sufrir un miedo de gran intensidad o porque la persona es incapaz de manejar un peligro real o potencial, sobre todo, si fue durante la infancia y adolescencia cuando sufrió el trauma, porque entonces, estos sucesos pueden conducir a trastornos mentales y físicos crónicos y afectar a los sobrevivientes el resto de sus vidas.

De hecho, hay estudios que demuestran que el sufrir traumas durante la infancia y/o adolescencia es el factor que mayormente contribuye al inicio temprano de enfermedades mentales tales como la depresión, la ansiedad o adicciones, porque el trauma, sin importar su origen, lastima de tal manera la salud física y mental, la seguridad y el bienestar de la personas que ésta puede llegar a desarrollar creencias falsas y destructivas de sí misma y del mundo.

Como no todos los cerebros son iguales ni tampoco las historias de vida, habrá personas que se recuperen más rápido de las experiencias de dolor, algunos saldrán adelante con el paso del tiempo, otros necesitarán terapia, mientras que otros más requerirán sicofármacos.

Dado que los traumas están relacionados con las emociones, la razón y el lenguaje no suelen ser muy eficaces, por lo que es necesario recurrir a técnicas que trabajen directamente sobre el inconsciente y la parte emocional del cerebro, dónde se produce el shock traumático.

Sin embargo, es importante hablar de las consecuencias específicas del trauma y pausadamente, tomar algunas decisiones sobre qué acciones serían útiles para seguir adelante con la vida. Así la persona que ha sufrido una experiencia traumática debe comprender con claridad los efectos biológicos, sicológicos, cognitivos, espirituales y sociales del trauma.

Apelar a los propósitos, valores, creencias, ideas sobre la justicia y la dignidad, sobre las aspiraciones y sueños que el evento traumático fragmentó, sirve para recobrar la fuerza y la rabia necesaria para negarse a perder lo que fue arrebatado en el trauma.

Al enfrentar junto a un sicoterapeuta aquellos problemas que causan dolor o malestar, y poder hablar con confianza y con libertad sobre uno mismo a alguien que no juzga sobre los sentimientos y las experiencias reprimidas, es beneficioso para el bienestar. Además, ayudar a percibir los conflictos de forma distinta, de esta manera, la forma de adaptarse a las circunstancias del día a día será mucho mejor y permite, en muchos casos, asimilar y superar el trauma.

La palabra trauma viene del modelo médico, significa literalmente “herida, daño”, y surge de la idea de que la mente y las emociones pueden ser lastimadas igual que el cuerpo. Así, generalmente se denomina trauma sicológico tanto a un evento que amenaza profundamente el bienestar o la vida de un individuo, como a la consecuencia de ese evento en su estructura mental o vida emocional.

Es problemático hablar de trauma en el campo de la salud mental porque se ha vuelto una categoría que no se cuestiona y que se utiliza de modo indistinto para hablar de las consecuencias psíquicas de una experiencia dolorosa, como accidentes, terremotos y otros desastres naturales, aunque también pueden incluir abusos físicos, emocionales y sexuales tales como los ataques físicos y violencia, que nos llegan por sorpresa y no estamos preparados para enfrentarlos.

Trauma puede no significar nada, si se hacen un lado las particularidades de cada persona y de cada cerebro, pero vale la pena preguntarse qué sentido podrían tener estas experiencias indeseables, ya que los sucesos traumáticos son eventos que tienen el potencial de provocar sufrimiento humano significativo y sobrepasar las habilidades naturales de los seres humanos. Son eventos extraordinarios que se salen de la experiencia humana común y generalmente producen fuertes reacciones emocionales, físicas, conductuales y espirituales en quien los vive.

De esta manera, se puede dar el reflejo de sufrir un miedo de gran intensidad o porque la persona es incapaz de manejar un peligro real o potencial, sobre todo, si fue durante la infancia y adolescencia cuando sufrió el trauma, porque entonces, estos sucesos pueden conducir a trastornos mentales y físicos crónicos y afectar a los sobrevivientes el resto de sus vidas.

De hecho, hay estudios que demuestran que el sufrir traumas durante la infancia y/o adolescencia es el factor que mayormente contribuye al inicio temprano de enfermedades mentales tales como la depresión, la ansiedad o adicciones, porque el trauma, sin importar su origen, lastima de tal manera la salud física y mental, la seguridad y el bienestar de la personas que ésta puede llegar a desarrollar creencias falsas y destructivas de sí misma y del mundo.

Como no todos los cerebros son iguales ni tampoco las historias de vida, habrá personas que se recuperen más rápido de las experiencias de dolor, algunos saldrán adelante con el paso del tiempo, otros necesitarán terapia, mientras que otros más requerirán sicofármacos.

Dado que los traumas están relacionados con las emociones, la razón y el lenguaje no suelen ser muy eficaces, por lo que es necesario recurrir a técnicas que trabajen directamente sobre el inconsciente y la parte emocional del cerebro, dónde se produce el shock traumático.

Sin embargo, es importante hablar de las consecuencias específicas del trauma y pausadamente, tomar algunas decisiones sobre qué acciones serían útiles para seguir adelante con la vida. Así la persona que ha sufrido una experiencia traumática debe comprender con claridad los efectos biológicos, sicológicos, cognitivos, espirituales y sociales del trauma.

Apelar a los propósitos, valores, creencias, ideas sobre la justicia y la dignidad, sobre las aspiraciones y sueños que el evento traumático fragmentó, sirve para recobrar la fuerza y la rabia necesaria para negarse a perder lo que fue arrebatado en el trauma.

Al enfrentar junto a un sicoterapeuta aquellos problemas que causan dolor o malestar, y poder hablar con confianza y con libertad sobre uno mismo a alguien que no juzga sobre los sentimientos y las experiencias reprimidas, es beneficioso para el bienestar. Además, ayudar a percibir los conflictos de forma distinta, de esta manera, la forma de adaptarse a las circunstancias del día a día será mucho mejor y permite, en muchos casos, asimilar y superar el trauma.

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