/ sábado 6 de agosto de 2022

Una nueva escala de valores

Esta semana me tocó asistir a dos funerales el mismo día y en la misma casa velatoria. Inmediatamente vinieron a mi mente las palabras del “Predicador”: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento;

Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón”. (Eclesistés 7:1-3)

Por más bueno que sea el perfume, afecta un solo lugar a la vez y en un momento determinado, luego se desvanece. La reputación, en cambio, es decir lo que realmente “somos”, trasciende espacio y tiempo. Es lo único que nos llevamos del otro lado y también lo único que queda aquí cuando dejamos este mundo.

Festejar el cumpleaños es una costumbre de origen pagano, muy valiosa para expresarnos el afecto y celebrar la vida. Pero es más valioso el día que se muere, pues ahí se sella nuestra condición humana. Es el día que pasamos a una eternidad con o sin Dios por eso es importante estar preparados, pues nadie sabe cuándo llegará ese día.

Es mejor ir a un funeral que a una fiesta ¿Por qué? Sin duda, al menos en esta parte del planeta, son más las ocasiones que tenemos para festejar que para estar de luto. Sin embargo, frente a un ataúd es donde nos sentimos obligados a revisar nuestra forma de vivir y por ende, nuestra escala de valores.

Finalmente, ¿Por qué es mejor el llanto que la risa? Existen dos tipos de tristezas: La que produce arrepentimiento y la que produce remordimiento. La primera nos lleva a enmendar nuestro corazón, la segunda nos sumerge en nuestro orgullo y nos lleva a tomar decisiones equivocadas.

No esperes asistir a otro funeral para enmendar tu camino, el momento oportuno es ahorita: “Les suplicamos que no reciban ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no le den importancia. Pues Dios dice: «En el momento preciso, te oí. En el día de salvación te ayudé»*. Efectivamente, el «momento preciso» es ahora. Hoy es el día de salvación. (2Corintios 6:1-2).

leonardolombar@gmail.com.

Esta semana me tocó asistir a dos funerales el mismo día y en la misma casa velatoria. Inmediatamente vinieron a mi mente las palabras del “Predicador”: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento;

Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón”. (Eclesistés 7:1-3)

Por más bueno que sea el perfume, afecta un solo lugar a la vez y en un momento determinado, luego se desvanece. La reputación, en cambio, es decir lo que realmente “somos”, trasciende espacio y tiempo. Es lo único que nos llevamos del otro lado y también lo único que queda aquí cuando dejamos este mundo.

Festejar el cumpleaños es una costumbre de origen pagano, muy valiosa para expresarnos el afecto y celebrar la vida. Pero es más valioso el día que se muere, pues ahí se sella nuestra condición humana. Es el día que pasamos a una eternidad con o sin Dios por eso es importante estar preparados, pues nadie sabe cuándo llegará ese día.

Es mejor ir a un funeral que a una fiesta ¿Por qué? Sin duda, al menos en esta parte del planeta, son más las ocasiones que tenemos para festejar que para estar de luto. Sin embargo, frente a un ataúd es donde nos sentimos obligados a revisar nuestra forma de vivir y por ende, nuestra escala de valores.

Finalmente, ¿Por qué es mejor el llanto que la risa? Existen dos tipos de tristezas: La que produce arrepentimiento y la que produce remordimiento. La primera nos lleva a enmendar nuestro corazón, la segunda nos sumerge en nuestro orgullo y nos lleva a tomar decisiones equivocadas.

No esperes asistir a otro funeral para enmendar tu camino, el momento oportuno es ahorita: “Les suplicamos que no reciban ese maravilloso regalo de la bondad de Dios y luego no le den importancia. Pues Dios dice: «En el momento preciso, te oí. En el día de salvación te ayudé»*. Efectivamente, el «momento preciso» es ahora. Hoy es el día de salvación. (2Corintios 6:1-2).

leonardolombar@gmail.com.