/ jueves 8 de noviembre de 2018

Universidad y ciudadanía

Es absolutamente relevante cuando se emprendan procesos académicos de todo tipo a partir de características sistémicas, teniendo en consideración que un sistema es un conjunto de elementos relacionados entre sí que tienen una unidad de propósito.

“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”.- Michael Jordan

En esta nueva entrega de “Universidad y ciudadanía” hablaremos sobre la trascendencia del trabajo colaborativo para las Universidades desde dos perspectivas fundamentales: la de los estudiantes y la de los cuerpos académicos en la construcción del conocimiento científico.

Por supuesto que trabajar en equipo es una premisa fundamental para todos los sectores de cualquier Universidad, pero en el caso de los estudiantes y los docentes adquiere una envergadura aún mayor, pues es en el trabajo de estos sectores donde se configura, estructura y diseñan los constructos que desde la ciencia mueven a la sociedad y al mundo.

Hablar del trabajo colaborativo entre estudiantes es básico como uno de los puntos medulares del quehacer universitario. Cuando los alumnos tienen puntos de encuentro, resuelven sus diferencias y plantean propósitos comunes, sin lugar a dudas se avanza por el sendero del éxito.

Aprender a laborar en equipo es un reto por la natural diferencia de personalidades y de métodos de trabajo, lo cual es una enseñanza no únicamente para elaborar un ensayo, una investigación o una exposición frente a grupo sino como una herramienta valiosa para la vida universitaria. Por igual, se trató de algo que abona a la pluralidad y al procesamiento de los diferendos actitudinales.

Por otro lado, el trabajo colaborativo como piedra de toque en la edificación del conocimiento resulta indispensable en los empeños docentes e investigativos. Sólo a través de metas compartidas se puede llegar a buen puerto cuando de investigación de alta calidad se trata. Evidentemente, no basta compartir una meta sino una adecuada metodología para llegar a ella.

Son varios los posibles obstáculos que se pueden enfrentar cuando se hable del trabajo colaborativo. Hacerles frente con prestancia es una virtud en sí misma, pues no siempre se tiene la habilidad o capacidad de adaptarse a los defectos del otro. Hacer valer y reivindicar esa otredad es una de las principales características de una persona que le apuesta a los logros comunes antes que a las circunstancias personales y particulares. Es un proceso complejo pero no imposible.

Potenciar el trabajo colaborativo no es, entonces, ningún lugar común. Es absolutamente relevante cuando se emprendan procesos académicos de todo tipo a partir de características sistémicas, teniendo en consideración que un sistema es un conjunto de elementos relacionados entre sí que tienen una unidad de propósito. Esta unidad de propósito, como se decía en un parágrafo anterior, va de la mano con una de las cosas que imperiosamente se buscan en una Universidad: una educación de calidad para las generaciones presentes y futuras.

La ruta de la excelencia y de la calidad académica pasa, insoslayablemente, por la estación del trabajo colaborativo. En efecto, trabajar en equipo y como comunidad representa uno de los puntos de inflexión de cualquier colectivo que busque dejar huella en todo lo que haga. Los esfuerzos compartidos, según se decía, en donde cada quien haga lo que le corresponda desde su respectiva trinchera, repercute en un mejor estado de cosas para todos, sobre todo para las instituciones, que a final de cuentas son la razón principal de nuestras tareas diarias.

En este sentido, no cabe duda de que nuestra Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), como una de las instituciones más representativas e importantes de esta entidad federativa, y como uno de sus buques insignia cuando de dejar legados históricos en la comunidad se trata, ha emprendido acciones de forma incansable por hacer del trabajo colaborativo uno de sus bastiones centrales. Trabajar en equipo en pro de nuestra máxima casa de estudios es algo que debe movernos a todos.

El aislamiento, en definitiva, no conduce a cuestiones positivas en el terreno de la realidad. Al final del día, de lo que se trata es de observar, entender, concebir y proyectar a la Universidad como un circuito virtuoso con numerosos intervinientes, los cuales tienen múltiples, específicas y variadas asignaciones, de cuya consecución depende el avance frontal de los centros de educación superior y media superior como agentes genuinos de cambio social.

Articular esta dimensión de las Universidades del siglo XXI posibilitará un despliegue de actitudes, valores, principios, ideales pero sobre todo de directrices prácticas que vayan en sintonía con los postulados de la globalización. Esta es, sin lugar a dudas, una tarea de todos.

*El autor es Encargado del Despacho de la Rectoría de la UJED. Su opinión es estrictamente personal y no representa necesariamente la postura institucional de la Universidad.


Es absolutamente relevante cuando se emprendan procesos académicos de todo tipo a partir de características sistémicas, teniendo en consideración que un sistema es un conjunto de elementos relacionados entre sí que tienen una unidad de propósito.

“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”.- Michael Jordan

En esta nueva entrega de “Universidad y ciudadanía” hablaremos sobre la trascendencia del trabajo colaborativo para las Universidades desde dos perspectivas fundamentales: la de los estudiantes y la de los cuerpos académicos en la construcción del conocimiento científico.

Por supuesto que trabajar en equipo es una premisa fundamental para todos los sectores de cualquier Universidad, pero en el caso de los estudiantes y los docentes adquiere una envergadura aún mayor, pues es en el trabajo de estos sectores donde se configura, estructura y diseñan los constructos que desde la ciencia mueven a la sociedad y al mundo.

Hablar del trabajo colaborativo entre estudiantes es básico como uno de los puntos medulares del quehacer universitario. Cuando los alumnos tienen puntos de encuentro, resuelven sus diferencias y plantean propósitos comunes, sin lugar a dudas se avanza por el sendero del éxito.

Aprender a laborar en equipo es un reto por la natural diferencia de personalidades y de métodos de trabajo, lo cual es una enseñanza no únicamente para elaborar un ensayo, una investigación o una exposición frente a grupo sino como una herramienta valiosa para la vida universitaria. Por igual, se trató de algo que abona a la pluralidad y al procesamiento de los diferendos actitudinales.

Por otro lado, el trabajo colaborativo como piedra de toque en la edificación del conocimiento resulta indispensable en los empeños docentes e investigativos. Sólo a través de metas compartidas se puede llegar a buen puerto cuando de investigación de alta calidad se trata. Evidentemente, no basta compartir una meta sino una adecuada metodología para llegar a ella.

Son varios los posibles obstáculos que se pueden enfrentar cuando se hable del trabajo colaborativo. Hacerles frente con prestancia es una virtud en sí misma, pues no siempre se tiene la habilidad o capacidad de adaptarse a los defectos del otro. Hacer valer y reivindicar esa otredad es una de las principales características de una persona que le apuesta a los logros comunes antes que a las circunstancias personales y particulares. Es un proceso complejo pero no imposible.

Potenciar el trabajo colaborativo no es, entonces, ningún lugar común. Es absolutamente relevante cuando se emprendan procesos académicos de todo tipo a partir de características sistémicas, teniendo en consideración que un sistema es un conjunto de elementos relacionados entre sí que tienen una unidad de propósito. Esta unidad de propósito, como se decía en un parágrafo anterior, va de la mano con una de las cosas que imperiosamente se buscan en una Universidad: una educación de calidad para las generaciones presentes y futuras.

La ruta de la excelencia y de la calidad académica pasa, insoslayablemente, por la estación del trabajo colaborativo. En efecto, trabajar en equipo y como comunidad representa uno de los puntos de inflexión de cualquier colectivo que busque dejar huella en todo lo que haga. Los esfuerzos compartidos, según se decía, en donde cada quien haga lo que le corresponda desde su respectiva trinchera, repercute en un mejor estado de cosas para todos, sobre todo para las instituciones, que a final de cuentas son la razón principal de nuestras tareas diarias.

En este sentido, no cabe duda de que nuestra Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), como una de las instituciones más representativas e importantes de esta entidad federativa, y como uno de sus buques insignia cuando de dejar legados históricos en la comunidad se trata, ha emprendido acciones de forma incansable por hacer del trabajo colaborativo uno de sus bastiones centrales. Trabajar en equipo en pro de nuestra máxima casa de estudios es algo que debe movernos a todos.

El aislamiento, en definitiva, no conduce a cuestiones positivas en el terreno de la realidad. Al final del día, de lo que se trata es de observar, entender, concebir y proyectar a la Universidad como un circuito virtuoso con numerosos intervinientes, los cuales tienen múltiples, específicas y variadas asignaciones, de cuya consecución depende el avance frontal de los centros de educación superior y media superior como agentes genuinos de cambio social.

Articular esta dimensión de las Universidades del siglo XXI posibilitará un despliegue de actitudes, valores, principios, ideales pero sobre todo de directrices prácticas que vayan en sintonía con los postulados de la globalización. Esta es, sin lugar a dudas, una tarea de todos.

*El autor es Encargado del Despacho de la Rectoría de la UJED. Su opinión es estrictamente personal y no representa necesariamente la postura institucional de la Universidad.


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