/ jueves 22 de noviembre de 2018

Universidad y ciudadanía

Tomar en serio los postulados juaristas es una necesidad insoslayable en la edificación del proyecto de Universidad que debe reflejarse, con todas sus letras, en el corto, mediano y largo plazo.

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.- Benito Juárez

En esta nueva entrega de “Universidad y ciudadanía” hablaremos sobre el juarismo como una ideología y una filosofía que debe prevalecer en todo momento al interior de la máxima casa de estudios en nuestra entidad federativa: la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED).

Por supuesto que unas cuantas líneas no bastan para abundar sobre ello como es debido, pero al menos se pondrán sobre la mesa algunas pinceladas de lo que implica llevar el apellido de Juárez como buque insignia de la identidad institucional en un centro de estudios superiores tan grande en todos los sentidos como es la UJED. Llamarnos Universidad Juárez, sin duda alguna, acarrea enormes responsabilidades para rendirle tributo permanente a Benito Pablo Juárez García.

Tomar en serio los postulados juaristas es una necesidad insoslayable en la edificación del proyecto de Universidad que debe reflejarse, con todas sus letras, en el corto, mediano y largo plazo. Se trata de un puente histórico entre el siglo XIX que le tocó vivir a Juárez -y del cual fue por supuesto un protagonista privilegiado y de primer orden- y nuestra contemporaneidad en cuanto tal.

Benito Juárez es una figura crucial no sólo de la historia de México sino del proyecto de país que se ha construido desde lo ideológico, lo social y lo cultural. Republicano y laico, Juárez reivindica ante todo el constructo de la libertad. La libertad, desde este punto de vista, es crucial para entender las perspectivas de cualquier Universidad. Sin libertad difícilmente puede hablarse de una Universidad en sus distintas aristas, ángulos y coordenadas tanto teóricas como prácticas.

Hacer nuestra la libertad y articularla como vía de acción efectiva es un deber de cualquier universitario que se precie de serlo. La libertad no es sólo una aspiración ni una mera quimera sino algo que tendría que formar parte del espíritu de los centros en donde hoy se forja a quienes conducirán los timones del mañana. Como predicó con el ejemplo Juárez, la libertad se entiende y se concibe desde el comportamiento propio, pues a nada práctico conduce en la realidad una libertad meramente discursiva. La libertad es praxiológica por excelencia.

Las enseñanzas del Benemérito de las Américas no mienten. Sus ideales siguen repletos de lucidez en pleno siglo XXI, pues orientan buena parte del sendero que debemos seguir, lo cual por supuesto es aplicable a la comunidad académica de la UJED: “Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Aunado a la que probablemente sea la frase más célebre de Juárez, el párrafo en cita es todo un aprendizaje sobre el manto protector de la paz que irradia a la esfera de todas y todos los ciudadanos. Dicho en otras palabras, la paz trae consigo insumos absolutamente positivos para la sociedad en su conjunto. La paz y la no violencia, en tal contexto, representan una condición de posibilidad de la Universidad, por lo que es preciso rechazar cualquier actitud de hostilidad que quebrante la normatividad y actuar en consecuencia sin ambages.

Continúa ilustrando el oriundo de San Pablo Guelatao, Oaxaca: “Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las comunidades de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo”. Este parágrafo -pequeño en sus frases pero profundo en sus horizontes- es toda una lección sobre el Estado de Derecho. El imperio de la ley, por otro lado, no se negocia, por lo que es insoslayable cuando se hable de la Universidad del futuro pero también del presente.

Acudir a la obra de Juárez, por todo lo dicho, es imperiosamente necesario en los tiempos que corren, no sólo para los miembros de la Universidad Juárez sino para cualquier ciudadano. Un homenaje permanente que le podemos hacer a este zapoteco universal es hacer valer los derechos sociales, los derechos de las minorías y las libertades públicas por las que tanto luchó en vida. Su inmenso legado cubre nuestra era de la misma forma en que él modeló el incipiente Estado decimonónico. Hagámoslo valer.

* El autor es encargado del Despacho de la Rectoría de la UJED. Su opinión es estrictamente personal y no representa necesariamente la postura institucional de la Universidad.


Tomar en serio los postulados juaristas es una necesidad insoslayable en la edificación del proyecto de Universidad que debe reflejarse, con todas sus letras, en el corto, mediano y largo plazo.

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.- Benito Juárez

En esta nueva entrega de “Universidad y ciudadanía” hablaremos sobre el juarismo como una ideología y una filosofía que debe prevalecer en todo momento al interior de la máxima casa de estudios en nuestra entidad federativa: la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED).

Por supuesto que unas cuantas líneas no bastan para abundar sobre ello como es debido, pero al menos se pondrán sobre la mesa algunas pinceladas de lo que implica llevar el apellido de Juárez como buque insignia de la identidad institucional en un centro de estudios superiores tan grande en todos los sentidos como es la UJED. Llamarnos Universidad Juárez, sin duda alguna, acarrea enormes responsabilidades para rendirle tributo permanente a Benito Pablo Juárez García.

Tomar en serio los postulados juaristas es una necesidad insoslayable en la edificación del proyecto de Universidad que debe reflejarse, con todas sus letras, en el corto, mediano y largo plazo. Se trata de un puente histórico entre el siglo XIX que le tocó vivir a Juárez -y del cual fue por supuesto un protagonista privilegiado y de primer orden- y nuestra contemporaneidad en cuanto tal.

Benito Juárez es una figura crucial no sólo de la historia de México sino del proyecto de país que se ha construido desde lo ideológico, lo social y lo cultural. Republicano y laico, Juárez reivindica ante todo el constructo de la libertad. La libertad, desde este punto de vista, es crucial para entender las perspectivas de cualquier Universidad. Sin libertad difícilmente puede hablarse de una Universidad en sus distintas aristas, ángulos y coordenadas tanto teóricas como prácticas.

Hacer nuestra la libertad y articularla como vía de acción efectiva es un deber de cualquier universitario que se precie de serlo. La libertad no es sólo una aspiración ni una mera quimera sino algo que tendría que formar parte del espíritu de los centros en donde hoy se forja a quienes conducirán los timones del mañana. Como predicó con el ejemplo Juárez, la libertad se entiende y se concibe desde el comportamiento propio, pues a nada práctico conduce en la realidad una libertad meramente discursiva. La libertad es praxiológica por excelencia.

Las enseñanzas del Benemérito de las Américas no mienten. Sus ideales siguen repletos de lucidez en pleno siglo XXI, pues orientan buena parte del sendero que debemos seguir, lo cual por supuesto es aplicable a la comunidad académica de la UJED: “Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Aunado a la que probablemente sea la frase más célebre de Juárez, el párrafo en cita es todo un aprendizaje sobre el manto protector de la paz que irradia a la esfera de todas y todos los ciudadanos. Dicho en otras palabras, la paz trae consigo insumos absolutamente positivos para la sociedad en su conjunto. La paz y la no violencia, en tal contexto, representan una condición de posibilidad de la Universidad, por lo que es preciso rechazar cualquier actitud de hostilidad que quebrante la normatividad y actuar en consecuencia sin ambages.

Continúa ilustrando el oriundo de San Pablo Guelatao, Oaxaca: “Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las comunidades de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo”. Este parágrafo -pequeño en sus frases pero profundo en sus horizontes- es toda una lección sobre el Estado de Derecho. El imperio de la ley, por otro lado, no se negocia, por lo que es insoslayable cuando se hable de la Universidad del futuro pero también del presente.

Acudir a la obra de Juárez, por todo lo dicho, es imperiosamente necesario en los tiempos que corren, no sólo para los miembros de la Universidad Juárez sino para cualquier ciudadano. Un homenaje permanente que le podemos hacer a este zapoteco universal es hacer valer los derechos sociales, los derechos de las minorías y las libertades públicas por las que tanto luchó en vida. Su inmenso legado cubre nuestra era de la misma forma en que él modeló el incipiente Estado decimonónico. Hagámoslo valer.

* El autor es encargado del Despacho de la Rectoría de la UJED. Su opinión es estrictamente personal y no representa necesariamente la postura institucional de la Universidad.


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