/ lunes 27 de abril de 2020

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En plena cuarentena, el pasado mes de marzo ha sido el más sangriento desde hace medio siglo, reportando 3 mil 78 homicidios dolosos. Más allá de las escalofriantes cifras, hay que decir que en México se está reconfigurando el esquema organizativo del narcotráfico.

Para contextualizar, dicho flagelo representa la primera economía a nivel internacional y a esa escala es su presencia.

Con esto último planteado, se entiende por qué es el sector por así ubicarlo, más evolutivo del mundo. En el siglo pasado, en los 70, el narcotráfico estaba representado por clanes familiares; en los 80 se forma el primer cartel conocido como el Pacífico liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, el cual cedió la estafeta al enigmático Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El señor de los cielos”, artífice para sentar las bases del Cártel de Juárez, mismo que después fue utilizado en cuanto a diseño organizativo por la mancuerna de Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Loera, mejor conocido como “El Chapo”, donde ambos formaron el Cártel de Sinaloa con dimensiones organizativas a escala mundial.

A tal organización, el gobierno de Estados Unidos la caracterizó como una estructura criminal internacional. Hoy por hoy y con el encarcelamiento de “El Chapo”, dicha organización ha sufrido desgastes, ya que grupos al interior no sólo disputan liderazgos, sino territorios, pero las estructuras de poder las sustentan el legendario “Mayo” Zambada y los vástagos del “Chapo”. En paralelo, está el cártel Jalisco Nueva Generación, el cual cuenta con una organización “sui géneris” al amalgamar la organización de los “Cuinis” representada por los hermanos Valencia, los cuales se distinguen por su capacidad en ingeniería financiera; su blanqueo de dinero ya tiene presencia en todos los continentes del planeta.

Tal sofisticada organización cuenta con el brazo armado del Cártel de Guadalajara, liderado por Nemesio Oseguera y ahora se da el resurgimiento del Cártel del Golfo, el cual no sólo se está fortaleciendo, sino ampliando su ámbito de influencia.

Estas tres estructuras criminales citadas están fortaleciéndose en un contexto que ninguno de los grandes capos antes citados se lo imaginaron. Primero, el actual gobierno federal desmanteló al inicio de su gestión todas las dependencias de inteligencia: el CISEN que si bien es cierto contaba con deficiencias, sí era necesario para una estrategia de combate al narco, al igual se archivó todo el esquema del mando único policial lo cual propicia que los gobiernos locales “naden de muertito” salvo aquellos que tengan una coordinación institucional con la Federación y esto con el “experimento” de la Guardia Nacional. Y digo experimento, porque según los especialistas, pretender mezclar y coordinar a la Sedena, a la Semar y Policía Federal, representa una unión antinatura.

Ahora, pasando a cuestiones coyunturales, donde se está viviendo algo inédito tanto por el virus Covid-19 y de la mano lo económico, la combinación perfecta que le está dando al narcotráfico el escenario ideal para fortalecer su base social y lograr mano de obra barata. Otro factor es el nuevo tipo de drogas, destacando el fentanilo, químico mucho más potente y letal que el cristal. Dicha droga prácticamente está desplazando a todas y es la que propicia mucho más margen de utilidad. Todos los factores planteados están incidiendo para que el narcotráfico esté en otra fase de evolución, la cual es mucho más peligrosa y tendenciosa, a razón que ahora el procesamiento de las drogas son hasta en laboratorios caseros y las bolsas de trabajo se van a volver horizontales y masificadas, esquema muy difícil de detectar, mucho menos de controlar.

Después del Covid-19 lo que sigue es el empoderamiento del narcotráfico, el cual será imparable y mucho menos controlable ni con la “pax narca”, la cual en sí representa el sometimiento del Estado ante tal flagelo. De seguir tal inercia, el país se convertirá en un “narco Estado” y ante ello, no se avizora ni voluntad, ni capacidad, mucho menos valor por parte de la actual administración federal.

En plena cuarentena, el pasado mes de marzo ha sido el más sangriento desde hace medio siglo, reportando 3 mil 78 homicidios dolosos. Más allá de las escalofriantes cifras, hay que decir que en México se está reconfigurando el esquema organizativo del narcotráfico.

Para contextualizar, dicho flagelo representa la primera economía a nivel internacional y a esa escala es su presencia.

Con esto último planteado, se entiende por qué es el sector por así ubicarlo, más evolutivo del mundo. En el siglo pasado, en los 70, el narcotráfico estaba representado por clanes familiares; en los 80 se forma el primer cartel conocido como el Pacífico liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, el cual cedió la estafeta al enigmático Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El señor de los cielos”, artífice para sentar las bases del Cártel de Juárez, mismo que después fue utilizado en cuanto a diseño organizativo por la mancuerna de Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Loera, mejor conocido como “El Chapo”, donde ambos formaron el Cártel de Sinaloa con dimensiones organizativas a escala mundial.

A tal organización, el gobierno de Estados Unidos la caracterizó como una estructura criminal internacional. Hoy por hoy y con el encarcelamiento de “El Chapo”, dicha organización ha sufrido desgastes, ya que grupos al interior no sólo disputan liderazgos, sino territorios, pero las estructuras de poder las sustentan el legendario “Mayo” Zambada y los vástagos del “Chapo”. En paralelo, está el cártel Jalisco Nueva Generación, el cual cuenta con una organización “sui géneris” al amalgamar la organización de los “Cuinis” representada por los hermanos Valencia, los cuales se distinguen por su capacidad en ingeniería financiera; su blanqueo de dinero ya tiene presencia en todos los continentes del planeta.

Tal sofisticada organización cuenta con el brazo armado del Cártel de Guadalajara, liderado por Nemesio Oseguera y ahora se da el resurgimiento del Cártel del Golfo, el cual no sólo se está fortaleciendo, sino ampliando su ámbito de influencia.

Estas tres estructuras criminales citadas están fortaleciéndose en un contexto que ninguno de los grandes capos antes citados se lo imaginaron. Primero, el actual gobierno federal desmanteló al inicio de su gestión todas las dependencias de inteligencia: el CISEN que si bien es cierto contaba con deficiencias, sí era necesario para una estrategia de combate al narco, al igual se archivó todo el esquema del mando único policial lo cual propicia que los gobiernos locales “naden de muertito” salvo aquellos que tengan una coordinación institucional con la Federación y esto con el “experimento” de la Guardia Nacional. Y digo experimento, porque según los especialistas, pretender mezclar y coordinar a la Sedena, a la Semar y Policía Federal, representa una unión antinatura.

Ahora, pasando a cuestiones coyunturales, donde se está viviendo algo inédito tanto por el virus Covid-19 y de la mano lo económico, la combinación perfecta que le está dando al narcotráfico el escenario ideal para fortalecer su base social y lograr mano de obra barata. Otro factor es el nuevo tipo de drogas, destacando el fentanilo, químico mucho más potente y letal que el cristal. Dicha droga prácticamente está desplazando a todas y es la que propicia mucho más margen de utilidad. Todos los factores planteados están incidiendo para que el narcotráfico esté en otra fase de evolución, la cual es mucho más peligrosa y tendenciosa, a razón que ahora el procesamiento de las drogas son hasta en laboratorios caseros y las bolsas de trabajo se van a volver horizontales y masificadas, esquema muy difícil de detectar, mucho menos de controlar.

Después del Covid-19 lo que sigue es el empoderamiento del narcotráfico, el cual será imparable y mucho menos controlable ni con la “pax narca”, la cual en sí representa el sometimiento del Estado ante tal flagelo. De seguir tal inercia, el país se convertirá en un “narco Estado” y ante ello, no se avizora ni voluntad, ni capacidad, mucho menos valor por parte de la actual administración federal.

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