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A AMLO no le tenemos miedo le tenemos pavor a sus adversarios

  • Jesús Mier Flores

Pero hoy, los grandes monopolios de la conversación han sido arrebatados por el gran impacto de las redes sociales, lo que no implica que no puedan ser manipuladas.

El miedo que intentan provocar, el gobierno de Peña Nieto y los empresarios con el ¡Uy! de Andrés Manuel López Obrador, no ha surtido el más mínimo efecto en el estado de ánimo de sus seguidores, ya que esos miedos que perversamente han inventado en la tenebrosidad de su maldad, han sido superados por la caída de sus mentiras reventadas por su propio peso.

Sin embargo, atrincherados en el dinero y el poder, no escatiman en urdir la más bajas felonías para descarrilar la candidatura del histórico líder que, por su tenacidad, autenticidad y valentía, se ha ganado por tercera ocasión la confianza del electorado; pero esta vez con un potencial superior que sus adversarios no esperaban y que ha puesto de cabeza a aquellos que han hecho de la corrupción un modo de vida y del abuso un ejemplo a defender y que sin ningún recato, exhibieron con el bronco las trampas que serán capaces de usar, si el tramposo premiado con la candidatura presidencial no endereza las cosas a favor de Meade.

De allí que le sigan apostando a todo lo que a su interés conviene, para lo que no se miden en poner en práctica las peores fechorías que no dan miedo, sino pavor. Como el hecho de aferrarse a la continuidad donde los poderes fácticos gobiernan; donde el desequilibrio social ha rebasado los límites, donde la pobreza extrema hace gala de su crecimiento, hacia donde apuntan las pensiones de quienes las poseen, mientras aumentan las de los expresidentes, que en este proceso de campaña se encuentran sujetas a un tirón de fuerzas, donde ya sabes quién promete quitarlas; pero también sabes quiénes se resisten a que eso no suceda.

Claro que eso les mete ruido a los privilegiados, pero a nosotros nos causa terror que los expresidentes sigan percibiendo cantidades estratosféricas, así como sus viudas hagan lo mismo.

Nos causa pavor que Romero Deschamps, sigan mangoneando en PEMEX y enriqueciéndose desproporcionadamente en nombre de la defensa de los trabajadores, a quienes explotan y estafan, mientras su hijo se exhibe en el extranjero en automóviles chapeados en oro y su hija aborda aviones, sólo para relajar a sus mascotas.

Nos da pavor que mientan y dramaticen con el protagonismo de padres menesterosos, que afligidos y llorosos porque el “Peje”, así lo mencionan, va a echar atrás la reforma educativa, justo ahora que sus hijos van muy bien. Cosa que es totalmente falsa, porque la reforma en su operatividad es un vil fracaso, manifestado ahora por Anaya, que fue uno de los principales impulsores de dicho instrumento para ofender y desacreditar a los docentes.

Nos da pavor que capitalicen a cada momento la pregunta: ¿de qué vive Andrés Manuel? Mientras le dan manga ancha al silencio sobre el FOBAPROA, los gasolinazos, las pensiones multimillonarias, estafas maestras, casas blancas, triangulaciones millonarias del erario para campañas del PRI, robos a granel cometidos por gobernadores y exgobernadores de todos los partidos, cuya acción de la ley en su contra, ha sido muy piadosa en todos los casos.

Nos da pavor que aparezcan como buenos aquellos que han vendido el país; aquellos que lo han endeudado; aquellos que lo han ensangrentado; aquellos que lo han reprimido; aquellos que lo han saqueado; aquellos que se han burlado de la democracia; aquellos que han orquestado los fraudes más escandalosos y que se escudaron en el haiga sido como haiga sido. Pero saben qué, más pavor me da que haya cínicos que los defiendan, sin duda porque se acogen al valor de robar, porque los de arriba lo hacen. O sea, “roban, pero dejan robar”.

Desde luego que dichos botones de muestra, son sólo la punta del iceberg, y que no les queda de otra más que aferrarse al cieno de sus vilezas, porque ellos obedecen a una lógica que no toma en cuenta la incongruencia entre lo que está ocurriendo -hartazgo por corrupción- y un discurso matizado de intrigas que pretende a toda costa que el cambio no se dé.

Nos genera pavor que los partidos que postulan la candidatura de Meade han dado el banderazo de salida a la guerra de lodo. La duda es quién los seguirá.

En esta muy forzada segunda edición del terror, ¿querrán los empresarios en esta jugada desempeñar algún papel? Sin duda.

Sector pragmático, donde los gandallas del dinero no se dejan sorprender. Y si Pepe Toño no levanta, pues alguien habría sostenido que lo urgente es provocar la caída de Morena al precio que sea; así sea el costo que implica el incorporar al palurdo “Bronco” a esta guerra sucia, con su peculiar parecido con Pancho Pantera, el cual quedó a tono, con la pantomima tan absurda en que lo montaron y que dicho sea de paso, su vulgaridad poco aportará a los que trinan de felicidad, por venirlos a salvar del peligro que los amenaza nada más de intentar regular sus excesos, en los que sin duda figuran los del cuaco.

En los comicios del 2006 los amos del poder y del dinero, patrocinaron la infamia de que AMLO era un “peligro para México” y establecido en su contra todo el monopolio de los medios de comunicación, la estrategia les funcionó a medias, porque todavía tuvieron que acudir a las malas artes del fraude para ganar con medio punto.

Pero hoy, los grandes monopolios de la conversación han sido arrebatados por el gran impacto de las redes sociales, lo que no implica que no puedan ser manipuladas. Lo que tampoco implica que los poderes fácticos estén cruzados de brazos y no intentar intrigar y descalificar a Andrés Manuel, con el señuelo de defender las reformas, la estabilidad del país y su economía, así como las grandes transas del aeropuerto.

Así que, ¡agárrense! los parásitos han vuelto a las andadas, donde los miedos a AMLO no los dejan dormir; sin darse cuenta que el pavor es a ellos y sus grandes fraudes, privilegios e indolencias. Ahora sí comenzaron las marrullerías, con un pésimo mensaje de las instituciones electorales, donde el “Bronco” se ha convertido en la joya de la corona.