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Armonía masónica en Durango… al olvido las discrepancias religiosas

  • José de la O Holguín

Han quedado atrás los enconos que protagonizaron en su momento las autoridades civiles, la Iglesia y la Fraternidad masónica.

 

Una vez emitida la convocatoria en la Fraternidad Masónica en esta Entidad Federativa para la renovación de las autoridades masónicas de la Gran Logia de Durango; el domingo 3 de junio de 2018, se efectuaron las elecciones, quedando investido como líder de la Gran Logia de Estado “Guadalupe Victoria” para el Ciclo Masónico 2018-2021, Ayax Cassián Valtierra.

Fue acompañado de las siguientes personalidades: Alberto Leyva López, Jesús Joaquín Montaño Sánchez, Carlos Miguel Magallanes Jiménez; Fabián Reyes Soto, Ángel Ismael Mejorado Oláguez, Antonio Maldonado Favela y José Luis Zapata Solano.

La elección se llevó a cabo en Ceremonia Especial de Elecciones, verificada en la fecha arriba citada; dando constancia y fe de ellos, el Colegio Electoral constituido por los Maestros Masones de la jurisdicción, conforme a la convocatoria emitida al pueblo masónico de Durango, por parte de la Gran Maestría presidida por Ignacio Salvador Segreste Calderón, dando como resultado un candidato de unidad, acontecimiento que ha fortalecido a la Fraternidad Masónica de Durango.

En ese contexto, es necesario subrayar que las elecciones transcurrieron en completa armonía y tranquilidad.

Como parte de la historia han quedado atrás los enconos que protagonizaron en su momento las autoridades civiles, la Iglesia y la Fraternidad masónica. En ese tenor, el día de hoy recordaremos una situación problemática suscitada a raíz de la expulsión de los jesuitas de Durango por parte del gobierno Constitucionalista de Pastor Rouaix, político que simpatizó con la causa masónica de Durango; este acontecimiento cimbró las esferas del poder fáctico en la capital durangueña, durante la etapa de la Revolución Mexicana de 1910.

En pleno movimiento armado, justo al concluir el mes de noviembre de 1913, el gobernador del estado de Durango Pastor Rouaix intentó reanudar las actividades inherentes a su encargo y hacer valer su autoridad. Durante ese tiempo, el papel de la iglesia fue desestabilizar a la sociedad durangueña a través de mensajes emitidos por parte de sus personeros, donde sobresalían algunos integrantes de la clase privilegiada citadina, éstos perseveraban en su afán por desacreditar a los masones que representaban una alianza institucional al nuevo gobierno liberal de Pastor Rouaix.

Por medio de un folleto titulado “Los dos compadres” distribuido en la calles de Durango, por gente identificada con la Iglesia católica, se difundieron algunos conceptos e improperios dirigidos a los masones de Durango, en particular a la naciente logia “Francisco Zarco”. Por su parte, los masones formularon su réplica que fue difundida en el periódico ¡Patria Libre!

En su editorial el referido rotativo expresó que la masonería era una sociedad y no una secta o religión, como había pretextado la iglesia, que los masones buscaban la confraternidad universal y la ilustración de las masas populares para que aprendieran a conocer sus deberes como hombres y como ciudadanos y no se dejaban sugestionar por el clero.

El gobierno de Rouaix observó que el alto clero durangueño auspiciaba la animadversión al gobierno revolucionario toda vez que direccionaba algunos movimientos en contra de la causa liberal, por lo que Rouaix ordenó severas medidas tendientes a regularizar las acciones beligerantes de los clérigos jesuitas que a vista de todos aplaudían el quehacer del gobierno huertista.

Lo anterior era motivado por el arzobispo de Durango Francisco de Mendoza y Herrera quien a pesar de no encontrarse temporalmente en la ciudad, alentaba a los sacerdotes jesuitas a explotar los sentimientos religiosos, provocando abiertamente al gobierno revolucionario de Durango encabezado por Rouaix; de tal suerte que el gobernador resolvió expulsar a los jesuitas de manera definitiva del estado como ejemplo de un gobierno emanado de la Revolución Mexicana, por lo que el 3 de febrero de 1914 libró una orden con el término perentorio de 24 horas para que desalojaran definitivamente la entidad. La situación en la capital estuvo a punto de desbordarse por la intervención de algunos feligreses que apoyaron a los jesuitas; sin embargo, Pastor Rouaix fue implacable y firme en su decisión.

El 29 de julio de 1914 el gobernador Rouaix decretó que los bienes y raíces y los capitales impuestos que pertenecían al clero católico de Durango pasarían a manos del estado mientras se restablecía la República. Estos intereses se encontraban representados por el Arzobispo Francisco de Mendoza y Herrera por lo que el gobierno consideró que el clero había utilizado los bienes para combatir los ideales de la Revolución. Para la legislación durangueña resultaba histórica, toda vez que 55 años atrás el propio Benito Juárez en su calidad de presidente constitucional de la República Mexicana había decretado la nacionalización de los bienes eclesiásticos; disposición legal que no obstante su constitucionalidad el clero retomó su poderío de antaño; este golpe asestado a los bienes del clero representó un severo revés a la clerecía durangueña que no daba crédito de lo que acontecía en la entidad. En ese contexto la ciudadanía se encontraba atemorizada de las eventuales represalias de la iglesia por lo que eran pocos los que atendían con diligencia las cuestiones que contrariaban al clero católico.