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Columna Liberal

  • Sergio V.M. Sánchez

Feroz batalla previa a la capitulación de Querétaro.

-Segunda Parte-

En colaboración anterior dábamos a conocer lo que el general Aureliano Rivera apuntó en un manuscrito personal, (por fortuna en nuestro poder), como “Reseña Histórica” de lo que fue una batalla por demás feroz entre el Ejército Liberal y el Ejército Conservador. Dicho combate se dio previo a la caída de Querétaro en aquel famoso sitio donde quedaron sepultadas las aspiraciones de un imperio concebido por los reaccionarios y el clero católico.

Mencionábamos que en aquel 27 de abril de 1867, combatieron denodadamente ambas fuerzas, las de los conservadores al mando del general Miramón, en las cuales tomó parte activa el mismo emperador Maximiliano. Y por otro lado, las republicanas al mando del general Mariano Escobedo y que en feroz combate, quedó de manifiesto una vez más la voluntad del pueblo de México de ser un país independiente, aún a costa de la vida de tantos mexicanos que quedaron tendidos en el campo de batalla.

En ese encuentro, luego de abatir Miramón a las columnas de los generales Régules y Ramón Corona, así como las columnas de Jalisco y Sinaloa y a quienes el Gral. Méndez había quitado los trenes así como las piezas de batalla, fusiles, parque y muchos carros con víveres y ganado, así como las cajas de los haberes de la tropa, dejando los conservadores todos aquellos despojos al Regimiento de la Emperatriz y a la Legión Extranjera, custodiando también a muchos prisioneros.

En aquel momento todo el pie de la planicie del Cerro del Cimatario estaba ocupada por las fuerzas enemigas.

Ya que los voluntarios de Querétaro iban arrastrando las piezas de montaña y que quitó Miramón en las primeras paralelas; entonces el Gral. Rivera, (republicano), dejó sus infanterías custodiando y defendiendo sus trincheras y corrió a ponerse a la cabeza de su caballería.

Dicho cuerpo estaba a poca distancia de su retaguardia y al llegar dijo a sus soldados: Compañeros de armas, habéis visto el desastre que han sufrido las dos Divisiones que estaban en nuestra izquierda sobre el campo del Cimatario.

Y lo peor es que ya se llevan a los prisioneros y a los trenes que han avanzado al enemigo; pero fío en vuestro valor y patriotismo que siempre han tenido en los repetidísimos combates en el interior de la república contra el Ejército Francés y que siendo éste mucho más disciplinado que el que los que hoy nos combaten: Compatriotas, si tenéis valor para ser libres seguidme, que voy a morir al frente de ustedes.

Si alguno hay que no tenga el valor que se necesita en este momento que dé diez pasos a la retaguardia para que no sirvan de estorbo a los que quieran morir conmigo. Todos a una voz dijeron “Donde muera nuestro jefe, debemos quedar junto con él”. Soldados de México: Viva la Independencia Nacional y mano al sable. Vamos sobre el enemigo para darle una prueba de que todavía hay hombres en nuestro campo.

Y se tocó a degüello, habiendo sido resistidos por el Regimiento de la Emperatriz y la Legión Extranjera, pero al cuarto de hora de combate fueron destruidos en su mayor parte, dejando en nuestro poder todos los trofeos de guerra que habían quitado dos horas antes. Y los pocos que pudieron salvar, entraron en dispersión, huyendo hasta sus trincheras y ni el dinero que contenían algunas cajas, se pudieron llevar.

Y habiendo mandado un capitán a avisar a Miramón que una fuerza enemiga había cargado, reconquistando todos los trofeos de guerra que estaban ya en su poder; el Gral. Miramón al recibir aquel parte, le dijo al emperador: Que en aquel momento le avisaban que el enemigo había vuelto a quitar todos los trofeos de guerra que él había avanzado en la mañana y que si le permitía volver a dar la carga, a lo que le contestó: que hiciera todo lo que creyera conveniente.

Hasta aquí este relato que personalmente hiciera en su manuscrito el general Aureliano Rivera, presente en aquel campo de batalla como un soldado más de los que lucharon tan valientemente por la restauración de la república.

Afortunadamente hoy se empieza a sentir ya el despertar del pueblo de México, quien se empieza a manifestar en contra de los abusos y atropellos del gobierno y sus fuerzas policiacas y armadas en contra de las mayorías, quienes favorecen así a las minorías opulentas y a los capitales extranjeros.

Es decir, los gritos de basta, democracia ya, justicia para todos, libertad y garantías para la libre expresión, equidad de géneros, equidad en el reparto de recursos, etc. se empiezan a escuchar en todo el país al igual que en 1810, 1857 y 1910.

Si quienes encabezan el gobierno no recapacitan y modifican su proceder y además hacen caso omiso de las señales, serán ellos pues y sólo ellos, los culpables de volverse a repetir las tristes, amargas y costosas páginas de nuestra historia.