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Con positiva actitud mental mejoraremos nuestra condición humana

  • José Damián Rivas Ríos

 

De nada sirve tener mucha preparación, conocimientos, si es una persona ociosa. La verdadera capacidad cultural es fruto de mucho esfuerzo y, la felicidad se halla en el servicio oportuno, suficiente y prudente a los demás. Sin embargo, de toda la intelectualidad que pueda tener un ser humano, lo más importante es que se conozca a sí mismo; pues puede ser muy artero en saber de otros, pero todo un iluminado será si se identifica a sí mismo.

Cuando nos obstinamos tenazmente en lograr lo incansable y en hacer posible lo imposible, logramos un irresistible poder. Por eso no conviene que nos dejemos llevar por el desgano y la apatía. Sentimos que la vida se vuelve muy interesante cuando insistimos en lograr las metas que nos hemos propuesto.

Desanimarnos implica retroceder en nuestras justas aspiraciones a ser mejores cada día. La apatía disminuye las fuerzas y, la falta de entusiasmo en el trabajo cotidiano es causa de tedio y fracaso. El poco esfuerzo debilita la voluntad y, la falta de ánimo nos acerca más a la muerte que a la vida.

Toda persona, con una actitud mental positiva, hace que su imaginación esté atenta a innovar, creándole los caminos que debe seguir. Y con trabajo tesonero, gran osadía y premeditación, conseguirá asegurar un futuro promisorio. Cuando se tiene la voluntad de servir y de ayudar a nuestros semejantes, Dios colma de bendiciones a dichas almas generosas, quienes a la vez disfrutan haciendo el bien.

Cada día el abismo que separa a ricos de los pobres se ensancha más y profundamente. Los ricos se justifican culpando a los pobres de falta de iniciativa y de colmarse de pereza. Los pobres hacen también lo mismo alegando que los ricos tienen poca comprensión y mucha avaricia. Lo cierto es que la violencia y el hambre que generan conflicto, terminarán segando la vida de ricos y pobres.

Muchos de tanto buscar ser importantes se vuelven petulantes; no hallan la forma de llamar la atención y, el hecho de que no se fijen en ellos los encoleriza. Otros, contrario a los anteriores, se muestran tan indecisos e irresolutos que pasan por tímidos y su timidez termina siendo un lastre que los condena a permanecer anclados en el mar de los deseos.

Se dicen a sí mismos desgraciados porque su falta de carácter no les permite colmar sus aspiraciones. La petulancia y la timidez son a menudo dos de los defectos que nos impone el duro yugo del fracaso. Pero es más fácil que un tímido salga de su encerramiento que un petulante decida abandonar la vanidad.

Tenemos la sensación de ser felices cuando cumplimos años y, la mayoría, procura hacer de esta fecha un día inolvidable. Flores, vino y comidas especiales enmarcan las horas de la celebración. En medio de la algazara nos olvidamos de que atrás quedaron días infortunados y otros que apenas endulzaron nuestra existencia pero dieron vigor a nuestra experiencia.

Quien ama la vida se llena de gozo y agradece al cielo por el camino recorrido y renueva la promesa de ser mejor cada día. No se puede pensar lo mismo de jóvenes que de viejos. Cada cumpleaños que sea una pausa en la jornada con el fin de reparar las fuerzas, mirar hacia atrás y corregir el rumbo, con el fin de no extraviarnos y superar condiciones que pudieran hacernos delinquir.

Cuantos y cuantos seleccionamos las amistades tomando en cuenta la posición social y los intereses económicos. Pero lo más nefasto para nuestras vidas es que cuantos y cuantos también nos dan el título de amigos a cambio de favores. Y todo es una cordialidad y una camaradería sin límites. Pero cuando ya hemos perdido todo (profesión, salud, dinero, libertad) no tenemos más compañía que la pena amarga y el dolor del desengaño. Es una experiencia dolorosa. Con justa razón Confucio señalaba que hay tres amigos útiles: el verídico, el leal y el virtuoso; pero igualmente tres amigos inútiles: el hipócrita, el adulador y el malvado.

Nadie puede negar que la memoria de la humanidad sea la escritura. Un pueblo sin lectores es un pueblo sin progreso. De palabras escritas están formados los libros, quienes requieren de fieles intérpretes que les den nueva vida. Nada gana el pájaro con tener alas si no hace el esfuerzo de volar. De nada le sirve a una ciudad tener bibliotecas si no hay lectores. Así como la memoria nos impide que repitamos el error, los libros nos advierten que no es posible asegurar un futuro promisorio sin conocer el pasado. El ser humano, en su afán de la inmortalidad, halló en el libro la perpetuidad de sus ideas, lo perdurable de su pensamiento.

La abstención en el ejercicio electoral es un cáncer de la democracia y, desde ningún punto de vista se puede justificar. El abstencionista cree que con su actitud está expresando la apatía que le causa el desgaste de la maquinarias políticas y que su protesta enfadará a los dirigentes del partido. Si este fuera el fin a perseguir, mayor validez tiene, en tal caso, dejar el voto en blanco como indicador de la inconformidad que se tiene por la manera como se lleva a cabo tal movimiento. Pero no dejar de dar su voto aunque sea depositando la boleta en blanco como señal de inconformidad por la manera ilícita de proceder.

Un verdadero ciudadano tiene además del celo patriótico, el vehemente deseo de que las cosas se hagan con probidad para engrandecer nuestra patria mediante una cabal democracia participativa. No se puede decir que el ser humano es un ser social si no tiene interés en mejorar el destino de su comunidad y participar en su mayor progreso.