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El 66 duranguense, de la ilusión a la movilización popular y el engaño:

  • José René Rivas Ontiveros

 

Bosques mexicanos

 

(Séptima parte de 24)

 

Durante la década de los sesenta, Durango era, y en gran medida lo sigue siendo, un estado rico en recursos naturales de diferente índole, aunque para ese tiempo eran fundamentalmente dos los recursos que, racionalmente bien explotados, podían haber coadyuvado a amortiguar en parte el “subdesarrollo dentro del subdesarrollo” del que habla el doctor Ornelas y en el que históricamente la entidad se encontraba sumergida.

Por un lado, estaban los recursos minerales, como era el caso de la mina de oro de Tayoltita, en poder de empresarios norteamericanos y, sobre todo, el Cerro de Mercado que en la década de los sesenta todavía era una de las minas de hierro más grandes del mundo.

Ésta había sido descubierta pocos años después de iniciada la conquista de México, esto es, en 1552, por un personaje español de nombre Ginés Vázquez de Mercado. De ahí el nombre de esta emblemática montaña ferrosa, la cual, a partir de 1563, sirvió de eje central para la fundación de la ciudad de Durango.

Además de los recursos minerales, en la década de los sesenta Durango contaba con una extensa área forestal cercana a los seis millones de hectáreas diseminadas en por lo menos 12 de los 38 municipios que entonces tenía la entidad y de las cuales aproximadamente un poco menos de la mitad se encontraba en la zona noroeste del estado. Pero independientemente de todo este caudal de recursos, para mediados de los años sesenta ninguna de estas dos riquezas le dejaba algún beneficio económico a la entidad en general.

Así, en el caso del Cerro de Mercado porque desde recién lograda la independencia de México, en los años veinte del siglo XIX, éste siempre había estado en manos de diferentes concesionarios nacionales y extranjeros. Fue justamente en este tenor cuando en 1920 el Cerro de Mercado fue adquirido por la poderosa e influyente Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A., la cual en 1934 pasó a ser filial de la Compañía del Cerro de Mercado, S.A., propiedad de la familia Prieto.

Por su parte, en lo referente al recurso de la madera hay que destacar que en el mes de octubre de 1949, arguyendo la legítima necesidad de preservar las diferentes áreas forestales del país, y en particular las del estado de Durango, el entonces Presidente de la República, Miguel Alemán Valdés, decretó la veda, esto es, la prohibición para la explotación de los bosques. Con esta resolución se afectó muy seriamente al ya de por sí incipiente proceso de industrialización en el estado de Durango. Aunque hay que matizar que más que a la entidad federativa en lo general, a quienes más se afectó con la veda fue a los diferentes grupos de interés que desde muchos años antes se venían dedicando a la explotación tanto legal como ilegal de los bosques de esa región. Pero a pesar las múltiples acciones de rechazo a la decisión presidencial llevadas a cabo por parte de los grupos de madereros afectados, a lo largo de 14 años los diferentes presidentes de la República mantuvieron la veda.

No fue sino hasta el 30 de diciembre de 1963 cuando el Presidente de la República Adolfo López Mateos suspendió la citada restricción luego de una serie de gestiones llevadas a cabo por el ingeniero Enrique Dupré Ceniceros, gobernador del estado de Durango y los grupos empresariales más activos e influyentes de la entidad dedicados a la industria de la madera, encabezado por Gilberto C. Rosas Simbeck, popularmente conocido en la entidad como El Chibeto Rosas.

Este célebre e influyente personaje, furibundamente anticomunista, paradójicamente era concuño del expresidente Lázaro Cárdenas del Río ya que estaba casado con una hermana de doña Amalia Solórzano de Cárdenas, esposa del general.

Durante algún tiempo, El Chibeto presionó y movilizó infructuosamente influencias de dentro y fuera del estado. Por tal cuestión, es probable que la determinación de suspender la veda por parte del presidente López Mateos, beneficiando sólo al grupo de Rosas Simbeck, se haya debido a la posible influencia política del general Cárdenas.

Aunque cabe aclarar que sólo se trató de una suspensión parcial que abarcó la zona noroeste del estado, con una superficie de aproximadamente de 2 millones 500 mil hectáreas, cuya concesión para su explotación fue otorgada a una Asociación Civil que apenas había sido creada con el nombre de Bosques Mexicanos, S.A. (BOMEX), la cual operaría con un financiamiento de tipo mixto, Así, el 50% sería proporcionado por el gobierno federal, mientras que la otra mitad, por capitales privados de carácter nacional e internacional. BOMEX era, pues, el más ambicioso complejo silvícola-industrial de que se tuviera noticia en todo el país.

En su constitución, la nueva empresa quedó formalmente representada por un Consejo de Administración integrado por una decena de personas, entre las cuales se encontraban funcionarios federales y empresarios madereros de Durango encabezados por el ingeniero Julián Rodríguez Adame (secretario de Agricultura y Ganadería en el gabinete de López Mateos), quien fungiría como presidente; Gilberto C. Rosas Simbeck (presidente de la Unión de Madereros de Durango) sería el secretario, y Enrique Dupré Ceniceros (gobernador del Estado de Durango), uno de los vocales. La participación del gobernador implicaba un evidente e importante espaldarazo para el proyecto y los intereses de Rosas Simbeck. (Continuará).

*Profesor e Investigador de Carrera en la UNAM. Email: elpozoleunam@hotmail.com