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El punto ‘mad’

  • José Miguel Castro Carrillo

 

Es una táctica muy antigua, pero no por ello deja de ser efectiva: “Divide y vencerás”, tanto así que a nivel nacional la están usando los diferentes Partidos en la víspera de las elecciones presidenciales del 2018, y a nivel internacional, la utiliza Donald Trump en la renegociación del TLC.

En esta situación, se presenta como principal característica el método de dejar de lado sistemáticamente, con respecto a las estrategias políticas, las cuestiones relativas a la moral y la religión, alegando que sólo interesa conservar el poder. De ahí la expresión “divide y vencerás” o “divide y conquistarás” que como táctica política o de guerra está considerada como la más acreditada clave para alcanzar el éxito, convirtiéndose en una herramienta que ha estado presente de alguna manera en los momentos más importantes de la historia.

Así, esta estrategia se refiere a una estrategia que rompe las estructuras de poder existentes y evita la vinculación de los grupos más pequeños, la cual podría ser utilizada en todos los ámbitos en los que para obtener un mejor resultado, es en primer lugar necesario o ventajoso, romper o dividir lo que se opone a la solución de un determinado problema inicial.

En el caso de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, Justin Trudeau, primer ministro canadiense, velando por sus intereses, después de cenar con Ivanka y visitar a Trump tiene ya un preacuerdo con éste de firmar sin México un tratado comercial que lo salve a él, lo que significa que nos podemos quedar solos.

A pesar de esta situación, los mexicanos abrigamos la esperanza de que en esta ocasión nuestros representantes fortalezcan lazos comerciales con otros países mientras negocian de tal manera que las opciones que les están quedando a las huestes trumpianas se acercan ya mucho a un juego de fichas.

México ha comenzado a ver otras zonas, como Australia y Nueva Zelanda, quienes pueden convertirse en mercados potenciales de maíz, si las condiciones en América del Norte no son las adecuadas.

Para eso hay que considerar que una de las zonas geográficas norteamericanas que más apoyó la candidatura de Trump y lo ayudó a elegirlo, fue precisamente la conocida como cinturón del maíz que incluye a los Estados de Iowa, Indiana Wisconsin y otros.

Si las ventas que realizan a México, y si se rompe el TLC a instancias de la actitud beligerante de Estados Unidos, a estos productores de maíz se les pueden desplomar sus ingresos y así como se esfumará su riqueza a la par se irá su gusto por Trump y lo que representa. El golpe a la bolsa supera por mucho al racismo y al ondeo de la bandera de la supremacía blanca.

Dudamos mucho que haya pasada inadvertida para los norteamericanos esta merma económica derivada de menores exportaciones hacia México y si acaso les queda una pizca de sensatez a los vecinos se percatarán que ni a ellos ni a nadie les beneficia un rompimiento del TLC.

No obstante, en función de sus intereses, no duden ni un segundo que continuarán de su parte los amargos con el fin de doblegarnos, y si, el que Canadá nos haya dejado solos fortalece su posición negociadora.

No afirmamos, ni remotamente, que en caso de un eventual rompimiento no nos afectará, sino al contrario, lo que pretendemos enfatizar más fuertemente para los norteamericanos como para nosotros.

A lo que ha llegado este juego en nuestra muy modesta opinión es a una posición que los mismos norteamericanos han bautizado como “DMA”: destrucción mutua.

Este fue el juego nuclear de la Guerra Fría y que los norteamericanos hicieron con Rusia y sus aliados y es hoy el punto al que está llegando la guerra comercial que Estados Unidos, bajo este presidente, le ha declarado a su principal socio comercial, México.

Pronto lo sabremos, en estos meses se lleva a cabo la renegociación del Tratado de Libre Comercio, pero más nunca dudemos que al final siempre se impone la razón.