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El sol en perspectiva

  • René Barbier G.

Intercampaña

Nuestra democracia, en efecto, flaquea. Da tumbos y retrocede en sus técnicas de aplicación a pesar de sus altísimos financiamientos. Los modos de nuestra operación democrática de ningún modo corresponden a los resultados obtenidos en su cultura.

Los datos sobresalientes de la contienda, hasta ahora, aluden preponderantemente a problemas de corrupción e impunidad cuando en estricto rigor, deberían hacer referencia a la solidaridad asociada y libre de las voluntades electorales.

Las autoridades del ramo confían en el hecho de que la expectativa ciudadana y el interés público, -según es el propósito declarado de la legislación relativa a la materia- cumplan con el indispensable requisito de toda actitud verdaderamente democrática, en el sentido de reflexionar con todo detenimiento y serenidad, en los méritos y las virtudes de los personajes que habrán de figurar como candidatos a los puestos de elección general que estarán en juego.

Aprovechando este periodo de intercampaña que habrá de finalizar en los últimos días del mes en curso, y en el cual, -por mandato expreso de la ley-, han quedado suspendidas para candidatos y partidos todas las actividades proselitistas en procuración del voto, en función de la próxima contienda formal.

Se trata con este diseño legal del período que media entre el momento de la precampaña que alude a la movilización, el pregón, el impulso y el compromiso de quiénes aspiran a ser los candidatos al principal puesto público de la elección en puerta para darse a conocer en el ámbito de la opinión interna relativa a la institución o grupo que los postula, y entre el momento en el que, una vez formulada y definida la postulación de las candidaturas a la totalidad de los puestos públicos en competencia abre el proceso de la campaña electoral frente a la potestad ciudadana en pleno…

De favorecer un espacio preliminar a la atención electoral, para comparar principios, valorar antecedentes, calificar ideas y confrontar programas entre los partidos e instituciones inscritas para participar en la contienda, así como para que el elector pueda formarse un concepto previo de las prendas y los atributos personales de los candidatos designados. Esto es lo que se afirma en la teoría.

En la práctica, la fase sumaria de la intercampaña, por desgracia deja de tener sentido. En primera, porque con las coaliciones y asociaciones electorales interpartidos, formalizadas y puestas en práctica durante el actual proceso, las instituciones políticas, sus programas, ideologías y principios, han perdido substancia y razón de ser, y en el interés del elector prevalece, sobre todo, la figura y la imagen personal del candidato; su decir y hacer,…con demérito total de la inteligencia institucional en la que se supone representada la voluntad ciudadana.

En segundo término, porque, acaso debido a lo anterior, el momento de calma, silencio y reflexión ciudadanas, previsto por la instancia intercampaña, ha resultado del todo inexistente y ha sido violentado abrupta y severamente, por las acusaciones públicas y señalamientos mutuos respecto de actos de impunidad y corrupción entre dos de los tres principales protagonistas de la competencia por la Presidencia de la República, sin faltar, desde luego, cuestionamientos públicos de diversa índole y en distintos medios de información, contra el tercero de los candidatos.

Nuestra democracia, en efecto, flaquea. Da tumbos y retrocede en sus técnicas de aplicación a pesar de sus altísimos financiamientos. Los modos de nuestra operación democrática de ningún modo corresponden a los resultados obtenidos en su cultura. Y de ahí que prive alrededor del próximo acontecimiento electoral un gran ánimo colectivo de incertidumbre, no sólo en lo que concierne a los resultados de la votación en sí, sino también en lo que se refiere al servicio que dicho acontecimiento podrá hacer a la causa de la consolidación moral y jurídica de nuestras instituciones en el ramo.

De cualquier modo, los datos sobresalientes de la contienda, hasta ahora, aluden preponderantemente a problemas de corrupción e impunidad cuando en estricto rigor, deberían hacer referencia a la solidaridad asociada y libre de las voluntades electorales promovida y estimulada por la autoridad moral y jurídica de las instituciones y de las personalidades en competencia, sobre todo en una hora política tan delicada como la presente, en la que se mantiene viva y actual la exigencia de una solemne y pacifica confrontación electoral.

Es de esperarse entonces, que este momento de intermedio en la febril actividad electoral, sea útil también para las esferas dirigentes de la misma, de modo tal que, en su debida oportunidad, éstas puedan ofrecer a los ciudadanos proyectos de país, viables y adecuados para la resolución de los graves y urgentes problemas nacionales.

Tal es el compromiso sustantivo de la democracia: atender a los intereses legítimos de la sociedad, por encima de privilegios, corrupciones e impunidades.

¿Tarea difícil? Razón de más para emprenderla cuanto antes.