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El sol en perspectiva

  • René Barbier G.

Desenlace incierto

Las encuestas, son estudios y cálculos de probabilidades electorales, no son profecías, ni decretos irrevocables, y en la escena política, existen muchos factores externos a las opiniones previas de los ciudadanos.

 

A despecho del explicable y lógico optimismo con el que los observadores políticos y simpatizantes de las corrientes denominadas de la izquierda mexicana, -en vista de los resultados que hasta ahora revelan las encuestas electorales practicadas al respecto en las que se anota una clara y evidente preferencia de los presuntos votantes en favor de la coalición encabezada por AMLO-.

Contemplan la posibilidad de una abrumadora victoria en su favor, el próximo día primero de julio,… no son pocos entre los observadores y comentaristas de este tipo de temas quienes opinan, -creemos que con toda razón-, que la elección presidencial en puerta, dista mucho de estar definitivamente resuelta.

Nos hemos permitido apuntar en ocasiones anteriores, aquí mismo en éste generoso espacio que inmerecidamente nos concede nuestro cálido y entrañable “Sol”, que, en este grave y delicado momento político que vivimos actualmente en nuestro país, aún quedan por operarse y resolverse diversos factores, de hecho y de derecho, que han influido en el pasado e influirán en el presente, sin duda, poderosamente, en la determinación final del proceso electoral en curso.

Hemos mencionado, como tales factores, entre otros; los designios y los interese de los poderes fácticos; sobre todo, los de carácter económico, -nacionales y extranjeros-; Las impredecibles tendencias de los llamados votos “útiles” o “transferibles”, que se representan en la conveniencia momentánea de grupos de electores que aunque no simpaticen con algún candidato, votan en su favor más que ninguna otra cosa, porque con ello pretenden impedir, el triunfo de algún personaje o  de alguna institución o grupo político que consideran inconveniente o contrario a sus intereses.

Falta observar también, la respuesta del poder constituido, el que, a pesar de los pesares, cuenta con todo el arsenal de recursos físicos, jurídicos y políticos que se reúnen en las facultades del gobierno y de la autoridad en funciones, para intervenir, regular y administrar el acontecimiento electivo y los incidentes políticos consecuentes.

Es cierto que, en conformidad con los sondeos de opinión que se han venido realizando en diversos momentos del proceso político en curso, las preferencias electorales registradas en las estadísticas correspondientes, a lo largo de todo el trayecto, no han registrado cambios de dirección o destino, al contrario, podría decirse, en estricto rigor, que antes bien, dichas tendencias se han afirmado y aún se han incrementado en función de quién, desde el principio, ha sido el líder de opinión en éste sentido.

Pero las encuestas, son estudios y cálculos de probabilidades electorales, no son profecías, ni decretos irrevocables, y en la escena política, existen muchos factores externos a las opiniones previas de los ciudadanos que hacen impredecibles las reacciones humanas ante el conjunto de las formas materiales y últimas de una realidad que exige y que demanda, en posterior instancia, la adopción de una decisión política de  carácter definitivo y formal.

Impredecible, como todo acontecer humano, el comportamiento político del hombre ante situaciones nuevas y decisivas y en las que de una u otra forma se compromete y se juega su modo habitual de vida. En la disyuntiva actual: más de lo mismo o necesidad de cambiar, nadie podría apostar en favor o en contra de una tendencia conservadora o de una tendencia progresista, en el ánimo electoral positivo y real de los ciudadanos.

Es cierto que ante la ineficacia y la falta de expectativas para el interés popular que, hasta ahora ofrece el sistema político y social en uso, la necesidad del cambio es una demanda general y urgente, pero también es cierto que tales cambios no necesariamente se asocian en la mentalidad colectiva a las formas, los usos y los métodos que propone la generalmente llamada “izquierda mexicana”.

Lo que en todo caso resulta válido hacer aquí, -independientemente de cuál sea el resultado de las próximas elecciones generales-, es la reflexión de que todos los progresos técnicos, intelectuales, morales y políticos de los diferentes grupos humanos que han formado y que forman actualmente nuestra gran comunidad nacional, -al igual que como sucederá sin duda en el futuro-, se han trabajado, -como se trabaja toda obra de la cultura-, por suma y por agregación.

Y como tales, dichos progresos han llegado a ser patrimonio común de nuestra sociedad. Ciertamente en los ámbitos del poder, los temas, los seres humanos, y las circunstancias, permanecen divididos por los intereses, las pasiones y las ideas políticas. Pero también es verdad que la interdependencia, la complementación y la reciprocidad entre los individuos y los grupos de la comunidad se acrecienta y se multiplica cada vez más, por lo que una nueva organización de  nuestro intelecto social y de nuestro sentimiento de solidaridad humana, política y social, se hace no sólo necesaria sino que aún es indispensable para poder hacer frente con una cierta posibilidad de éxito, al reto de los tiempos que nos esperan, una vez cumplido y terminado el episodio electoral en curso.

Existen observadores y comentaristas políticos que opinan que la próxima alternativa electoral se desenvolverá entre los extremos del temor ciudadano al cambio de la izquierda, y el enojo social contra el sistema establecido. Nosotros agregaríamos aquí una tercera instancia: la de la esperanza general. Esta puede ser la fuente más generosa del “voto útil” o “transferible”, que determine la diferencia. El problema sigue siendo, el de conocer su dirección.