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Jóvenes volver a pensar

  • Tomás Bermúdez Izaguirre

Política e intolerancia, de ya sabes quién

Cuando se carece de argumentos para atacar las ideas, se ataca a las personas que las expresan… No se tolera que quien piense distinto, lo diga públicamente.

La tolerancia es una virtud capital de la cultura democrática y, en cierto sentido, se puede considerar la más emblemática de todas las virtudes que se asocian con ella.

Tolerar puede parecer una acción simple, pero es el fruto de un complejo proceso de pensamiento y de conformación de identidades, que involucra competencias, actitudes, creencias y valores que se amalgaman, precisamente, en la conducta tolerante. Menos conocida es la paradoja de la tolerancia: La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia.

Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Además, la tolerancia parece ser uno de los valores más cotizados en el mercado de la posmodernidad.

En una época donde el relativismo ético se impone con una fuerza tan brutal como embrutecedora, la tolerancia -gran paradoja- parece ser el bien absoluto que debe buscarse y defenderse a toda costa. Siempre y cuando el sujeto de la tolerancia, sea “políticamente correcto”, “Y haya votado por mí…”. En la teoría, todo se puede tolerar; en la práctica, no se tolera que se pongan límites a la ‘libertad’. Todo se puede tolerar, siempre y cuando no se critique el mal uso -el abuso- de la democracia. No se tolera el orden, ni la autoridad, ni la jerarquía, ni nada que ponga obstáculos a la “libertad”.

Todos gritan a coro que el valor absoluto a defender, es la ‘libertad’; y olvidan que ésta, para ser verdadera, debe estar cimentada en la Verdad, y ordenada al Bien. No se tolera que se diga que las mayorías se pueden equivocar. La democracia -que tiene grandes virtudes, por cierto-, como todo nuestro sistema político, tiene también sus defectos y puede por ello, ser mal utilizada.

Hoy, la mayoría dice que hay que esperar el resultado oficial del INE, al cambiar las circunstancias, la mayoría dice que hay que esperar al TRIFE. ¿Cuál de las dos mayorías tiene razón? Claro, que cuando los problemas se reducen a aumentar y bajar votos, o asuntos por el estilo, las distintas opciones son perfectamente opinables. Pero cuando se habla de INE, TRIFE, legalidad, transparencia y ciudadanización.

Pero esto no se puede siquiera mencionar sin ser tildado de fascista, porque es… sencillamente intolerable. No se tolera que alguien exprese un pensamiento opuesto a lo ‘políticamente correcto’: a quien lo haga, se le trata de intolerante, mapache, delincuente electoral, ultra-derecha, conservador, oscurantista, fundamentalista, retrógrado, cavernícola y otros motes que sólo tienen por objeto denigrar a la persona.

Cuando se carece de argumentos para atacar las ideas, se ataca a las personas que las expresan… No se tolera que quien piense distinto, lo diga públicamente.

Sólo los tolerantes pueden expresar sus pensamientos en los medios, que siempre están a su disposición -aún aquellos que se consideran “buenos”. -Voto por voto-. Critican violentamente a quienes no se guardan sus discrepancias para su fuero interno, para el ámbito privado de la conciencia.

No sea que influyan negativamente en el ‘nuevo orden mundial’, sobre la ‘aldea global’ que están intentando construir, sobre el gelatinoso cimiento de la tolerancia. Es la hora de redoblar los esfuerzos cívicos, es hora de resistir con fortaleza y paciencia, en la erradicación de la mayor hipocresía y petulancia del candidato López, ante el cual palidece el mal ejemplo farisaico; buscando por todos los medios, ganar, a la terquedad, y llamar intolerantes a los tolerantes… Memento mori. Recuerda que eres mortal.

 

tomymx@me.com