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La desigualdad y la pobreza, el reto del nuevo Congreso de la Unión

  • Jorge Gurrola García

Los ciudadanos debemos poner especial atención a las propuestas que los señores candidatos a diputados y senadores hagan en este tema; no es suficiente con eliminar la pensión de los expresidentes o con disminuir el número de diputados y senadores.

Este domingo 11 de febrero finalizó el periodo de precampañas en el país; luego de un breve receso de poco más de un mes y medio iniciarán formalmente las campañas (30 de marzo). Hasta ahora los reflectores se han concentrado en los precandidatos a la presidencia de la República y muy poco en los aspirantes a ocupar una curul en el Congreso de la Unión, ya sea como diputados o como senadores.

El hecho es una muestra palmaria de que en México no hemos abandonado el paradigma del presidencialismo como eje central del sistema político, a pesar de que en los últimos 18 años hemos transitado hacia un gobierno de partidos, aunque cabe hacer la precisión, hacia la partidocracia, como degeneración del régimen democrático de partidos.

Bajo este “nuevo modelo”, la facultad de decisión en las políticas y en las acciones de gobierno la tienen en gran medida los miembros del Congreso de la Unión -diputados y senadores-, a través de la elaboración de normas jurídicas, de ahí la importancia de no dejar de lado la campaña de quienes aspiren a serlo.

Un reto que sin duda tendrá el nuevo Congreso es el de crear mecanismos eficientes (leyes) que permitan paliar el lacerante problema de pobreza y de desigualdad social que aqueja a nuestro país. Es dable señalar que el mundo entero padece los estragos de esta tara que trae consigo el modelo económico mundial imperante.

De acuerdo con un informe de la Organización No Gubernamental (ONG) Oxfam, publicado hace unas tres semanas, a propósito del Foro Económico Mundial en Davos, del 100% de la riqueza que se generó en el mundo en 2017, el 82% quedó en manos del 1% de la población más rica. Es importante resaltar que la mitad más pobre (tres mil 700 millones de personas) no se vio beneficiada en lo absoluto con lo generado.

El informe de la ONG señala que en América Latina el 10% de los más ricos de la población concentran el 68% de la riqueza total. Lo más alarmante es que el 50% de los más pobres sólo accede al 3.5% de la riqueza.

Un dato por demás alarmante es que la explotación de los trabajadores está más acentuada en las mujeres, trabajan más y ganan menos que los hombres, amén de que laboran en los empleos peor remunerados y más precarios; son la base de la pirámide económica, sostiene Oxfam.

Por supuesto que en México las cosas no son diferentes, por un lado tenemos a Carlos Slim con una fortuna calculada en 54 mil millones de dólares, y por otro tenemos a casi la mitad de la población (53.4 millones de personas) en pobreza, de los cuales el 7.6% se ubica en pobreza extrema, cifras señaladas por la Coneval en el comunicado de prensa 09 de 30 de agosto de 2017.

Ahora bien, cuando sostenemos que el nuevo Congreso de la Unión tiene el reto de paliar esta situación, es porque está en sus manos construir las leyes adecuadas para atender las recomendaciones que Oxfam hizo en el marco de su informe: limitar los dividendos de los accionistas y altos directivos, garantizar que todos los trabajadores y trabajadoras reciban un salario digno, garantizar que los más ricos paguen los impuestos que les corresponden aplicando impuestos más elevados, y combatir la evasión fiscal.

Así entonces, los ciudadanos debemos poner especial atención a las propuestas que los señores candidatos a diputados y senadores hagan en este tema; no es suficiente con eliminar la pensión de los expresidentes o con disminuir el número de diputados y senadores, vamos, ni siquiera es suficiente con ampliar la base de contribuyentes; es necesario “tocar” a los hombres ricos para que no puedan tomar todos los dividendos de las acciones, para que paguen más impuestos y para que no los evadan.

Veremos si en la propuesta encontramos señales que hagan suponer que no todo es becas, subsidios y apoyos para superar el problema, o medidas mágicas sin forma, progresivas y sin sentido, sino que hay visos de legislar de una vez y por todas para meter al orden a quienes por décadas han aprovechado la blandengues jurídica y la conveniencia política para enriquecerse.