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La lucha por el poder

  • Jorge Gurrola García

Lo más lamentable es que los priistas no se esmeran en subir a Meade, sino en bajar a Anaya y a López Obrador.

Desde hace aproximadamente seis meses inició en nuestro país la lucha por el poder; el primer domingo de julio sabremos quién de los personajes que contienden por la Presidencia de la República es el ganador de esta disputa que tiene más tintes de guerra que de campaña electoral.

La manera en que se han suscitado las cosas hace suponer que está en juego algo más que un simple interés por servir a la sociedad mexicana; parece que son muchos y muy variados los intereses que se mueven en torno a la que es, sin duda alguna, la más grande de todas las elecciones que históricamente han ocurrido en nuestro país.

Con todo y lo cuestionable que pueden ser, las encuestas señalan como puntero a Andrés Manuel López Obrador, un personaje que hasta el momento, en su tercera campaña, parece que ha aprendido de sus errores y avanza a pasos firmes.

En segundo lugar está Ricardo Anaya Cortés, un joven candidato que ha demostrado potencial como para ser tomado en consideración como una opción real al momento de decidir por quien votar.

Finalmente, en tercer lugar se ubica José Antonio Meade Kuribreña, el candidato del Partido en el gobierno, quien de plano no logra despegar.

Estos resultados preliminares han puesto muy nerviosos a los priistas en el poder, y más si tomamos en consideración -insisto- que Meade no ha logrado avanzar, no digamos para alcanzar a López Obrador que le queda cada vez más lejos, sino para acercarse a Anaya, a pesar de todos los esfuerzos intentados, los que dicho sea de paso no han sido muy creativos y han valido más para beneficio de los contrarios que del propio candidato del Revolucionario Institucional.

Ante tal situación, los actuales dueños del gobierno han recurrido al poder de que disponen, el del estado, para “bajar” a Anaya del segundo lugar; lo acusan de lavado de dinero. El joven Ricardo señala enfáticamente que la acusación es un ardid mediático que el PRI utiliza para posicionar a Meade; acusa al presidente Peña de valerse de la PGR para fincarle una responsabilidad que -dice él- no tiene.

Infelizmente el escenario de las confrontaciones ajenas a las propuestas constructivas de gobierno no es novedad, a partir de que las campañas se hicieron medianamente “competitivas” las cosas se han dado de esta manera; las acusaciones mutuas de cometer y de inventar delitos han sido la constante en las campañas posteriores al 2000.

Pero lo lamentable es que una vez concluidas las campañas las acusaciones quedan en el aire, no hay un seguimiento de la utilización facciosa del poder del estado para beneficio de un candidato, ni de las presuntas responsabilidades del acusado; todo parece que al calor de la contienda es válido acusar y utilizar.

Lo más lamentable de la situación es, primero, que los priistas no se esmeran en subir a Meade sino en bajar a Anaya y a López Obrador; se habla que en los próximos días saldrá a la luz pública cierta información que acabará por derribar al panista de las preferencias electorales; y segundo, que no hay una verdadera y objetiva intervención de la PGR para desentrañar si existió o no lavado de dinero de parte de Ricardo Anaya.

Las campañas están por iniciar formalmente, desafortunadamente se espera que la lucha por el poder sea encarnizada, veremos quién hace las mejores acusaciones para hacer que los rivales sean vistos como delincuentes.

Lamentable este es el nivel de nuestra política, ante la falta de verdaderas propuestas que remedien los males del país, se recurre a la denostación y al vilipendio como estrategia.