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Percepción ciudadana

  • Leobaldo García Orrante

La etapa de proselitismo interno concluyó ¿y ahora?

El PAN en su proceso interno, salvo la suerte de Patricia Flores, y los partidos de la colación no conocen dificultades de consideración, por ahora.

La tarea para construir un orden mejor para remplazar al viejo y defectuoso, no forma parte de la agenda actual donde supuestamente se sitúa la acción política.- Zigmunt Bauman; Modernidad Líquida.

Se acabaron las precampañas sin pedir el voto ni entregar artículos promocionales, se hicieron varios actos políticos masivos de supuestas asambleas informativas y no faltaron acarreos.

Dice Wright Mills, que la calidad de la política está determinada por la capacidad de los políticos. Y cierto, nadie esperaba tesis importantes de los presidenciables, y sí conceptos o nociones sobre la atención a tantos problemas que nos aquejan

En la etapa de proselitismo interno en Partidos, se vieron deserciones de militantes del PRI a Morena en entidades donde el primero no es gobierno, que además siempre las ha tenido. Del PRI local se salieron varios burócratas, no lo hicieron inconformes por desvíos de principios en defensa del trabajo, de la educación laica o del abandono de asistencia a campesinos en la comercialización de sus productos. Se escuchó la queja por figurar, quejosos que ya habían gozado de cargos electorales recibidos sin el suficiente oficio.

El PRI y el grupo que lo dirige no han hecho tan mal las cosas. Desde el centro nunca se instruyó algún método de selección, de méritos, perfiles o ideas que cuadren con las exigencias y gustos del electorado. Sin el presupuesto oficial que es el combustible de esa máquina, y sin práctica democrática tuvieron que resolver candidaturas en la estira y afloja de los grupos de interés de la organización y sus alrededores.

Por lo mismo un exgobernador de experiencia en la maniobra pide sólo reparto de cuotas a grupos. En situación de intemperie resolvieron por el peso y la capacidad de equipos más fuertes. Por gravedad se impuso el peso político de Ismael Hernández y Leticia Herrera. Ismael dirige un equipo de operadores que no tiene nadie, aunque no se vio al senador con la agilidad y el sentido de oportunidad de antes. Es hábil y es seguro que ampliará dominio y seguirá con el control.

Leticia Herrera, dirige o coopta al grueso del priismo lagunero, también como Ismael predomina en la lista de seleccionados. Leticia Herrera tendrá casi seguros varias curules del Congreso del Estado. Tiene recursos e infraestructura para movilizarse en toda la zona, y avanza en seguidores de su corriente por el estado en la medida en que otros grupos pretenden hacerlo. Allí va el PRI que puede beneficiarse de externalidades, de hechos ajenos a su voluntad, que dependerán de la calificación ciudadana al gobierno actual, y los resultados de Morena, aunque el PRI por alguna razón ya dejó de ser crítico del gobierno, lo que no favorece nadie.

El PAN ni aquí ni en México se vino abajo, Ricardo Anaya que ha sorteado 100 peripecias y ataques del gobierno, especialmente en El Universal, hace dos meses tenía el 6% en las encuestas. Enfrentará mucho más cargas e invectivas, el gobierno claramente va por él y después por López Obrador. Se percibe una estrategia riesgosa para todos porque sus agentes no tienen capacidad, hay de visos de represión y disuasión. El PAN en su proceso interno, salvo la suerte de Patricia Flores, y los partidos de la colación no conocen dificultades de consideración por ahora.

Morena se basa en lustros de campaña y el nuevo talante de amor y paz de López Obrador, aderezado con la repesca de expriistas resentidos o de varios panistas protagónicos sigue las encuestas en primer lugar. Las sonrisas y la sencillez que dicen dos empresarios y un expresidente del PAN a los que el candidato llamó, casi dijeron: es sencillo, no muerde como pensábamos.

Últimamente afloja su principal argumento de la corrupción que ha sido su única bandera de carácter general. Pensamos que la suma de desertores de cualquier ideología no permite la cohesión para la acción colectiva y va en contra del ABC del quehacer político. La imagen bonachona y de chistecitos, con arranques de autoritarismo, no obstante el rechazo generalizado a Peña Nieto y su aparato electoral, podría hacer eventual el apoyo en parte de sus seguidores. Reduce en el líder en temple y la determinación que históricamente los mexicanos exigimos del jefe, al que le disculpamos otras cosas menos la veleidad.