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Plácido Domingo

  • Enrique Rodríguez Nájera

 

No pudimos ayudar a los nuestros, pero pudimos ayudar a otros.- Plácido Domingo

En el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, D.F., uno de los más importantes tenores de fama mundial, sin importarle el riesgo de que se afectara su voz, tomó pico y pala para buscar a sus familiares en los restos del edificio Nuevo León, del conjunto habitacional de Tlatelolco, que había colapsado completamente.

 

Plácido Domingo perdió a su tío, una tía, a un primo con su hijo pequeño que traía en brazos. Ésta tragedia lo afectó a él, a sus padres y a su hermana.

El rescate de sus familiares concluyó en tres o cuatro días; para entonces Plácido ya se había convertido en el rescatista más conocido, al que acudían prácticamente todos los medios de comunicación, nacionales y extranjeros, y en el elemento coordinador que ponía en contacto de manera pronta y eficaz, a quienes necesitaban apoyo y a quienes lo otorgaban. Tan solo del medio artístico se comunicaban con él permanentemente 253 de ellos, incluyendo a los de más fama que encabezaban brigadas de apoyo en las zonas más afectadas de la Ciudad de México.

Plácido Domingo permaneció 2 ó 3 semanas realizando su noble tarea y al retirarse, durante un año ofreció conciertos en diversas partes del mundo, para recabar fondos y enviarlos para los damnificados, al tiempo que pedía que fueran enviados a los diversos organismos del voluntariado nacional, apoyos propicios que se requieren en estos casos.

Plácido Domingo fue quien recibió por primera vez el premio “Ángel de la Ciudad”, otorgado por el gobierno de la Ciudad de México.

Lo anteriormente expresado, fue tomado de diversos medios de comunicación.

A continuación me permito transcribir un correo electrónico que me fue enviado hace ocho años, por Sergio Fragoso Bernal, que constituye también un luminoso ejemplo de la gran calidad humana de Plácido Domingo.

 

PLÁCIDO DOMINGO, UNA HISTORIA REAL

Una historia que quizás pocos conocen, se refiere a los tres tenores: Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, que emocionaron y deleitaron al mundo cantando juntos.

Aun los que nunca han visitado España, conocen la rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños, ya que los primeros luchan por su autonomía en una España dominada por Madrid.

Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras es catalán.

Por cuestiones políticas, en 1984, José Carreras y Plácido Domingo se enemistaron.

Los dos eran muy solicitados en todas partes del mundo; ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en un determinado espectáculo siempre y cuando el adversario no fuese invitado.

En 1987, a José Carreras le apareció un enemigo más implacable que su rival Plácido Domingo; lo sorprendió un diagnóstico terrible ¡leucemia!

Su lucha contra el cáncer fue muy sufrida, se sometió a varios tratamientos, además del autotransplante de médula ósea, y cambios de sangre que lo obligaban a viajar una vez por mes a Estados Unidos.

En estas condiciones José Carreras no podía trabajar y a pesar de poseer una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento debilitaron sus finanzas.

Cuando ya no tuvo más condiciones financieras, tuvo conocimiento de la existencia de una fundación en Madrid, cuya única finalidad era apoyar el tratamiento de enfermos de leucemia, la fundación HERMOSA.

Gracias a la fundación HERMOSA, José Carreras venció a esta terrible enfermedad y volvió a cantar y a recibir nuevamente los contratos e ingresos, tal y como antes de que se le presentara este padecimiento.

José Carreras trató de asociarse a la fundación HERMOSA para aportar su colaboración.

Al leer los estatutos de dicha institución, descubrió que su fundador y mayor colaborador de la misma y que fungía como su presidente, era Plácido Domingo.

Luego se enteró que Plácido Domingo había creado la fundación HERMOSA, en principio para atenderlo a él, y que se había mantenido en el anonimato, para que Carreras no se sintiera humillado por aceptar ayuda de su “enemigo”.

Tiempo después se realizó un encuentro de lo más conmovedor entre los dos tenores. En una de las presentaciones de Plácido Domingo en Madrid, José Carreras se presentó en el evento, e interrumpiéndolo, humildemente se arrodilló a los pies de Plácido, le ofreció disculpas y le dio un sentido agradecimiento públicamente. Plácido lo ayudó a levantarse y con un fuerte abrazo sellaron el inicio de una gran amistad.

Posteriormente en una entrevista a Plácido Domingo, una periodista le preguntó el por qué había creado la fundación HERMOSA, en un memento en que, además de beneficiar a su “enemigo”, había ayudado al único tenor que podía hacerle competencia. Su respuesta fue corta y definitiva: “Porque no se puede perder una voz como esa”.

Esta es una historia real de nobleza humana, que debe servirnos de inspiración y ejemplo.

P.D. Sin conocer debidamente el problema, ¿no podría servir de inspiración y ejemplo, al conflicto latente entre el gobierno español y el independentismo catalán?