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Planes, programas y presupuestos

  • Jorge Gurrola García

 

Desde finales de la década de los 70’s y principios de los 80’s, México adoptó la cultura de la planeación como soporte para desplegar su actividad de proporcionar bienes y servicios que satisfagan las necesidades de la población. A partir de entonces construyó planes, programas y presupuestos con base en análisis, investigaciones y estudios sólidos que determinan objetivos precisos y coherentes, pero sobre todo, planificados.

Fue así como en nuestro país se creó un sistema de planeación democrática, del cual se desprende una ley de planeación que ordena la creación de un Plan Nacional de Desarrollo (PND), documento que se constituye como el eje rector de la actividad gubernamental y del quehacer de los servidores públicos; su objetivo es detonar el desarrollo armónico y sustentable del país a través de la planificación de las actividades y del gasto público, lo que permitirá alcanzar los objetivos establecidos de una manera eficiente.

Del PND se desprenden una serie de programas regionales y sectoriales, así como los Planes Estatales (PED) y Municipales de Desarrollo (PMD). Es importante señalar que los programas y planes en comento tienen que estar perfectamente alineados con el eje rector de la actividad gubernamental nacional, con el PND.

Una de las muchas ventajas que presenta el sistema de planeación es que la obra pública ya no depende de las ocurrencias de los gobernantes en turno. En efecto, para hacer cualquier obra es menester, primero, que esté incluida y alineada en el plan nacional, estatal o municipal de desarrollo; segundo, que esté considerada en el programa de obra pública que anualmente debe elaborarse; y tercero, que esté contemplada en el presupuesto de egresos que también debe elaborarse anualmente. Resulta por demás lógico suponer que si no se actualizan estas hipótesis, la obra es simple y sencillamente una ocurrencia.

“Paseo universitario” es una obra que bien puede tildarse, sin mayores problemas, como una ocurrencia del presidente municipal; ni está planeada, ni programada, y menos presupuestada. Pero al calificativo de “ocurrencia” también habría que agregarle el de  “imposición”, el presidente municipal está obsesionado y obcecado con la realización de la obra, como si de ella dependiera su candidatura al senado, y de ahí llegar a la gubernatura.

Sería muy oportuno que José Ramón Enríquez explicara, a cuál programa le quitará dinero, qué obra que sí está presupuestada, programada y planeada no hará, cuánto pedirá prestado, o de donde piensa obtener el recurso económico que le permita construir “Paseo universitario”.

Se dice que la obra se hará con los ahorros que se han hecho y se harán, tal vez sería mejor que los utilizara en pagar a los empresarios que hace un año trabajaron en el tema del bacheo; debe pensar que los necesitará de nuevo, con las lluvias se evidenció que no hubo diferencia con los anteriores presidentes municipales, utilizó tierrita con chapopote y pues ya aparecieron de nueva cuenta los terribles baches.

Sin embargo no es la primera vez que Enríquez demuestra ser en extremo obcecado, y que eso de las leyes y normas no van con él, le gusta ir a contracorriente, recordemos el tema del extesorero municipal, que aún y cuando su nombramiento no cumplía con los requisitos de la ley, no lo removió.

Pero José Ramón Enríquez podrá decir con toda la verdad en sus palabras: “si ya me conocen, para que votaron por mí”. Nadie que lo conozca podrá decir que su actuar es novedad.

El proyecto “Paseo universitario” me parece que es positivo, al menos en apariencia, habría que verlo a la luz de un análisis o investigación bien estructurada; las formas y modos de hacerlo es lo inadecuado, contraviene la ley, aquella que Enríquez protestó cumplir y hacer cumplir.