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Política y derecho

  • Juventino Rodarte Solís

Del día siguiente

Por elemental, el candidato ubicado en el primer lugar por las encuestas, no ha aceptado ni aceptará el envite y ya declaró que sólo participará en los debates organizados por el INE.

En atención a la proximidad del inicio de la campaña por la presidencia de la República, por una parte, los partidos políticos y las coaliciones de las cuales forman parte, afinan las estrategias a seguir en pos de la victoria; y por la otra, los candidatos ubicados en segundo y tercer lugar de las preferencias electorales, han planteado y más que planteado, pretenden forzar para que, superado el impedimento establecido por el Instituto Nacional Electoral (INE), el candidato puntero según las encuestas, acepte participar en debates con la esperanza de ganar por nocaut, para así no sólo alcanzarlo sino también rebasarlo.

Obviamente, por elemental, el candidato ubicado en el primer lugar por las encuestas, no ha aceptado ni aceptará el envite y ya declaró que sólo participará en los debates organizados por el INE.

Al margen de las pretensiones aludidas y de los preparativos de las campañas, a continuación se pretenderá visualizar una prospectiva de lo que sucederá al día siguiente de la jornada electoral del uno de julio próximo, esencialmente desde el punto de vista partidario, y lo cual se hará en la forma siguiente.

Primer escenario.- Si triunfa la coalición “Juntos Haremos Historia”, el candidato vencedor, acorde con su ADN adquirido, principalmente durante su pertenencia al PRD y como dirigente del mismo, al tomar posesión de la titularidad del Poder Ejecutivo federal, su partido MORENA se constituirá en el partido del gobierno, por lo que todo lo relacionado con sus dirigentes nacionales y estatales, así como la funcionalidad del mismo, dependerá de su voluntad, tal y como actuaron los presidentes en su momento los presidentes avalados por otros partidos.

Los partidos aliados (PT y PES) administrarán y se repartirán, hacia el interior de sus dirigencias, las utilidades obtenidas mediante la coalición. Obviamente, los dirigentes actuales continuarán al frente de los mismos, y más el primero, el cual, desde su constitución a la fecha, su conducción ha estado a cargo del mismo dirigente y sólo con variantes hacia el interior del círculo dirigente.

Por su parte, el gran perdedor, ni duda cabe, sería el PRI, el cual, para subsistir se acogería a la élite que de tiempo atrás gobierna al Estado de México que tiene las características de ser el más rico y con más alto padrón electoral del país, para lo cual se apoyaría, principalmente, en el grupo parlamentario del mismo que se conformaría hacia el interior de ambas cámaras, y también, sin duda alguna, con los gobiernos estatales que conservarán y que ninguno de ellos puede competir con aquél por las razones económicas y electorales aludidas.

Luego pues, la permanencia, recuperación, o bien, en el lado negativo, en el decrecimiento hasta llegar a extinción, dependería de lo que hiciera o dejara de hacer el grupo que se apoderaría de los restos del otrora partido invencible.

El PAN, por su parte, tampoco saldría muy bien librado ya que, derivado de la disputa de la candidatura presidencial y en los negativos imputados en los tiempos de precampaña y de inter campaña, que podrían proyectarse a la campaña, aparece como un Partido que perdió la cohesión interna, y más en atención a que se estima que la estirpe ideológica que constituyó en su momento al Partido de referencia, hace ya un buen tiempo enajenó tanto sus principios como su trayectoria al preferir la lucha por el poder sin importar los medios para alcanzarlo.

Su funcionalidad y actuación futura habría de requerir una especie de ingeniería ideológica especializada para resurgir de las cenizas como el ave fénix, tras haber sido incinerado por las diferencias internas en pos del poder.

Los partidos coaligados (PRD y MC), al igual que los aliados del PRI, tendrían que vivir con los restos de sus cuadros y principios diezmados, y más que sacrificaron sus principios (más el primero que el segundo) para hacerse del poder como socios minoritarios de una coalición en el cual notoriamente estaban en franca desventaja y minoría. La mayoría de los militantes del primero, emigraría para engrosar las filas del Partido vencedor y promotor de la coalición “Juntos Haremos Historia”.

Segundo escenario.- Si llegare a triunfar el candidato de la coalición “Por México al Frente” presidida por su Partido, tendría todo para conformar una fuerza política que, bien administrada, podría permanecer en el poder un tiempo más o menos largo (para lo cual dependería de la forma de cómo, con quién y para quién gobernaría), pues tendría el apoyo de dieciséis gobiernos estatales derivados de la coalición PAN-PRD que ahora tiene, más los acumulados a raíz de las elecciones del primero de julio próximo.

En este escenario, el PRI actuaría en la forma señalada en el primer escenario, mientras que MORENA y los Partidos coaligados, más el primero que éstos, tenderían a su desaparición lenta o rápida y lo cual dependerá de la fuerza electoral obtenida. MORENA estaría más cerca de la extinción en virtud a que es Partido de un solo hombre, quien sin poder y sin Partido competitivo por haber perdido, no tendría ya futuro político activo y sólo quedaría como líder moral del mismo, en el entendido que los líderes morales no subsisten mucho tiempo.

El Partido MC conservaría su fuerza regionalizada y con más proyección que el PRD que permanecería en el escenario político pero con un activo muy inferior al que tuvo en tiempos pasados.

Tercer escenario.- En contra de todos los pronósticos, el PRI y partidos coaligados (“Todos por México”) ganan la elección, lo que conllevaría a que subsistiera en un contexto de mayor división partidaria, pero con la grave carga de que el candidato vencedor no es militante sino solo simpatizante de dicho Partido, por lo que no podría ser ni el alter ego del mismo ni el gran elector, a menos que los integrantes de la élite dominante del mismo, acordes a la obediencia y disciplina que los ha caracterizado, pusieran al servicio del presidente la fuerza menguada de su partido para que él decidiera tanto el presente como el futuro del mismo. Por supuesto, ello se facilitaría si ya con la victoria o bien en el ejercicio del poder, decidiera incorporarse a la militancia del mismo.

Los Partidos coaligados (PVEM y PANAL), no obstante la victoria, enfrentarían una lenta extinción por falta de militantes y más porque ambos aparecen, desde su origen como pertenecientes, el primero a una familia y el segundo a un sindicato.

Pero…