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Ser o no ser es la eterna contradicción de la existencia humana

  • José Damián Rivas Ríos

 

Cada uno de nosotros somos la autoridad principal en nuestra propia existencia. Si como niños, adolescentes, jóvenes o adultos, ya tenemos idea, criterio o razón de lo que debemos de hacer, quiere decir que ya se nos ha transferido o prendido la autoridad para hacerlo.

Cuántos y cuántos superiores, llámese padre de familia, jefe, funcionario, líder, representante, actúan como si todo dependiera nomás de lo que ellos dicen y, claro, es un error; hay que tomar en cuenta que el poder interior, el entendimiento es una facultad que se va integrando a medida que va progresando nuestro ser; por lo que muchos no reconocemos el monto de madurez que gradualmente tiende a perfeccionarse.

Buenas acciones valen más que buenas razones y más aún cuando se vive como la abeja que trabaja para su colmena y no se mete en la ajena. De oportunidades perdidas está llena la vida por no querer llevar una vida de integridad, de lucha y de amistad. El mejor maestro es el tiempo y la mejor ciencia es la experiencia. Los libros y los años hacen a una persona sabia.

Mejor maestra es la pobreza que la riqueza porque aprendemos a enfrentarnos a la vida y a disfrutar de nuestra felicidad porque hemos tenido la capacidad de ganar un bienestar con nuestra propia manera de ser. Si tomamos un mal camino no esperemos un buen destino; los senderos del triunfo son arduos, difíciles, pero llegar con suerte a donde queremos es la recompensa; en cambio lo fácil, lo desobligado, nos lleva al fracaso.

Propongámonos ayudar a nuestros semejantes no tan sólo con consejos y recomendaciones, sino con hechos, ayudando a levantar al caído para que siga adelante, sirviendo lo posible y con gusto cuando sea necesario. Con una gran sencillez y una mentalidad práctica; con claridad, sinceridad y naturalidad tratemos a nuestros amigos, compañeros, vecinos, familiares y a todas aquellas personas con las que convivimos en sociedad.

Por supuesto que en todo nuestro vivir, es de vital importancia la demostración de nuestra educación, la que debe de manifestarse en toda relación humana de manera correcta y sensible; pues precisamente el objetivo de la educación es hacer al ser humano prudente, es decir, disciplinar su carácter. Se debe revelar con objetividad la eficiencia cabal, tanto en el discurso como en la acción, es este el secreto de tener dominio sobre sí mismo; pues cuántos de nosotros nomás decimos pero no lo demostramos con nuestra manera de obrar.

Hoy en día más que nunca vivimos en medio de la corrupción. El tráfico de influencias por ejemplo es un acto de corrupción; se trata del abuso del poder que ejerce algún servidor público para que un asunto se arregle sin trabas y pronto. Una “mordida” a los policías de tránsito para evitar una infracción, un soborno a las autoridades para conseguir un permiso o trámite, es una corrupción tan común que la misma necesidad obliga. Igualmente es el aprovecharse de una situación y tener la oportunidad para hacerlo.

El principal problema es de impunidad porque se abusa de la ocasión pensando en que no va a pasar nada. El problema de la corrupción también está en la deficiencia institucional y en la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones. Es necesario un compromiso desde el poder político, la capacitación en la administración pública, reformar la ley y, sobre todo tratar de eliminar la impunidad. Es así mismo falta de voluntad política y gubernamental para combatirla. Desgraciadamente para los policías y los políticos tales hechos los hacen aparecer como los más corruptos.

Como suele suceder con la mayoría de las tradiciones, con el paso del tiempo, van perdiendo el sentido original y dar paso con mayor importancia a las apariencias. Me refiero por ejemplo a la celebración del año nuevo que ahora es motivo de fiestas, cenas, borracheras, diversiones y reuniones. Lo que antes era un evento que invitaba a la reflexión y a la valoración de las acciones personales, ahora se ha convertido en motivo de displicencia y banalidad social.

En estos tiempos difíciles, de crisis económica, corrupción, cambio climático y criminal, es necesaria la valoración de nuevas acciones. Necesitamos ser conscientes de nuestro comportamiento, tanto en lo personal como en lo social, con el fin de aprender de nuestros errores y cambiar a favor de nosotros mismos y desde luego del bien de los demás. El fin de año conlleva una tradición que debemos rescatar: hacer conciencia del antes y el después, de lo bueno y de lo malo, de lo perdido y de lo ganado, de lo que depara el futuro y no queremos repetir, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Hagamos siempre lo que tengamos que hacer, primeramente porque obedecemos a un juicio propio y en seguida porque es una determinada responsabilidad que con dignidad hemos asumido. Tal manera de pensar resume la idea de que en la vida tenemos que enfrentarnos con decisión y honestidad a lo que nos corresponde.

Gracias al deseo incansable del ser humano por conocer más y más y encontrar respuestas a las diversas interrogantes que nos acosan, así como la atención a los diversos males que nos aquejan, es que hoy existe la tecnología y el conocimiento necesarios para cumplir mejor con nuestras obligaciones y mejorar la salud con preferibles y auténticos resultados.