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Sí hay mujeres en Durango

  • Julieta Hernandez Carmargo

Mi madre María de Jesús Camargo regresó a los brazos del padre

“Durante su paso por la tierra nos enseñó a respetar la vida, a ganarnos el pan con el trabajo propio, y a tener la fortaleza necesaria para mantener erguida la cabeza cuando el destino no se conformara a nuestros deseos”.

 

Se fue a los 97 años la mujer que, en medio de una milpa, nos convenció que todo era posible. Esa guerrera que enseñó a escribir con carbón en los troncos de los árboles a mis hermanas mayores. “Que un cortejo de abejas transporten sus restos mortales hasta el sitio donde descansarán”. UHC

“Hay mujeres en Durango que pueden mirar la muerte con arrogancia porque han amado mucho. María de Jesús Camargo viuda de Hernández tuvo ese privilegio. Con Silvestre Hernández Aldana procreó 10 hijos: Emiliano, Hortensia, Everardo, Jovita, Cleotilde, Adelina, Úrsulo, Rosario, Julieta y Leonardo”, parte del discurso de Úrsulo en la misa católica que pidió mi madre en el Templo del Refugio, donde fue bautizada en la religión que ella creyó hasta su muerte.

María de Jesús, hija de Josefita Camargo, una maestra rural y de Francisco Ceniceros Villarreal, nació el 22 de noviembre de 1920 en una casa del Barrio de Tierra Blanca, cerquita de Analco, el templo en el que contrajo matrimonio con mi padre “el campesino que tocaba el violín”.

Considero que el agradecimiento que Úrsulo Hernández Camargo expresó al final de la misa resume lo que fue nuestra madre:

“Durante su paso por la tierra nos enseñó a respetar la vida, a ganarnos el pan con el trabajo propio, y a tener la fortaleza necesaria para mantener erguida la cabeza cuando el destino no se conformara a nuestros deseos”.

Hoy ha regresado a ser polvo en el camino. Mientras andemos por aquí la vamos a topar en cualquier parte de este maravilloso mundo que siempre amó: En las flores, en los pájaros, en los árboles. También la vamos a encontrar en los gestos de nuestros hijos y de nuestros nietos.

Quiero pensar que sus actos sobre la tierra, junto con su fe, serán suficientes como para hacer realidad su deseo de que un cortejo de abejas transporten sus restos mortales hasta el sitio donde descansarán”.

Para finalizar mi colaboración de hoy, quiero agradecer a todas las personas que de alguna forma estuvieron presentes brindándonos su cariño, sus palabras, sus oraciones en estos momentos tan difíciles para cualquier ser humano. Gracias por acompañarnos.