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Si no quieres ir a pie, ensilla la guajolota

  • Juan Francisco Arroyo Herrera

 

 

La lógica, nos decía el siempre bien recordado licenciado Héctor García Calderón, estudia el razonamiento correcto, el que concuerda consigo mismo; por ende, su principal herramienta es la argumentación.

Cuando un enunciado se ajusta a los principios de la lógica, será cierto, de lo contrario estaremos en presencia de una falacia. De estas existen bastantes, por ahora quiero referirme a una denominada “reducción al absurdo”, favorita de los matemáticos, pero también los abogados avezados, esos que se las comen ardiendo, que son unas chuchas cuereras y hacen gala de ella para defender los casos en el estrado. En consulta a Google se nos instruye que se puede recurrir para refutar argumentos o posturas como en el siguiente ejemplo:

Equis individuo se opone al matrimonio homosexual porque estas parejas no pueden engendrar, su razonamiento sería de esta manera: Si una pareja no puede procrear, no puede casarse. Pero entonces, las parejas de ancianos o donde uno de ellos es estéril tampoco deben tener acceso al matrimonio.

Si quien se opone al matrimonio homosexual no se opone también a los matrimonios estériles quiere decir que su actitud es inconsistente y por ello está mintiendo sobre su motivación. La reducción al absurdo en síntesis, consiste en tomar un argumento o afirmación que se quiera refutar y desarrollar hasta encontrar una contradicción. Si el único error radica en la propuesta básica, entonces es falso.

Pero el absurdo lo encontramos en todas las manifestaciones del saber, empezando por la filosofía. En la pintura existen las obras abstractas, sólo aquilatadas por la experticia pero no por los legos que solo vemos rayas, trazos, manchas, figuras difuminadas. En el cine ni hablar, sobran películas que al verlas sale uno peor que como entró. El absurdo abunda asimismo en la poesía y en la música.

Díganlo si no, estos versos que recitaba el buen amigo Uraldo González Paredes del mero Villa Unión en nuestras horas de recreo ahí en la sede de la burrita blanca o sea el ITD, cuando nos preparábamos como técnicos electricistas; y dice: “En un cuarto muy obscuro / a la luz de una vela apagada / un sordo escucha, lo que un mudo le platica / y mientras, en el campo verde / un ciego ve / cómo, un cojo / va corriendo / tras de una mariposa sin alas; y estas otras estrofas: Me fui a la guerra / y perdí un brazo / de un tiznadazo / que me tocó / y el gobierno / con disimulo / (por estar tan chulo) / me lo pagó / tiznen su madre / la luz eléctrica / los autobuses y la ciudad / tu madre es bruta / tu padre es gacho / tu hermano Nacho / es puro cañón”.

Los que son de mi calibre por cuanto a experiencia acumulada recordarán a Lucha Moreno quien en la década de los sesenta grabó “Las mulas de Moreno” que luego retomó Julión Álvarez y se disparó a la fama. Va más o menos así: “Si quieres ir a lazar / a las mulas de Moreno / si no quieres ir a pie / ensilla la guajolota / que te parece / me subí por el cincho / metí pie por el tapojo / y al llegar al cojinillo / me encontré con el tubero / yo tengo mi carabina / cargada de chicharrones / como que le tiro a los patos / corazón, porque estás triste / en una tinaja de agua / a un vaquero me encontré / dándole agua a su machete / y afilando su caballo / al pasar por tu ventana / me tirates un limón / si yo te tiro con otro / qué necesidad hay de eso / en la punta de aquel cerro / tengo una chiva amarrada / si la chiva se soltara / que tiznadazo se daría / si tu quieres disfrutar / de las mulas de Moreno / llévatelas pa´l arroyo / pa´ que no te mire naiden / ya con esta me despido / del rancho de San Francisco / hasta el año venidero / nadando por el desierto.

Le propongo cerremos con broche de oro esta velada con el duelo de sílabas, consonantes, metáforas, alegorías, décimas, refranes y cuartetas sostenidas en la Tremenda Corte por el enjuiciado “tres patines” acusado de “poeticidio” al plagiar la obra del vate “Perucho malanguera con esta composición: “Para contar por el dos / para el diez me faltan ocho / ocho para el dieciocho / y para los veinte, dos / dos para los veintidós / y para los treinta, ocho / ocho para los treinta y ocho / y para los cuarenta, dos / dos para los cuarenta y dos / y para los cincuenta, ocho”.

Pieza de Tres Patines: “Para contar por el tres / para el diez me faltan siete / siete para el diecisiete / y para los veinte, tres / tres para los veintitrés / y para los treinta, siete / siete para los treinta y siete / tres para los cuarenta / tres para los cuarenta y tres / y para los cincuenta, siete.

Un jurado formado exprofeso para dirimir la controversia, pide más material a las partes y así responde don Perucho con una decima: “Quise madrecita mía / para calmar mis pesares / brindarte nobles cantares / en un tempestuoso día / algo que no conocía / no me dejaba cantar / quise la lira pulsar / y al templar el instrumento / sonó con tal sentimiento / que casi me hace llorar”.

Réplica de Tres Patines: “Intenté mamita mía / para olvidar mis pesares / dedicarte unos cantares / una tarde en que llovía / el ruido que el agua hacía / retumbaba en el palmar / por fin me quise inspirar / saqué la guitarra al viento / y al mojarse el instrumento / de pena, me eché a llorar”.

El jurado exigió una muestra más para dar su veredicto y concluyeron con estas cuartetas. Don Perucho: “Golondrinitas inquietas / que alegres volando van / cuando no consiguen pan / tienen que comer galletas”. Duplica de Tres Patines: “Gorrioncillos de ala inquieta / que alegres vienen y van / galleta… ¡no!, coman pan / con jamón y con croqueta”. El juez concluyó que era el mismo perro con diverso collar o la misma comida con diferentes ingredientes.