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Temas de la república

  • Horacio Palencia Meza

 

Enero 2017: Una mirada retrospectiva

 

Hace un año Barack Obama dejaba la Presidencia de los Estados Unidos con un nivel de popularidad muy aceptable, quizá no como el que obtuvo Kennedy en su momento, pero sí muy sobresaliente por sobre sus antecesores republicanos e incluso por encima de Bill Clinton, que terminó su mandato muy disminuido debido al escándalo político sexual que surgió en 1998, por una relación extramarital entre el entonces Presidente de 49 años Bill Clinton y una empleada (becaria–pasante) de 22 años, contratada por la Casa Blanca, de nombre Mónica Lewinsky. Las noticias sobre esta relación y la investigación correspondiente fue muy promovida por los opositores a Clinton y al Partido Demócrata, especialmente el Partido Republicano, al grado que los logros de la administración Clinton quedaron en el olvido, sobre todo al enfrentar Clinton un juicio político por perjurio en 1998, el cual tuvo lugar en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, aunque posteriormente el Presidente Clinton fue exonerado de todos los cargos de perjurio y obstrucción de justicia, el juicio tuvo una duración de 21 días por parte del Senado, mismos que fueron suficientes para que Clinton fuera más recordado en la historia por su aventura sexual con una jovencita siendo Presidente, que por sus logros económicos.

Es enero de 2018, apenas tiene un año la administración del que quizá sea el Presidente más estúpido que hayan tenido en los Estados Unidos y no tardará mucho en que aparezca uno o dos escándalos del tipo Clinton, porque Donald Trump no solamente es tonto, es megalómano, racista estridente y orgullosamente misógino, al margen de lo cual, no ha sabido rodearse de un buen equipo de colaboradores.

Hace un año (enero de 2017), a su llegada a la Casa Blanca, después de un bien estructurado discurso de Obama que alcanzó tintes históricos, el actual Presidente de los Estados Unidos, entre protestas por su investidura, dejó entrever que se fortalecerían los filtros migratorios, que terminaría con las ciudades santuario y que su prioridad era la construcción del muro fronterizo con nuestro país y la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), ¿el resultado?, el turismo mexicano (segundo en importancia para los Estados Unidos) este año que recién culminó (2017) cayó a niveles dramáticos, lo mismo que el sueño americano, total que a la fecha, ni han disminuido las remesas hacia nuestro país, ni se ha comenzado a construir el muro, ni tampoco se puso México de rodillas ante la renegociación del Tratado de Libre Comercio, como lo esperaba Trump, pero lo que sí logró hacer el inquilino de la Casa Blanca con sus amenazas hacia México fue derribar el Índice de la Confianza del Consumidor en este lado de la frontera, mismo que se ubicó en enero de 2017 en 68.49 puntos, el nivel más bajo desde abril de 2004.

Hace un año también, a unas horas de terminar el mandato de Obama en la Casa Blanca, el Gobierno Federal Mexicano entregó a las autoridades estadounidenses al capo de todos los capos, a Joaquín Guzmán Loera, alias “el Chapo”, como una muestra de disposición para la mutua colaboración en la lucha contra el narcotráfico de parte del Ejecutivo peñanietista a la nueva administración trumpista, lo que no sabía el nuevo Presidente Trump es que desde hacía mucho tiempo atrás, el capo solo era un mito, ya no era el verdadero líder del Cártel de Sinaloa, había perdido mucha influencia hacia el interior de su organización, el propio Cártel de Sinaloa había perdido mucho poder frente el Cártel Jalisco Nueva Generación del famoso “Mencho”, quien se perfila para ser el verdadero sucesor de el Chapo Guzmán y lo que es peor, Trump no se imaginó que no le sacaría ni un solo dólar al extraditado por el Gobierno mexicano, mucho menos cuando Guzmán Loera había aparecido varias veces en la revista “Forbes” por encima del propio Trump.

Días después, el territorio nacional se incendiaba con el “gasolinazo”, en el que millones de ciudadanos se manifestaron en contra del alza de combustibles, al grado de tomar instalaciones estratégicas de Pemex, en una dolorosa medida que le costó un alto margen de popularidad al Presidente Enrique Peña y su Partido (PRI), esto, mientras que en varios territorios se registraban actos violentos, como en Cancún, en donde se dieron a conocer dos ataques en los que tuvo que ver la delincuencia organizada, el primero de ellos en un club nocturno de Playa del Carmen, en el que cinco personas perdieran la vida y 14 más resultaran lesionadas, luego de un conflicto entre dos grupos armados, el segundo ocurrido al día siguiente de esos hechos en la sede de la Vicefiscalía de la zona norte de Cancún, en donde un comando de motociclistas arribó a la sede, arrojando explosivos para tratar de liberar a un líder criminal, lo que dejó –al menos– tres personas sin vida.

Al extremo norte de Cancún, en Monterrey, Nuevo León, el 18 de enero de 2017, un estudiante del Colegio Americano del Noroeste de Monterrey disparó en plena clase a su maestra y dos de sus compañeros de clase, tras de lo cual, el atacante se disparó a sí mismo tratando de suicidarse, lo que logró a medias, pues horas después sería declarado con muerte cerebral y semanas más tarde, la maestra perdió la batalla y murió, siendo los únicos sobrevivientes de tales hechos sus compañeros de clase, este desafortunado acto sometió a la lupa el tratamiento escolar que se le brinda a los llamados estudiantes “problema” que presentan síntomas de enfrentar desequilibrios sicológicos o depresión severa por déficit o exceso de atención de los padres.

Hacia finales de enero, a través de un estudio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dio a conocer por medio de un comunicado oficial que el crimen y la violencia en México alcanzaban un costo anual de nada más y nada menos que la cantidad de 41 mil 295 millones de dólares, el segundo más alto en la región de América Latina y el Caribe, sólo después del de Brasil que gasta por año 271 mil millones de dólares en controlar la criminalidad y la violencia en sus principales ciudades.

Así que sí, México inicia este año tal vez con menos violencia delincuencial pero mayor violencia política, México elige este año a su nuevo Presidente, tiene tres fuertes opciones para elegir: la izquierda populista de López Obrador, la derecha ¿extrema derecha? de Ricardo Anaya, quien al estilo Madrazo en el PRI, no dejó piedra sobre piedra para alcanzar la candidatura del Frente que encabeza y el centro del Partido en el Poder de José Antonio Meade, quien pronto deberá desmarcarse del actual inquilino de Los Pinos, antes de comprar todos sus pecados, lo que nos confirma que lejos de ser un país sin rumbo ni respuestas, México rebosa de opciones y de posibilidades, ninguna es mágica ó instantánea, pero todas posibles, sobre todo si nos unimos como nación luego de las elecciones.