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“Una lágrima en la mejilla del tiempo”

  • Juan Francisco Arroyo Herrera

Este usurpador de la representación de los trabajadores petroleros, es proclive a los Ferraris, relojes de oro de dieciocho quilates, yates de tres millones de dólares, departamentos de lujo en Miami, entre otras extravagancias.

 

Cuando en 1631, el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogol inició la construcción con veinte mil hombres de su “Corona de los palacios” o sea el Taj Mahal, no se imaginó que el monumento funerario sería una inconmensurable fuente de ingresos para la India, uno de los mayores atractivos turísticos y una de las maravillas del mundo moderno.

Consciente estuvo, sin embargo, de la belleza que le construía en ese conjunto de edificios a la memoria de su difunta esposa (su favorita, dentro de aquel poligámico país), Arjumand Banu Begun o más conocida como Mumtaz Mahal, que falleciera durante el alumbramiento de su decimocuarta hija. Claro está, la exquisitez de la excepcional obra, estuvo a cargo de un grupo de arquitectos al mando de Ahmad Lahors, levantada en las riveras del río Yamuna.

El portento, poetizado por el gran Rabindranath Tagore, como “una lágrima en la mejilla del tiempo”, está circundado por una pétrea muralla, asentado en una superficie de 17 hectáreas e incluye entre muchas otras cosas, una mezquita, casa de invitados y no se diga sus subyugantes jardines rediseñados durante la ocupación inglesa. En 1983 fue reconocido como patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

En su diseño convergen aspectos de las arquitecturas islámica, persa, india y turca.  Conforme las estadísticas visitan el mausoleo de 7 a 8 millones de visitantes cada año. Lo que pareciera un derroche, un dispendio y despilfarro suntuoso, era lo más común en la época dadas las edificaciones de las diversas culturas de la región y en este caso, quizá sin pensarlo, una inversión a largo plazo.

Pero de lo sublime pasamos a lo vulgar, a lo grotesco, a lo tosco. Haga de cuenta que estamos admirando una alondra, una gaviota, un ruiseñor que con aleteos vencen el aire para desplazarse en el horizonte; y ese embeleso es majaderamente interrumpido por un hocicudo cerdo, que tras de batirse en el pestilente lodo de un charco, irrumpe hediento y cochambroso.

Este es un buen símil, guardadas las enormes proporciones, entre el palacio que hemos descrito y lo hecho por uno de los hijos de Carlos Romero Deschamps. Como antecedente permítame decirle, que este usurpador de la representación de los trabajadores petroleros, es proclive a los Ferraris, relojes de oro de dieciocho quilates, yates de tres millones de dólares, departamentos de lujo en Miami, entre otras extravagancias.

Bien, Romero Deschamps, “la prostituta” como lo llamaba Joaquín Hernández Galicia “la quina”, desconocido por Carlos Salinas de Gortari como líder de quienes dejan el pellejo en Pemex. Aquél tuvo el tierno y paternal detalle en 2013, de regalar un ferrari enzo, edición limitada, a su hijo José Carlos Romero Durán, con un precio de dos millones de dólares.  Pero… espere; para obtenerlo, el adquiriente ha de comprobar que tiene solvencia económica; contar por lo menos con dos autos del mismo tipo; que el país donde vaya a rodar el auto y jugar arrancones, tenga una agencia de esa marca y pasar una prueba de manejo.

Todo esto se le hizo poco al vástago de Romero y con una costosa pintura de oropel, ¿o contendrá oro?, transformó la nave que lo mismo ha sido vista en Mónaco que en Brasil, dejando boquiabiertos a los paseantes por su ostentosidad, pero aunque pagado con dinero del pueblo, el artefacto no le deja nada de ingresos a México, ya que ni siquiera cobra por verlo.

Por esto los trabajadores del crudo se desencantaron con las declaraciones de doña Rocío Nahle, próxima secretaria de energía que descartó una cacería de brujas contra líderes sindicales y se dio tiempo para afirmar que no cree que Carlos Romero tenga un futuro como el de Elba Esther Gordillo; no obstante un rayo de luz apareció cuando la experta en el rubro que nos ocupa, dejó que los trabajadores del área decidan quién será su próximo dirigente.

Está bien como dice doña Rocío que no habrá cacería de especímenes, sólo que Romero no es una bruja cualquiera, sino por lo dicho, regentea una comarca del averno.  Ha ofendido, humillado, pisoteado no a los petroleros, sino a todos los mexicanos.  Luego, ellos no piden a Rocío que separe al pluricitado Romero, de eso se encargarán; la garantía que exijan es que a la hora de la culminación del proceso electoral y sus trámites subsecuentes, esa secretaria junto con la del trabajo y gobernación, no salgan con que Romero resulta ser un alma de Dios.