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Cremería Durango, un nuevo concepto en burros para comer

  • Mariano Alvarado Martínez
  • en LOCAL

 

En 1953, nació la Cremería Durango, estableciendo desde entonces un nuevo concepto en los burros para comer.

Grandes más de lo normal entonces y picosos, también más de lo normal de entonces.

Fue el autor del concepto, un adolescente, casi niño de entonces, ahora adulto mayor: Jorge Meraz Berumen, un símbolo, un icono desde entonces detrás del mostrador, atendiendo a los clientes, muchos consumidores de burros, la mayoría, pero también muchos “caguameros” que tienen su parroquia en el edificio de Pino Suárez y Laureano Roncal.

Cremería Durango no nació ahí.

Inició en avenida 20 de Noviembre, frente a la CNC.

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Después, el crecimiento de la renta, se fue a radicar al callejón de Las Mariposas y desde hace 34 años su propiedad en el local propio donde ahora se encuentra.

Y sus clientes lo han seguido en todos sus domicilios

El símbolo es el burro que ideó como concepto su propietario, pero tiene unas variantes.

Lo conceptuoso es el burro gigante de carne deshebrada de res, pero hay también de carne de puerco, de huevo, de frijoles.

Los burros pueden ser normales -sólo carne-, combinados -carne con jamón- y especiales -la carne, el jamón y aguacate.

Además de los burros los clientes piden y se les sirve hasta hot dogs, tostadas y lo saben y lo piden en una parroquia que ahora es escasa -nos dice Lupita, la auxiliar durante los últimos 10 años- y sólo se fomenta la clientela los domingos y los fines de quincena.

Pero el negocio, sin que tenga la bonanza de antes, sigue vigente. Y según nos dice Lupita, la auxiliar durante los últimos 10 años, la clientela ha bajado sin que sea austera, pero más o menos se nivelan los domingos y los fines de quincena.

Jorge Meraz es casi parte de la cremería.

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De las 9 de la mañana a la una del siguiente día está ahí, detrás del mostrador, oyendo música ambiental y de buen gusto. Antes, eran los casetes, luego los cidis y ahora la memoria.

El sonido es agradable, la gente la disfruta, los decibeles son los adecuados, es una delicia para sus clientes.

Su clientela es por lo general de clase media baja, buenos consumidores de burros y de “chelas”, buenos conversadores, hay algunas parejas, pero la mayoría son hombres.

Jorge no sabe manejar.

Ahora, su hija o algún familiar lo saca a pasear por la ciudad que apenas conoce porque está metido en la cremería 16 horas 7 días a la semana.

Antes, cuando podía, se le veía a veces por el centro en una bicicleta de las más novedosas entonces.

Una enfermedad en sus piernas lo han privado de su ejercicio y como decíamos es su familia la que lo mueve en coche.

Pero jóvenes van a ese negocio -y son muchos aunque menos clientes-, identifican a Jorge Meraz como el símbolo de los burros y otros antojos.

Hay algunos, quedan pocos pero quedan, que lo recuerdan cuando inició en 20 de Noviembre, cuando incluso se hacían bromas por parte del personal:

Si algún cliente pedía un hot dog (perro caliente) y otros pedían  burros. Al terminar la cocción, gritaban: Salen dos perros y un burro, y los clientes lo tomaban como lo que era, una broma.

En si no el más suntuoso negocio de alimentos en esta ciudad, pero sí está entre los más antiguos y si no estuviera entre los más antiguos, sí está entre los de mayor abolengo y de mayor preferencia.

Hay mucha gente que busca el consumo en este negocio que es accesible, que aunque tiene muchos “caguameros” no son gente de escándalo.

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Son consumidores de cerveza, tequila, son amantes de la plática entre amigos, amantes de la música, amantes de un buen ambiente en un negocio de prestigio, adecuado para ellos.

El problema, que nosotros vemos, aunque los clientes no parecen magnificarlo, es falta de estacionamiento.

Esa calle y ese crucero son muy transitados, hay muchos carros en la acera, casi nunca hay espacio en esa cuadra.

Pero con todo, no les importa caminar dos o tres calles para ir a donde encuentran lo que quieren: los burros, la chela y el buen ambiente.