/ miércoles 12 de junio de 2019

En el olvido en Durango la atención al suicidio

Aunque la tendencia sigue en aumento de casos, la coordinación interinstitucional no da respuestas positivas

En la jornada de este lunes un joven más de nivel universitario intentó quitarse la vida dentro de una institución educativa de nivel profesional; responsables del departamento de psicología de este plantel impidieron que se consumara el suicidio, fue remitido al Hospital Psiquiátrico “Miguel Vallebueno” de donde al poco tiempo es despachado con algunas muestras de ansiolíticos y una receta para más compra de éstos en la que escrito apuntaba: no es posible la hospitalización por falta de camas.

Ante esta situación que es alarmante, el suicidio, y lo poco que de manera pública e interinstitucional se observa socialmente que se esté haciendo, para psicoeducar a la población con programas de difusión, prevención, contención y tratamiento del suicidio, este matutino acudió al Hospital Psiquiátrico “Miguel Vallebueno” donde en entrevista con la dirección del nosocomio queda claro que son más las palabras que las acciones netas y concretas para abordar este padecimiento de salud pública.

Desde el ingreso al hospital puede verse como el inmueble luce descuidado, la pintura ya no tiene tonalidad y el recibimiento es igual de parco, frío y desprovisto de amabilidad; estudios que se han realizado, archivos históricos y notas de prensa, cuando han abordado el tema de los pacientes psiquiátricos lo primero que sale a relucir es el poco o casi nulo interés que las autoridades públicas desde antaño han dado a la atención de las personas con problemas de salud mental.

La demencia o los trastornos mentales no tienen cabida en el interés de la autoridad en salud, el suicidio es un acto que expone a una sociedad en descomposición, sin embargo, Carolina Herrera, directora de este hospital, lo primero que contesta sobre este fenómeno social es: “no es un fenómeno social, sino que es la consecuencia de una carga hereditaria”.

Con esta anotación resume todo lo que una persona en crisis de ansiedad, depresión, supresión de sustancias adictivas o exceso en el consumo de éstas, entre otras causas psíquicas y emocionales, llega hacer cuando intenta suicidarse por primera, segunda o quinta vez, hasta que logra consumar el acto y por propia mano se quita la vida.

Rutinariamente llegan a esta redacción informes sobre jóvenes que dentro de las escuelas de educación básica, bachillerato y como en éste caso, de nivel profesional, intentan quitarse la vida dentro de los planteles educativos; por suerte para ellos en esas ocasiones algún docente, trabajador social u otra persona acude en auxilio y el intento suicida resulta frustrado.

Aunque ahí no queda la ocasión, estas personas en estado de desesperación, de crisis, en depresión u otra sintomatología psicológica o psiquiátrica de no ser atendidos profesional e inmediatamente de manera eventual volverán a internarlo hasta que lo logren, sin embargo, parece ser que ni familiares, autoridades o alguna otra persona cerca a ellos, les importa o hacen algo por brindar ayuda a esa “montaña” de gritos ahogados que claman por ayuda en silencio.

Son 67 los suicidios consumados hasta la fecha en el estado de Durango, nueve mujeres y 58 hombres, la estadística de organismos de la salud internacionales indica que por cada acto consumado hay 10 personas más que viven con la intensión de quitarse la vida; un suicida en potencia puede intentarlo de una a tres o cinco veces, empero cuando esta idea ya está arraigada en la persona, de no recibir atención de urgencia no cesará hasta lograr su cometido.

Un intento suicida de acuerdo a los protocolos de atención clínica requiere de hospitalización inmediata, no obstante, Carolina Herrera afirmó que el 30% de las personas que llegan a este hospital por tal motivo decide no quedarse, el 70% restante opta por recibir la atención.

Cuestionada sobre cuántas camas actualmente están ocupadas por pacientes recibiendo atención por intento suicida, dijo no conocerlo, lo que sí respondió es que de las 94 camas censables que tiene el nosocomio, alrededor de 64 están ocupadas por personas con algún problema de salud mental.

Algo se ha dicho públicamente de programas para atención al suicido, en los hechos el resultado es el mismo, es prudente afirmar que políticas públicas para la salud tardan tiempo en aportar avances positivos en una población, pero sin la articulación efectiva y la coordinación interinstitucional y más aún sin la buena voluntad de los involucrados, cualquier esfuerzo será insustancial e ineficiente; trípticos, spots en radio o televisión, campañas de uno o dos días, contenido en redes sociales, no son suficientes para “atacar” este padecimiento de salud mental que no respeta ninguna condición social, mientras tanto, más jóvenes, inclusive niños y adolescentes, además de adultos en edad productiva y de la tercera edad, continúan quitándose la vida.

Es importante aclarar que por cuestiones de secrecía profesional en esta redacción se guarda la identidad tanto del estudiante que intentó suicidarse dentro de un plante de educación profesional, así como el nombre de esta institución y de igual manera de las personas que respondieron en su auxilio.

En la jornada de este lunes un joven más de nivel universitario intentó quitarse la vida dentro de una institución educativa de nivel profesional; responsables del departamento de psicología de este plantel impidieron que se consumara el suicidio, fue remitido al Hospital Psiquiátrico “Miguel Vallebueno” de donde al poco tiempo es despachado con algunas muestras de ansiolíticos y una receta para más compra de éstos en la que escrito apuntaba: no es posible la hospitalización por falta de camas.

Ante esta situación que es alarmante, el suicidio, y lo poco que de manera pública e interinstitucional se observa socialmente que se esté haciendo, para psicoeducar a la población con programas de difusión, prevención, contención y tratamiento del suicidio, este matutino acudió al Hospital Psiquiátrico “Miguel Vallebueno” donde en entrevista con la dirección del nosocomio queda claro que son más las palabras que las acciones netas y concretas para abordar este padecimiento de salud pública.

Desde el ingreso al hospital puede verse como el inmueble luce descuidado, la pintura ya no tiene tonalidad y el recibimiento es igual de parco, frío y desprovisto de amabilidad; estudios que se han realizado, archivos históricos y notas de prensa, cuando han abordado el tema de los pacientes psiquiátricos lo primero que sale a relucir es el poco o casi nulo interés que las autoridades públicas desde antaño han dado a la atención de las personas con problemas de salud mental.

La demencia o los trastornos mentales no tienen cabida en el interés de la autoridad en salud, el suicidio es un acto que expone a una sociedad en descomposición, sin embargo, Carolina Herrera, directora de este hospital, lo primero que contesta sobre este fenómeno social es: “no es un fenómeno social, sino que es la consecuencia de una carga hereditaria”.

Con esta anotación resume todo lo que una persona en crisis de ansiedad, depresión, supresión de sustancias adictivas o exceso en el consumo de éstas, entre otras causas psíquicas y emocionales, llega hacer cuando intenta suicidarse por primera, segunda o quinta vez, hasta que logra consumar el acto y por propia mano se quita la vida.

Rutinariamente llegan a esta redacción informes sobre jóvenes que dentro de las escuelas de educación básica, bachillerato y como en éste caso, de nivel profesional, intentan quitarse la vida dentro de los planteles educativos; por suerte para ellos en esas ocasiones algún docente, trabajador social u otra persona acude en auxilio y el intento suicida resulta frustrado.

Aunque ahí no queda la ocasión, estas personas en estado de desesperación, de crisis, en depresión u otra sintomatología psicológica o psiquiátrica de no ser atendidos profesional e inmediatamente de manera eventual volverán a internarlo hasta que lo logren, sin embargo, parece ser que ni familiares, autoridades o alguna otra persona cerca a ellos, les importa o hacen algo por brindar ayuda a esa “montaña” de gritos ahogados que claman por ayuda en silencio.

Son 67 los suicidios consumados hasta la fecha en el estado de Durango, nueve mujeres y 58 hombres, la estadística de organismos de la salud internacionales indica que por cada acto consumado hay 10 personas más que viven con la intensión de quitarse la vida; un suicida en potencia puede intentarlo de una a tres o cinco veces, empero cuando esta idea ya está arraigada en la persona, de no recibir atención de urgencia no cesará hasta lograr su cometido.

Un intento suicida de acuerdo a los protocolos de atención clínica requiere de hospitalización inmediata, no obstante, Carolina Herrera afirmó que el 30% de las personas que llegan a este hospital por tal motivo decide no quedarse, el 70% restante opta por recibir la atención.

Cuestionada sobre cuántas camas actualmente están ocupadas por pacientes recibiendo atención por intento suicida, dijo no conocerlo, lo que sí respondió es que de las 94 camas censables que tiene el nosocomio, alrededor de 64 están ocupadas por personas con algún problema de salud mental.

Algo se ha dicho públicamente de programas para atención al suicido, en los hechos el resultado es el mismo, es prudente afirmar que políticas públicas para la salud tardan tiempo en aportar avances positivos en una población, pero sin la articulación efectiva y la coordinación interinstitucional y más aún sin la buena voluntad de los involucrados, cualquier esfuerzo será insustancial e ineficiente; trípticos, spots en radio o televisión, campañas de uno o dos días, contenido en redes sociales, no son suficientes para “atacar” este padecimiento de salud mental que no respeta ninguna condición social, mientras tanto, más jóvenes, inclusive niños y adolescentes, además de adultos en edad productiva y de la tercera edad, continúan quitándose la vida.

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