/ domingo 28 de julio de 2019

Sergio Terán, 51 años como paramédico de la Cruz Roja

Inició esta vocación a los 18 años y habla con orgullo al recordar momentos que lo llevaron a socorrer a cientos de personas

Era un domingo pero de 1968 cuando Sergio Terán Corral, con 18 años de edad, tuvo su primera guardia como paramédico en el cuerpo de socorristas de la Cruz Roja Mexicana delegación local Durango. La emergencia: una persona herida con arma blanca.

Fue de noche cuando esto ocurrió recuerda don Sergio, el primer llamado de la vocación que luego de 51 años sigue teniendo.

“Fue mi primera noche como socorrista, eso fue el 24 de noviembre de 1968, el primer servicio es el que se toma en cuenta como la fecha de inicio dentro de Cruz Roja, y esto paso que una persona herida con navaja es la que requirió de la atención, el servicio fue en un espacio que estaba atrás de estas instalaciones –el inmueble de la altruista institución en calle 5 de Febrero- que se utilizaba para realizar fiestas, kermeses y otros eventos de ese tipo”.

Al recordar los pasajes de su vida dentro de esta institución don Sergio lleva la mirada hacia el pasado y en su piel la tonalidad cambia, lo que hace notar que una emoción le recorre por la memoria que está por contar.

De ese entonces a la fecha las cosas son muy diferentes en Durango, a nivel social don Sergio es un barómetro que mide la presión con la que antes trabajaban en el área de socorros y con la que ahora se desempeñan.

Cuando joven las cosas que ocurren ahora en cuanto a accidentes son muy diferentes a las de ahora, menciona, los “carrerterazos” eran muy raros y los choques pasaban de vez en cuando. Menos personas heridas por bala o en riñas, eran pocos esos casos.

Y qué ocurre ahora en ese contexto, pues que la atención a accidentes viales, choques, es de seis o más por día, personas accidentadas en carretera ya es común, baleados también, por navaja igual, en grecas también; la sociedad ha cambiado mucho y más es notable en los jóvenes.

Dice la poesía que en los jóvenes está la sangre que habrá de hacer florecer nuevos y mejores tiempos… y vaya que ahora son nuevos pero no mejores esos tiempos.

Don Sergio cuenta cuando en su casa les hizo saber que ingresaría al cuerpo de socorros de la Cruz Roja. La respuesta fue de satisfacción y de reconocimiento por parte de su papá y mamá, así como de sus hermanos.

En las guardas dice, eran 10 o 12 muchachos que pasaban toda la noche en vela, atentos a una situación, las emergencias y el servicio médico de emergencias, eran lo que la Cruz Roja brindaba; actualmente hay otras áreas y más servicios que prestan a la comunidad una gran labor, además de la tarea que realizan de salvar vidas sin ningún distingo de algún tipo.

Había guardias diurnas inclusive, que también eran cuidadas con el mismo compromiso por aquellos jóvenes.

En estas fechas con desamino platica don Sergio, hay guardias nocturnas que solo cuentan con el operador de ambulancia, faltan los socorristas, el personal voluntario, los que van atrás de la unidad, quienes atienden al herido, al enfermo en traslado.

“Hay veces que se tiene que hablar a los compañeros para que vengan a ayudar en un servicio, aunque sí se junta, de todas formas la vocación del servicio voluntario se va perdiendo”.

Se trata de valores, señala don Sergio, se trata de la formación dentro de casa. En sus tiempos recuerda, no se veía a los jóvenes de 16 o 17 años manejando un carro, menos alcoholizados, menos ingiriendo bebidas nocivas para la salud que ahora se venden como refrescos. Las personas que conducían un auto, eran adultos, más los mayores, y ellos no se ponían a manejar en estado inconveniente.

Cincuenta años después, el mundo para don Sergio roto en 180 grados y las cosas se pusieron de cabeza. Ahora los servicios por accidentes viales muchos conductores traen aliento alcohólico, los jóvenes usan drogas, armas, también los adultos pero eso es lo que precisamente cambió, que había más control en las edades cortas, lo que actualmente no pasa.

Don Sergio en el pasar del tiempo ha visto muchas tragedias, pregunto qué momento viene rápido a su memoria en algo así, y va hacia el banco de memorias y de la bóveda no alcanza a extraer un instante preciso pero sí sensaciones que tuvieron un origen dramático y real.

Accidentados que terminaron mutilados de brazos o piernas, de hecho personas degolladas, son las imágenes que vienen a su recuerdo.

Qué ha sido lo más difícil que le ha pasado, insisto, y dice: tener que decirle a un familiar de la persona accidentada que pasó tal cosa, o cuando alguna persona murió en mis manos, la impotencia de no poder hacer nada. Y tener que explicar eso a los acompañantes o familiares, es muy difícil.

En aquellos años los socorristas recibían un curso de primeros auxilios y a la “buena de Dios” eran mandados al campo de batalla, ahora tienen una preparación diferente, están en contaste actualización y hace no mucho dentro de la Cruz Roja se fundó el Instituto la Luz, para la formación de técnicos en laboratorio y emergencias.

Sin embargo, de cada 10 egresos –apenas van dos generaciones- dos a lo mucho se quedan como socorristas voluntarios, el resto, de hecho personas que ya estaban en esta planta, optan por irse a trabajar a las minas, es donde mejor reciben paga, comenta.

Su vida en Cruz Roja le ha hecho ver la vida de otra manera.

Don Sergio dice que cuando más ha visto el sufrimiento y las experiencias fatales, más sentido y respeto por la vida tiene. Toda su vida cambio afirma en los años por los años que ha estado en Cruz Roja, así como las conductas sociales se modificaron para terminar hoy en un estado de salve quien pueda… en el caso de don Sergio la cosa fue diferente. Egresó de técnico en laboratorio del “Tecno”, trabajó hasta la jubilación en ese campo en el IMSS y el ISSSTE, además dicho estudio le dio la oportunidad de ser parte de la creación del laboratorio clínico de la Cruz Roja delegación Durango, es también coordinador actual de veteranos de esta institución y asegura con 69 años hace poco cumplidos que continuará en ésta, “hasta que el cuerpo aguante”.

Era un domingo pero de 1968 cuando Sergio Terán Corral, con 18 años de edad, tuvo su primera guardia como paramédico en el cuerpo de socorristas de la Cruz Roja Mexicana delegación local Durango. La emergencia: una persona herida con arma blanca.

Fue de noche cuando esto ocurrió recuerda don Sergio, el primer llamado de la vocación que luego de 51 años sigue teniendo.

“Fue mi primera noche como socorrista, eso fue el 24 de noviembre de 1968, el primer servicio es el que se toma en cuenta como la fecha de inicio dentro de Cruz Roja, y esto paso que una persona herida con navaja es la que requirió de la atención, el servicio fue en un espacio que estaba atrás de estas instalaciones –el inmueble de la altruista institución en calle 5 de Febrero- que se utilizaba para realizar fiestas, kermeses y otros eventos de ese tipo”.

Al recordar los pasajes de su vida dentro de esta institución don Sergio lleva la mirada hacia el pasado y en su piel la tonalidad cambia, lo que hace notar que una emoción le recorre por la memoria que está por contar.

De ese entonces a la fecha las cosas son muy diferentes en Durango, a nivel social don Sergio es un barómetro que mide la presión con la que antes trabajaban en el área de socorros y con la que ahora se desempeñan.

Cuando joven las cosas que ocurren ahora en cuanto a accidentes son muy diferentes a las de ahora, menciona, los “carrerterazos” eran muy raros y los choques pasaban de vez en cuando. Menos personas heridas por bala o en riñas, eran pocos esos casos.

Y qué ocurre ahora en ese contexto, pues que la atención a accidentes viales, choques, es de seis o más por día, personas accidentadas en carretera ya es común, baleados también, por navaja igual, en grecas también; la sociedad ha cambiado mucho y más es notable en los jóvenes.

Dice la poesía que en los jóvenes está la sangre que habrá de hacer florecer nuevos y mejores tiempos… y vaya que ahora son nuevos pero no mejores esos tiempos.

Don Sergio cuenta cuando en su casa les hizo saber que ingresaría al cuerpo de socorros de la Cruz Roja. La respuesta fue de satisfacción y de reconocimiento por parte de su papá y mamá, así como de sus hermanos.

En las guardas dice, eran 10 o 12 muchachos que pasaban toda la noche en vela, atentos a una situación, las emergencias y el servicio médico de emergencias, eran lo que la Cruz Roja brindaba; actualmente hay otras áreas y más servicios que prestan a la comunidad una gran labor, además de la tarea que realizan de salvar vidas sin ningún distingo de algún tipo.

Había guardias diurnas inclusive, que también eran cuidadas con el mismo compromiso por aquellos jóvenes.

En estas fechas con desamino platica don Sergio, hay guardias nocturnas que solo cuentan con el operador de ambulancia, faltan los socorristas, el personal voluntario, los que van atrás de la unidad, quienes atienden al herido, al enfermo en traslado.

“Hay veces que se tiene que hablar a los compañeros para que vengan a ayudar en un servicio, aunque sí se junta, de todas formas la vocación del servicio voluntario se va perdiendo”.

Se trata de valores, señala don Sergio, se trata de la formación dentro de casa. En sus tiempos recuerda, no se veía a los jóvenes de 16 o 17 años manejando un carro, menos alcoholizados, menos ingiriendo bebidas nocivas para la salud que ahora se venden como refrescos. Las personas que conducían un auto, eran adultos, más los mayores, y ellos no se ponían a manejar en estado inconveniente.

Cincuenta años después, el mundo para don Sergio roto en 180 grados y las cosas se pusieron de cabeza. Ahora los servicios por accidentes viales muchos conductores traen aliento alcohólico, los jóvenes usan drogas, armas, también los adultos pero eso es lo que precisamente cambió, que había más control en las edades cortas, lo que actualmente no pasa.

Don Sergio en el pasar del tiempo ha visto muchas tragedias, pregunto qué momento viene rápido a su memoria en algo así, y va hacia el banco de memorias y de la bóveda no alcanza a extraer un instante preciso pero sí sensaciones que tuvieron un origen dramático y real.

Accidentados que terminaron mutilados de brazos o piernas, de hecho personas degolladas, son las imágenes que vienen a su recuerdo.

Qué ha sido lo más difícil que le ha pasado, insisto, y dice: tener que decirle a un familiar de la persona accidentada que pasó tal cosa, o cuando alguna persona murió en mis manos, la impotencia de no poder hacer nada. Y tener que explicar eso a los acompañantes o familiares, es muy difícil.

En aquellos años los socorristas recibían un curso de primeros auxilios y a la “buena de Dios” eran mandados al campo de batalla, ahora tienen una preparación diferente, están en contaste actualización y hace no mucho dentro de la Cruz Roja se fundó el Instituto la Luz, para la formación de técnicos en laboratorio y emergencias.

Sin embargo, de cada 10 egresos –apenas van dos generaciones- dos a lo mucho se quedan como socorristas voluntarios, el resto, de hecho personas que ya estaban en esta planta, optan por irse a trabajar a las minas, es donde mejor reciben paga, comenta.

Su vida en Cruz Roja le ha hecho ver la vida de otra manera.

Don Sergio dice que cuando más ha visto el sufrimiento y las experiencias fatales, más sentido y respeto por la vida tiene. Toda su vida cambio afirma en los años por los años que ha estado en Cruz Roja, así como las conductas sociales se modificaron para terminar hoy en un estado de salve quien pueda… en el caso de don Sergio la cosa fue diferente. Egresó de técnico en laboratorio del “Tecno”, trabajó hasta la jubilación en ese campo en el IMSS y el ISSSTE, además dicho estudio le dio la oportunidad de ser parte de la creación del laboratorio clínico de la Cruz Roja delegación Durango, es también coordinador actual de veteranos de esta institución y asegura con 69 años hace poco cumplidos que continuará en ésta, “hasta que el cuerpo aguante”.

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