/ martes 23 de junio de 2020

Solo el Covid pudo detenerlo

Alfredo Rodríguez Briones, dedicó su vida al servicio de su profesión a través de la cual pudo ayudar a salvar muchas vidas de quienes seguramente ahora lloran su partida

Apenas el pasado 13 de mayo, había celebrado su cumpleaños número 64 y aunque todo fue muy sencillo, solo con algunos miembros cercanos de su familia, debido a las circunstancias originadas por la pandemia, él lo celebró contento.

Lo imaginas con una sonrisa cándida en su rostro, como siempre lo hacía cuando acudías a él por una entrevista, y es que no era cualquier funcionario público, dedicó 21 años de su vida al Centro Estatal de Transfusión Sanguínea en Durango en donde obtuvo innumerables reconocimientos por su labor al frente de este lugar.

A la par, se desempeñó como jefe del Banco de Sangre del Hospital General de Zona No. 1 del IMSS en la capital duranguense, lugar donde destacó por su amplio conocimiento en el área de Patología Clínica y del que a la fecha estaba retirado.

Foto: Cortesía

Quienes coincidieron con el doctor Alfredo Rodríguez Briones, no solo conocieron a un profesional de la salud, sino a un ser humano preocupado por el bienestar de su familia, sus colaboradores y por supuesto de la sociedad, de ahí que no cesó en acciones que propiciaran la donación de sangre de manera altruista, mismas que lograba a través de campañas realizadas ya sea en el mismo centro, en universidades públicas o empresas.

De ahí que era común encontrarlo en el pasillo que se encuentra en lo que antes era el Hospital General, rodeado de su equipo de trabajo entregando trípticos para invitar a la gente a donar sangre. Su hija recuerda que incluso a ellos los involucraba, así que también era común verlos ahí con una botarga que simulaba una gota de sangre, y es que cualquier cosa que hicieran, era aportar un granito de arena para esa importante labor.

Con este propósito, el doctor Rodríguez Briones se convirtió en el principal impulsor del mejoramiento de las instalaciones del CETS, que finalmente lo llevó a lograr que Durango fuera beneficiado con el mejor prototipo de bancos de sangre del país, gracias a los procedimientos clínicos que fueron perfeccionándose y hoy en día se implementan al interior del mismo.

Sofía Marrufo fue su mano derecha durante 30 años, lo recuerda como un hombre compasivo que podía ver más allá de la persona, él entendía el sufrimiento y lo convertía en esperanza, “tenía la capacidad transformar las tragedias en bendiciones”, recuerda, y eso al final de su vida se vio reflejado en múltiples mensajes de duelo por parte de quienes tuvieron la oportunidad de convivir con él.

“Mi papi fue un excelente proveedor, consejero y toda su vida nos enseñó a que teníamos que ayudar a los demás”, comenta su hija Cecy con un orgullo en su tono de voz al contarlo, y una satisfacción por saber que incluso en los últimos días de su vida no paró de ayudar a los demás, pues acudió al Hospital General 450, su lugar de trabajo, para entregar caretas hechas por sus nietos, al personal de salud, además de despensas a quienes en ese momento no la estaban pasando nada bien.

Cecy cuenta con gracia que su papá tenía cerca de 200 ahijados, a la gran mayoría les había salvado la vida a través de proveer la sangre que necesitaban para sobrevivir y en agradecimiento los padres decidían convertirlo en compadre, “mi papá podía convivir lo mismo con gente de muy escasos recursos, que con funcionarios con quienes trabajaba, pero siempre ayudando a todo mundo”, de ahí que durante la misa que se le ofreció al partir, y que por la situación fue compartida través de Facebook, había conectados un centenar de personas que siguieron la transmisión hasta el final.

Su partida

Todo comenzó con un cuadro de neumonía, que se complicó con el frágil estado de salud que él ya presentaba, pues en el año 2013 había sido sometido a una cirugía a corazón abierto, pese a ello y aunque conocía los riesgos que implicaba estar en uno de los epicentros de la enfermedad, nunca dejó de asistir y apoyar a sus compañeros en lo que se necesitaba, por eso sus más allegados están convencidos que de ahí vino el contagio.

Durante tres días recibió tratamiento en casa, con los medicamentos y cuidados por parte de uno de sus hijos, también médico, quien se encargaba de atenderlos a él y su esposa. Al parecer todo iba bien, incluso hacía videollamadas con ellos y se le veía un buen semblante.

Pero todo cambió de un momento a otro, cuando el virus atacó a su corazón, lo más frágil de su cuerpo y que finalmente lo llevó a la Unidad Coronaria, para posteriormente entubarlo y con esto ayudar a sus pulmones para restarle trabajo al corazón.

Sin embargo este ya no resistió y luego de seis horas de estar con un respirador artificial, desafortunadamente perdió la batalla contra el Covid-19.

Sin duda el doctor Alfredo Rodríguez Briones deja un legado importante en el mundo de la medicina en Durango y en el corazón de muchas personas, quienes ahora se encuentran agradecidos con él por haberlos ayudado cuando más lo necesitaban.

Apenas el pasado 13 de mayo, había celebrado su cumpleaños número 64 y aunque todo fue muy sencillo, solo con algunos miembros cercanos de su familia, debido a las circunstancias originadas por la pandemia, él lo celebró contento.

Lo imaginas con una sonrisa cándida en su rostro, como siempre lo hacía cuando acudías a él por una entrevista, y es que no era cualquier funcionario público, dedicó 21 años de su vida al Centro Estatal de Transfusión Sanguínea en Durango en donde obtuvo innumerables reconocimientos por su labor al frente de este lugar.

A la par, se desempeñó como jefe del Banco de Sangre del Hospital General de Zona No. 1 del IMSS en la capital duranguense, lugar donde destacó por su amplio conocimiento en el área de Patología Clínica y del que a la fecha estaba retirado.

Foto: Cortesía

Quienes coincidieron con el doctor Alfredo Rodríguez Briones, no solo conocieron a un profesional de la salud, sino a un ser humano preocupado por el bienestar de su familia, sus colaboradores y por supuesto de la sociedad, de ahí que no cesó en acciones que propiciaran la donación de sangre de manera altruista, mismas que lograba a través de campañas realizadas ya sea en el mismo centro, en universidades públicas o empresas.

De ahí que era común encontrarlo en el pasillo que se encuentra en lo que antes era el Hospital General, rodeado de su equipo de trabajo entregando trípticos para invitar a la gente a donar sangre. Su hija recuerda que incluso a ellos los involucraba, así que también era común verlos ahí con una botarga que simulaba una gota de sangre, y es que cualquier cosa que hicieran, era aportar un granito de arena para esa importante labor.

Con este propósito, el doctor Rodríguez Briones se convirtió en el principal impulsor del mejoramiento de las instalaciones del CETS, que finalmente lo llevó a lograr que Durango fuera beneficiado con el mejor prototipo de bancos de sangre del país, gracias a los procedimientos clínicos que fueron perfeccionándose y hoy en día se implementan al interior del mismo.

Sofía Marrufo fue su mano derecha durante 30 años, lo recuerda como un hombre compasivo que podía ver más allá de la persona, él entendía el sufrimiento y lo convertía en esperanza, “tenía la capacidad transformar las tragedias en bendiciones”, recuerda, y eso al final de su vida se vio reflejado en múltiples mensajes de duelo por parte de quienes tuvieron la oportunidad de convivir con él.

“Mi papi fue un excelente proveedor, consejero y toda su vida nos enseñó a que teníamos que ayudar a los demás”, comenta su hija Cecy con un orgullo en su tono de voz al contarlo, y una satisfacción por saber que incluso en los últimos días de su vida no paró de ayudar a los demás, pues acudió al Hospital General 450, su lugar de trabajo, para entregar caretas hechas por sus nietos, al personal de salud, además de despensas a quienes en ese momento no la estaban pasando nada bien.

Cecy cuenta con gracia que su papá tenía cerca de 200 ahijados, a la gran mayoría les había salvado la vida a través de proveer la sangre que necesitaban para sobrevivir y en agradecimiento los padres decidían convertirlo en compadre, “mi papá podía convivir lo mismo con gente de muy escasos recursos, que con funcionarios con quienes trabajaba, pero siempre ayudando a todo mundo”, de ahí que durante la misa que se le ofreció al partir, y que por la situación fue compartida través de Facebook, había conectados un centenar de personas que siguieron la transmisión hasta el final.

Su partida

Todo comenzó con un cuadro de neumonía, que se complicó con el frágil estado de salud que él ya presentaba, pues en el año 2013 había sido sometido a una cirugía a corazón abierto, pese a ello y aunque conocía los riesgos que implicaba estar en uno de los epicentros de la enfermedad, nunca dejó de asistir y apoyar a sus compañeros en lo que se necesitaba, por eso sus más allegados están convencidos que de ahí vino el contagio.

Durante tres días recibió tratamiento en casa, con los medicamentos y cuidados por parte de uno de sus hijos, también médico, quien se encargaba de atenderlos a él y su esposa. Al parecer todo iba bien, incluso hacía videollamadas con ellos y se le veía un buen semblante.

Pero todo cambió de un momento a otro, cuando el virus atacó a su corazón, lo más frágil de su cuerpo y que finalmente lo llevó a la Unidad Coronaria, para posteriormente entubarlo y con esto ayudar a sus pulmones para restarle trabajo al corazón.

Sin embargo este ya no resistió y luego de seis horas de estar con un respirador artificial, desafortunadamente perdió la batalla contra el Covid-19.

Sin duda el doctor Alfredo Rodríguez Briones deja un legado importante en el mundo de la medicina en Durango y en el corazón de muchas personas, quienes ahora se encuentran agradecidos con él por haberlos ayudado cuando más lo necesitaban.

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