/ domingo 7 de julio de 2024

La oración del justo puede mucho

El libro de Daniel es la autobiografía de un estadista que fue deportado en su adolescencia y reclutado por el imperio babilónico para el servicio real, en el cual permaneció prácticamente por setenta años; manteniendo intactas sus convicciones y lealtad a Dios, en medio de una cultura pagana, y de regímenes absolutistas caracterizados por la crueldad y despotismo. A pesar de ser estar repleto de lecciones de política interna, Daniel es un libro que nos enseña mucho sobre la verdadera y efectiva oración.

Se que no suena popular en estos días el tema de la oración, y menos en relación con la política, pero la realidad es que la clave de su éxito como funcionario público fue la oración. Daniel tenía el hábito de orar porque su fe se basaba en una relación con Dios y no en un acto religioso: “Cuando Daniel se enteró de la publicación del decreto, se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día.” (Daniel 6:10 NVI)

Ninguno de nosotros es justo por su propio mérito. Hemos sido justificados por Dios en Cristo, así que la redención es la base de nuestra relación y esta debe ser la de nuestra oración. No tenemos otra forma de acceder al Padre más que por los méritos del Hijo. “Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.” (Romanos 5:1)

La relación que se fundamenta en la filiación es lo que nos da confianza para orar con fe. En cierta ocasión los discípulos le preguntaron a Jesús cómo orar y el les enseño el “Padre Nuestro”. Y también utilizó una comparación contundente: “…Pues, si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!»“ (Lucas 11:11-13 NVI)

Si te identificas con aquellos que aún no tienen una relación con Dios, quiero decirte que tus oraciones puede que sean solo actos religiosos o métodos de manipulación. Pero nada te impide de puedes acceder a tener una relación con Dios a partir de poner tu fe en Jesucristo y entonces esta promesa será para ti porque “la oración del justo puede mucho”.

leonardolombar@gmail.com

El libro de Daniel es la autobiografía de un estadista que fue deportado en su adolescencia y reclutado por el imperio babilónico para el servicio real, en el cual permaneció prácticamente por setenta años; manteniendo intactas sus convicciones y lealtad a Dios, en medio de una cultura pagana, y de regímenes absolutistas caracterizados por la crueldad y despotismo. A pesar de ser estar repleto de lecciones de política interna, Daniel es un libro que nos enseña mucho sobre la verdadera y efectiva oración.

Se que no suena popular en estos días el tema de la oración, y menos en relación con la política, pero la realidad es que la clave de su éxito como funcionario público fue la oración. Daniel tenía el hábito de orar porque su fe se basaba en una relación con Dios y no en un acto religioso: “Cuando Daniel se enteró de la publicación del decreto, se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día.” (Daniel 6:10 NVI)

Ninguno de nosotros es justo por su propio mérito. Hemos sido justificados por Dios en Cristo, así que la redención es la base de nuestra relación y esta debe ser la de nuestra oración. No tenemos otra forma de acceder al Padre más que por los méritos del Hijo. “Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.” (Romanos 5:1)

La relación que se fundamenta en la filiación es lo que nos da confianza para orar con fe. En cierta ocasión los discípulos le preguntaron a Jesús cómo orar y el les enseño el “Padre Nuestro”. Y también utilizó una comparación contundente: “…Pues, si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!»“ (Lucas 11:11-13 NVI)

Si te identificas con aquellos que aún no tienen una relación con Dios, quiero decirte que tus oraciones puede que sean solo actos religiosos o métodos de manipulación. Pero nada te impide de puedes acceder a tener una relación con Dios a partir de poner tu fe en Jesucristo y entonces esta promesa será para ti porque “la oración del justo puede mucho”.

leonardolombar@gmail.com