/ viernes 15 de mayo de 2020

“Me gusta ser parte del proceso de aprendizaje”

Para ser docente se necesita algo más que un título universitario, se requiere amor y vocación por la enseñanza

Son muchos los que de pequeños sueñan con ser docentes, estar frente a un grupo de alumnos y trasmitirles todos esos conocimientos; sin embargo no todos tienen la paciencia, el amor y eso que llaman vocación para llevarlo a la realidad. A veces hay que estar ahí todos los días para verlo de cerca, apreciarlo y al final estar seguros de que eso es lo que deseas hacer por el resto de tu vida.

Rita Sugey Mercado Bonilla creció en una familia de maestros, sin duda sus padres le dieron el mejor ejemplo de lo que es tenerle amor a su profesión al verlos entregarse al cien por ciento a sus alumnos, dedicarles su paciencia, su tiempo y todo cuanto podían, y años después saber que dejaron un poco de ellos en esa persona que ahora es padre de familia, para ella fue una motivación constante y una revelación que poco a poco la encaminó a lo que ella considera una “bonita profesión”.

Llegar a estar frente a un grupo de alumnos no es una tarea fácil, antes debes prepararte, saber que realmente estás hecha para lidiar con lo que significa tener a 10, 15 o 20 niños a tu cargo y que estás dispuesta a ir hasta donde tus alumnos te necesiten.

Ese es el caso de Rita quien debe viajar entre nueve y 12 horas cada inicio del ciclo escolar para llegar hasta Tayoltita, cabecera de San Dimas, un municipio ubicado en la sierra duranguense, donde quienes han experimentado la aventura del viaje, aseguran que para llegar hasta ahí debes transitar caminos sinuosos, y para bajar hasta ahí debes bajar como si fueras en un espiral, en un autobús que sortea todos esos inconvenientes, aunque siempre acompañado del hermoso paisaje que te brinda la Sierra Madre Occidental.

En realidad eso no importa mucho cuando tienes el primer contacto con los alumnos al llegar al salón de clases. Actualmente Rita se dedica a la educación especial en un Centro de Atención Múltiple (CAM), su trabajo le gusta porque al ser Terapeuta de la Comunicación Humana, y dedicarse también a ello, el hecho de convivir con los niños a través de un proceso de enseñanza le ha dado los conocimientos y la experiencia necesaria para enriquecerse como persona y profesional de educación.

“Lo que más me gusta de la enseñanza es que tengo esa oportunidad de convivir con los alumnos, de saber qué pueden hacer, qué necesitan ellos aprender, conocer su espontaneidad, su naturaleza curiosa e investigadora. Me gusta mucho ser parte de ese proceso de aprendizaje”, dice con un tono de voz de quien está convencida del amor que siente hacia el trabajo que realiza.

Pero toda esa emoción que le causa ser parte de la transformación de una persona, se desvanece cuando habla de lo decepcionante que es el sistema educativo estructurado que ha obligado a los docentes a meter a los niños en “un aprendizaje esperado”, y es que según explica, “siento que los limitamos, es muy difícil dejarlos ser, explorar y que nazca su curiosidad, hacerlos dudar y que desarrollen un pensamiento crítico”, todas esas reglas, dejan al niño sin la oportunidad de ser ellos mismos.

Ahora en el trabajo que desarrolla en el CAM siente que por fin se empatan sus dos grandes pasiones, porque además de apoyar a los alumnos a través de sus conocimientos como terapeuta, ella aprende mucho más de ellos.

“Nos cayó por sorpresa”, dijo el secretario de Educación en el estado, Rubén Calderón Luján al referirse al tema de la pandemia que llegó con los primeros casos a mediados del mes de febrero. Y claro esa sorpresa llegó para todo el sistema educativo que ante una situación de esta naturaleza debió adecuar sus programas de estudio a una plataforma digital, de tal manera que maestros y alumnos pudieran tomar clases desde sus casas.

Para Rita, como para cualquier otro maestro ha sido difícil ajustarse a este modo de trabajo, pues no les pueden exigir a los padres que lo hagan de la manera en la que lo haría un profesor, y esto significa permitirle al niño equivocarse, no hacerlo llorar con regaños y borrar su trabajo.

“Yo los insto a que me dejen ver cómo lo hicieron, porque en este punto yo conozco hasta donde pueden llegar, ya que muchos de mis alumnos tienen problemas para consolidar el proceso de lectoescritura, de pensamiento lógico matemático y comprensión general del lenguaje”, comenta. De ahí que los padres deben poner de su parte y comprometerse con el apoyo hacia sus hijos.

Sin embargo en un lugar como Tayoltita, donde el padre es el proveedor y la madre quien está al frente de los quehaceres del hogar y la atención de los hijos, ella tiene mayor contacto con madres de familia, a quienes debe darles instrucciones sencillas y claras para que el alumno realice sus actividades y además se comprometan a enviar evidencias como fotografías o videos.

Aunque ha tenido respuesta positiva por parte de ellas, la realidad es que del 100% de los alumnos, solo trabaja con el 33%, el resto se resiste debido a que además tienen otras preocupaciones con las clases en el aula regular.

De las aulas, a la casa, así fue el cambio que generó la pandemia en la forma de impartir clases

La necesidad de quedarse en casa y dejar de asistir a la escuela les ha dado la oportunidad de integrar el uso de la tecnología como el Whatsapp y las herramientas que ofrece Google para la comunicación a distancia. Pese a ello debe imprimir las actividades para el alumno, buscarlos hasta el lugar donde viven y entregarles en persona los trabajos.

“Nos presenta un reto muy grande, a través de webinar la SEP nos sugiere hacer una página de Google, usar las herramientas para el maestro, grabar evidencias, involucrarnos en las nuevas tecnologías, nuevas en apariencia, pero siempre se está conectado a través de este medio”, señala.

Ahora el reto es formar en los alumnos un pensamiento crítico que muchas veces no se desarrolla en una clase tradicional, así como el aprendizaje de que para las autoridades educativas solo se trata de números “las personas, los niños, los maestros son números, efectivos, fríos y en la realidad para nosotros como maestros no es así. Es el niño, el alumno, es lo que él puede y lo que siente y ellos deberían ser más acordes a lo que es la realidad de la educación”.

Son muchos los que de pequeños sueñan con ser docentes, estar frente a un grupo de alumnos y trasmitirles todos esos conocimientos; sin embargo no todos tienen la paciencia, el amor y eso que llaman vocación para llevarlo a la realidad. A veces hay que estar ahí todos los días para verlo de cerca, apreciarlo y al final estar seguros de que eso es lo que deseas hacer por el resto de tu vida.

Rita Sugey Mercado Bonilla creció en una familia de maestros, sin duda sus padres le dieron el mejor ejemplo de lo que es tenerle amor a su profesión al verlos entregarse al cien por ciento a sus alumnos, dedicarles su paciencia, su tiempo y todo cuanto podían, y años después saber que dejaron un poco de ellos en esa persona que ahora es padre de familia, para ella fue una motivación constante y una revelación que poco a poco la encaminó a lo que ella considera una “bonita profesión”.

Llegar a estar frente a un grupo de alumnos no es una tarea fácil, antes debes prepararte, saber que realmente estás hecha para lidiar con lo que significa tener a 10, 15 o 20 niños a tu cargo y que estás dispuesta a ir hasta donde tus alumnos te necesiten.

Ese es el caso de Rita quien debe viajar entre nueve y 12 horas cada inicio del ciclo escolar para llegar hasta Tayoltita, cabecera de San Dimas, un municipio ubicado en la sierra duranguense, donde quienes han experimentado la aventura del viaje, aseguran que para llegar hasta ahí debes transitar caminos sinuosos, y para bajar hasta ahí debes bajar como si fueras en un espiral, en un autobús que sortea todos esos inconvenientes, aunque siempre acompañado del hermoso paisaje que te brinda la Sierra Madre Occidental.

En realidad eso no importa mucho cuando tienes el primer contacto con los alumnos al llegar al salón de clases. Actualmente Rita se dedica a la educación especial en un Centro de Atención Múltiple (CAM), su trabajo le gusta porque al ser Terapeuta de la Comunicación Humana, y dedicarse también a ello, el hecho de convivir con los niños a través de un proceso de enseñanza le ha dado los conocimientos y la experiencia necesaria para enriquecerse como persona y profesional de educación.

“Lo que más me gusta de la enseñanza es que tengo esa oportunidad de convivir con los alumnos, de saber qué pueden hacer, qué necesitan ellos aprender, conocer su espontaneidad, su naturaleza curiosa e investigadora. Me gusta mucho ser parte de ese proceso de aprendizaje”, dice con un tono de voz de quien está convencida del amor que siente hacia el trabajo que realiza.

Pero toda esa emoción que le causa ser parte de la transformación de una persona, se desvanece cuando habla de lo decepcionante que es el sistema educativo estructurado que ha obligado a los docentes a meter a los niños en “un aprendizaje esperado”, y es que según explica, “siento que los limitamos, es muy difícil dejarlos ser, explorar y que nazca su curiosidad, hacerlos dudar y que desarrollen un pensamiento crítico”, todas esas reglas, dejan al niño sin la oportunidad de ser ellos mismos.

Ahora en el trabajo que desarrolla en el CAM siente que por fin se empatan sus dos grandes pasiones, porque además de apoyar a los alumnos a través de sus conocimientos como terapeuta, ella aprende mucho más de ellos.

“Nos cayó por sorpresa”, dijo el secretario de Educación en el estado, Rubén Calderón Luján al referirse al tema de la pandemia que llegó con los primeros casos a mediados del mes de febrero. Y claro esa sorpresa llegó para todo el sistema educativo que ante una situación de esta naturaleza debió adecuar sus programas de estudio a una plataforma digital, de tal manera que maestros y alumnos pudieran tomar clases desde sus casas.

Para Rita, como para cualquier otro maestro ha sido difícil ajustarse a este modo de trabajo, pues no les pueden exigir a los padres que lo hagan de la manera en la que lo haría un profesor, y esto significa permitirle al niño equivocarse, no hacerlo llorar con regaños y borrar su trabajo.

“Yo los insto a que me dejen ver cómo lo hicieron, porque en este punto yo conozco hasta donde pueden llegar, ya que muchos de mis alumnos tienen problemas para consolidar el proceso de lectoescritura, de pensamiento lógico matemático y comprensión general del lenguaje”, comenta. De ahí que los padres deben poner de su parte y comprometerse con el apoyo hacia sus hijos.

Sin embargo en un lugar como Tayoltita, donde el padre es el proveedor y la madre quien está al frente de los quehaceres del hogar y la atención de los hijos, ella tiene mayor contacto con madres de familia, a quienes debe darles instrucciones sencillas y claras para que el alumno realice sus actividades y además se comprometan a enviar evidencias como fotografías o videos.

Aunque ha tenido respuesta positiva por parte de ellas, la realidad es que del 100% de los alumnos, solo trabaja con el 33%, el resto se resiste debido a que además tienen otras preocupaciones con las clases en el aula regular.

De las aulas, a la casa, así fue el cambio que generó la pandemia en la forma de impartir clases

La necesidad de quedarse en casa y dejar de asistir a la escuela les ha dado la oportunidad de integrar el uso de la tecnología como el Whatsapp y las herramientas que ofrece Google para la comunicación a distancia. Pese a ello debe imprimir las actividades para el alumno, buscarlos hasta el lugar donde viven y entregarles en persona los trabajos.

“Nos presenta un reto muy grande, a través de webinar la SEP nos sugiere hacer una página de Google, usar las herramientas para el maestro, grabar evidencias, involucrarnos en las nuevas tecnologías, nuevas en apariencia, pero siempre se está conectado a través de este medio”, señala.

Ahora el reto es formar en los alumnos un pensamiento crítico que muchas veces no se desarrolla en una clase tradicional, así como el aprendizaje de que para las autoridades educativas solo se trata de números “las personas, los niños, los maestros son números, efectivos, fríos y en la realidad para nosotros como maestros no es así. Es el niño, el alumno, es lo que él puede y lo que siente y ellos deberían ser más acordes a lo que es la realidad de la educación”.

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