/ viernes 20 de septiembre de 2019

En cartera

¿Después de 36 años se terminó con modelo económico neoliberal?

La situación de crisis que aún padecemos es producto del modelo neoliberal que adoptó México desde el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) y continuó con más énfasis con Enrique Peña Nieto (2012-2018) mantuvieron dando paso a una generación marcada por el desaliento y la desolación.

Después de 36 años de haber sido implementado, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que su ciclo había terminado, y que trabaja incansablemente pare evitar su regreso.

México perdió el rumbo. El presidente López Obrador recibe un país difícil, nada fácil. Existen muchos retos, muchos rezagos ancestrales, con un presupuesto en el 2018 de alrededor de 5.2 billones de pesos, destinado en su mayoría a subsidiar la ineficiencia en rubros (educación, salud), en programas (Procampo, Oportunidades) y partidas (burocracia, partidos políticos, diputados, senadores, funcionarios, organismos autónomos como el IFE, etc.).

Aunque exista la obligada ruta de la Constitución que fija principios y objetivos, no se cumplen, ya que con el neoliberalismo se suplantó con una ideología que la contradice y que prescribe al subordinarse al “mercado” –a su mano invisible- que son los intereses dominantes de los organismos financieros internacionales, las trasnacionales y el imperio de nuestro vecino al norte.

Se conmemora la Constitución y nuestras fechas históricas, a la americana, fuera de su fecha histórica, para no entorpecer los puentes.

Las circunstancias determinan “prioridades”. Calderón y su empecinada lucha contra el narcotráfico con el fin de legitimarse, ampliamente considerada infructuosa, limitada a la violencia, omisa en el control del lavado de dinero, omisa en atender sus causas sociales y, de igual gravedad, sesgada según la influyente revista The Economist.

López Obrador dijo que la estrategia sería integral con el objetivo de rescatar también a las sociedades envueltas en su zona de influencia.

El plan del Ejecutivo significa acompañar todo el proceso con políticas sociales, reconfigurar a las policías del país a través de la Guardia Nacional, reconstruir a las procuradurías y fiscalías y, en particular, brindar alternativas a los jóvenes a quienes se les han negado espacios educativos y empleo, de ahí el programa de becas para laborar con aprendices en esfuerzo conjunto con la iniciativa privada, porque a este sector le corresponsable ofrecer los empleos que demanda la sociedad, a la cual se debe.

El neoliberalismo con sus nefastos resultados: el irrefrenable empobrecimiento de la población y el enriquecimiento concentrado en 40 familias, por valores trastocados y la corrupción e impunidad generalizada; contempló impávido la descomposición social, política, moral del país, propicia el crimen y el desgobierno.

La política exterior también perdió el rumbo, levantamos la mano cuando lo indican los intereses del imperio, recordemos el vergonzoso “comes y te vas” de Fox a Fidel Castro. Anunciaban endurecimiento migratorio y ningún comentario, no hay más rumbo que el que nos señalen. Viene la reelección y Trump tras el voto de los migrantes.

Y en lo electoral, se pierden principios y valores por el poder, el PAN y la izquierda concretan alianzas. Ganar como sea. “Haiga sido como haiga sido”, dijo Calderón. En el mundo, las alianzas se dan entre fuerzas definidas ideológicamente para objetivos explícitos y convenios electorales auténticos. En México se da entre “élites” afines, en la partidocracia antidemocrática. Ahora anuncian las élites una posible alianza entre el PRI y el PAN, con el fin de intentar de ganarle a Morena.

Los programas contra la pobreza emprendidos por los gobiernos neoliberales resultaron ineficaces, razón por la cual México se reafirma como uno de los países con la peor distribución de riqueza en el mundo, según concluye la Comisión Europea en un memorándum interno dirigido al Comité para el Instrumento de la Cooperación al Desarrollo del Consejo Europeo, que componen los 27 países asociados.

Puntualiza el documento: “El contexto socio-económico de México está caracterizado por una extendida pobreza y una de las más desiguales distribuciones de ingresos del mundo. Los logros en la reducción de la pobreza en los últimos años han sido limitados y los enormes intereses de los grupos políticos han actuado como un freno a la toma de decisiones políticas y a la implementación de reformas” en la materia.

Corrupción en todos lados y por todas partes. Los panistas en el poder tardaron 10 años en descubrir que Procampo, el programa más importante de apoyo a la producción agropecuaria, era un fracaso. Se constató que los funcionarios responsables decidieron seguir quebrantando la ley y la ética. Y no se molestaron en negarlo. Cínicos funcionarios, políticos, incluso presuntos delincuentes, permanecieron en la lista de beneficiarios.

Un campo olvidado, sin tecnología, sin equipamiento, sin infraestructura hidráulica, sin programas efectivos contra las sequías ni contra las inundaciones, el campesino en las garras del “coyote” cuando hay cosecha, es decir, sin esquemas de comercialización, porque las comercializadoras resultaron explotadoras de las necesidades del campesino, les toman las cosechas y no se las pagan en tiempo y forma, bajo la protección de las autoridades del sector.

Por todos lados la corrupción, el abuso y la impunidad. Y lo peor, para el presupuesto del próximo año, el gobierno federal contempla una disminución de recursos destinados a este sector.

En México el 25% de la población habita en zonas rurales y sólo tiene acceso al 6% de la riqueza del país. Se trata de la geografía más pobre y desigual. El 30% de los terrenos del campo mexicano combinan cultivos legales con plantíos de mariguana y amapola. Para un negocio que recaba anualmente alrededor de 30 mil millones de dólares, pagar a campesinos pobres lo que no ganan con la renta común resulta muy rentable.

En el colmo del conflicto de intereses, lo dieron a conocer diversos medios de comunicación: el entonces secretario de Agricultura, Francisco Javier Mayorga Castañeda y también su familia, recibían recursos de Procampo, millones de pesos (14) provenientes de nuestros impuestos. Cuando en el artículo sexto de las normas de operación de Sagarpa se estipula: “Los servidores públicos, bajo ningún concepto podrán ser beneficiarios de los programas”.

Fuimos testigos de una negligencia con todas las fachas de corrupción y un gobierno federal que parecía encantado con dejar las cosas como estaban. La Secretaría de la Función Pública (es el despacho del Poder Ejecutivo federal con funciones de Contraloría) obligada por ley a perseguir irregularidades como las descritas, hizo caso omiso a todas las evidencias desde el destino de recursos de los programas hasta la Casa Blanca, el huachicol y muchas más que hoy se destapan como el de la “estafa maestra”. Una incongruencia que dependiera del titular del Ejecutivo, con la misión de vigilar las operaciones del Ejecutivo. Simple gatopardismo.

Con López Obrador se ha emprendido un viraje en el manejo de las finanzas públicas, al dejar de orientarlas al beneficio de los grandes capitales y ponerlas al servicio del bienestar de la mayoría de la población, regresando al modelo que establecía nuestra Constitución, el de Economía Mixta.

Bien señala el economista José Luis Calva, la clave consiste en atreverse a cambiar, cancelando el experimento neoliberal. De otro modo, la historia de nuestro pasado reciente -casi cuatro décadas perdidas para el desarrollo- será el espejo de nuestro futuro.

¿Después de 36 años se terminó con modelo económico neoliberal?

La situación de crisis que aún padecemos es producto del modelo neoliberal que adoptó México desde el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) y continuó con más énfasis con Enrique Peña Nieto (2012-2018) mantuvieron dando paso a una generación marcada por el desaliento y la desolación.

Después de 36 años de haber sido implementado, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que su ciclo había terminado, y que trabaja incansablemente pare evitar su regreso.

México perdió el rumbo. El presidente López Obrador recibe un país difícil, nada fácil. Existen muchos retos, muchos rezagos ancestrales, con un presupuesto en el 2018 de alrededor de 5.2 billones de pesos, destinado en su mayoría a subsidiar la ineficiencia en rubros (educación, salud), en programas (Procampo, Oportunidades) y partidas (burocracia, partidos políticos, diputados, senadores, funcionarios, organismos autónomos como el IFE, etc.).

Aunque exista la obligada ruta de la Constitución que fija principios y objetivos, no se cumplen, ya que con el neoliberalismo se suplantó con una ideología que la contradice y que prescribe al subordinarse al “mercado” –a su mano invisible- que son los intereses dominantes de los organismos financieros internacionales, las trasnacionales y el imperio de nuestro vecino al norte.

Se conmemora la Constitución y nuestras fechas históricas, a la americana, fuera de su fecha histórica, para no entorpecer los puentes.

Las circunstancias determinan “prioridades”. Calderón y su empecinada lucha contra el narcotráfico con el fin de legitimarse, ampliamente considerada infructuosa, limitada a la violencia, omisa en el control del lavado de dinero, omisa en atender sus causas sociales y, de igual gravedad, sesgada según la influyente revista The Economist.

López Obrador dijo que la estrategia sería integral con el objetivo de rescatar también a las sociedades envueltas en su zona de influencia.

El plan del Ejecutivo significa acompañar todo el proceso con políticas sociales, reconfigurar a las policías del país a través de la Guardia Nacional, reconstruir a las procuradurías y fiscalías y, en particular, brindar alternativas a los jóvenes a quienes se les han negado espacios educativos y empleo, de ahí el programa de becas para laborar con aprendices en esfuerzo conjunto con la iniciativa privada, porque a este sector le corresponsable ofrecer los empleos que demanda la sociedad, a la cual se debe.

El neoliberalismo con sus nefastos resultados: el irrefrenable empobrecimiento de la población y el enriquecimiento concentrado en 40 familias, por valores trastocados y la corrupción e impunidad generalizada; contempló impávido la descomposición social, política, moral del país, propicia el crimen y el desgobierno.

La política exterior también perdió el rumbo, levantamos la mano cuando lo indican los intereses del imperio, recordemos el vergonzoso “comes y te vas” de Fox a Fidel Castro. Anunciaban endurecimiento migratorio y ningún comentario, no hay más rumbo que el que nos señalen. Viene la reelección y Trump tras el voto de los migrantes.

Y en lo electoral, se pierden principios y valores por el poder, el PAN y la izquierda concretan alianzas. Ganar como sea. “Haiga sido como haiga sido”, dijo Calderón. En el mundo, las alianzas se dan entre fuerzas definidas ideológicamente para objetivos explícitos y convenios electorales auténticos. En México se da entre “élites” afines, en la partidocracia antidemocrática. Ahora anuncian las élites una posible alianza entre el PRI y el PAN, con el fin de intentar de ganarle a Morena.

Los programas contra la pobreza emprendidos por los gobiernos neoliberales resultaron ineficaces, razón por la cual México se reafirma como uno de los países con la peor distribución de riqueza en el mundo, según concluye la Comisión Europea en un memorándum interno dirigido al Comité para el Instrumento de la Cooperación al Desarrollo del Consejo Europeo, que componen los 27 países asociados.

Puntualiza el documento: “El contexto socio-económico de México está caracterizado por una extendida pobreza y una de las más desiguales distribuciones de ingresos del mundo. Los logros en la reducción de la pobreza en los últimos años han sido limitados y los enormes intereses de los grupos políticos han actuado como un freno a la toma de decisiones políticas y a la implementación de reformas” en la materia.

Corrupción en todos lados y por todas partes. Los panistas en el poder tardaron 10 años en descubrir que Procampo, el programa más importante de apoyo a la producción agropecuaria, era un fracaso. Se constató que los funcionarios responsables decidieron seguir quebrantando la ley y la ética. Y no se molestaron en negarlo. Cínicos funcionarios, políticos, incluso presuntos delincuentes, permanecieron en la lista de beneficiarios.

Un campo olvidado, sin tecnología, sin equipamiento, sin infraestructura hidráulica, sin programas efectivos contra las sequías ni contra las inundaciones, el campesino en las garras del “coyote” cuando hay cosecha, es decir, sin esquemas de comercialización, porque las comercializadoras resultaron explotadoras de las necesidades del campesino, les toman las cosechas y no se las pagan en tiempo y forma, bajo la protección de las autoridades del sector.

Por todos lados la corrupción, el abuso y la impunidad. Y lo peor, para el presupuesto del próximo año, el gobierno federal contempla una disminución de recursos destinados a este sector.

En México el 25% de la población habita en zonas rurales y sólo tiene acceso al 6% de la riqueza del país. Se trata de la geografía más pobre y desigual. El 30% de los terrenos del campo mexicano combinan cultivos legales con plantíos de mariguana y amapola. Para un negocio que recaba anualmente alrededor de 30 mil millones de dólares, pagar a campesinos pobres lo que no ganan con la renta común resulta muy rentable.

En el colmo del conflicto de intereses, lo dieron a conocer diversos medios de comunicación: el entonces secretario de Agricultura, Francisco Javier Mayorga Castañeda y también su familia, recibían recursos de Procampo, millones de pesos (14) provenientes de nuestros impuestos. Cuando en el artículo sexto de las normas de operación de Sagarpa se estipula: “Los servidores públicos, bajo ningún concepto podrán ser beneficiarios de los programas”.

Fuimos testigos de una negligencia con todas las fachas de corrupción y un gobierno federal que parecía encantado con dejar las cosas como estaban. La Secretaría de la Función Pública (es el despacho del Poder Ejecutivo federal con funciones de Contraloría) obligada por ley a perseguir irregularidades como las descritas, hizo caso omiso a todas las evidencias desde el destino de recursos de los programas hasta la Casa Blanca, el huachicol y muchas más que hoy se destapan como el de la “estafa maestra”. Una incongruencia que dependiera del titular del Ejecutivo, con la misión de vigilar las operaciones del Ejecutivo. Simple gatopardismo.

Con López Obrador se ha emprendido un viraje en el manejo de las finanzas públicas, al dejar de orientarlas al beneficio de los grandes capitales y ponerlas al servicio del bienestar de la mayoría de la población, regresando al modelo que establecía nuestra Constitución, el de Economía Mixta.

Bien señala el economista José Luis Calva, la clave consiste en atreverse a cambiar, cancelando el experimento neoliberal. De otro modo, la historia de nuestro pasado reciente -casi cuatro décadas perdidas para el desarrollo- será el espejo de nuestro futuro.

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