/ miércoles 8 de septiembre de 2021

[VIDEO] ¿Sabías que la comida puede ser tu medicina? Aquí te contamos

Hay alimentos que tienen las propiedades necesarias para promover la salud, prevenir enfermedades o aminorar los padecimientos

Es un error muy común, creer que por un susto, un momento traumático o estresante, se puede generar una enfermedad como la diabetes o la hipertensión, cuando la realidad es que se produce por diversos factores como el sedentarismo, sobrepeso, obesidad, toxicomanías, tabaquismo, alcoholismo, entre otras, pero sobretodo porque tardan entre 8 y 10 años para desarrollarse, por eso la prevención es importante.

El licenciado en Nutrición Juan Ángel Arellano, aclara que ese evento traumático, solo contribuye a que la enfermedad se manifieste, y aunque las personas justifican su enfermedad por esa situación, hay mucho desconocimiento, sin importar si pertenece a la zona rural o urbana, pues de igual manera toman ideas erróneas de su alimentación por ende de su salud.

Lo que es importante saber, “es que la comida puede ser mi medicina”, porque hay alimentos que tienen las propiedades necesarias para promover la salud, prevenir enfermedades o aminorar los padecimientos, algo que no es nada nuevo, y fue descubierto hace años por Hipócrates el padre de la medicina.

Por eso es sorprendente que en los últimos años el alimento haya pasado de sinónimo de salud a enfermedad, por los excesos, los malos hábitos alimenticios o preferir “lo que me gusta, alimentos por tradición o por placer” a los alimentos nutritivos, sumado a tener demasiado arraigado el sedentarismo.

Llegan a consulta pacientes con enfermedades crónico degenerativas, y dicen que tienen controlada la enfermedad porque toman hasta 12 medicamentos, lo cierto es, que cuando se tiene un control de la enfermedad es cuando menos medicamentos requieren, cuando se está siguiendo una dieta adecuada y se realiza algo de actividad física.

Ante las enfermedades y virus, el cuerpo necesita defenderse, no se le puede dejar toda la tarea a los fármacos y vacunas, se requieren alimentos saludables para que el cuerpo se encuentre en equilibrio y funcione, cumplir lo que se denomina homeostasis.

¿Qué creencias impiden comer sano?

  • Estar con la idea de que se comerá solo lechuga, tomate y agua, o que es todo o nada, por eso un profesional de la salud debe explicar que hay distintos grupos de alimentos, que una dieta se puede adecuar a cada persona.
  • Otra falsa creencia, es que una dieta es costosa, cuando no es necesario que gaste tanto ni ser ostentosos con la alimentación, pero sí, que tenga un control sobre los alimentos, con las porciones adecuadas y con lo que se tenga a la mano.
  • El rechazo, a que alguien nos diga que comer es una de las principales cuestiones complejas a las que se enfrentan los profesionales, pues en la mayoría de casos se tiene una mala alimentación que los ha acompañado toda la vida.
  • Preferir productos milagro o caer con falsos especialistas, sobre todo cuando se busca bajar de peso, compran fajas, pagan por inyecciones, productos alternativos, y hasta se cae en contraste con lo que dicen que no tienen dinero para una dieta, pero gastan en tratamientos caros para reducir kilos.

¿Cómo puedo empezar a cambiar mis hábitos alimenticios?

Lo primero es mejorar la relación con la comida, ser conscientes que todo lo que como es la fuente principal de energía para funcionar, identificar los alimentos que me provocan adicción e irlos desplazando, por ejemplo el pan, y desprenderme de pensamientos como “amo el pan”.

Saber que la comida no es mi enemiga, no molestarme cuando me ofrecen otro tipo de alimentos, o porque estoy a dieta, se debe empezar con pequeñas acciones y no llegar a lo extremo, no sano.

Poner orden, la gente se encuentra desordenada y solo se ocupa de su salud hasta que llega al punto de que no le gusta como se ve, como se siente triste, le duele algo, o recibió algún pronostico médico, y cuando ordena la alimentación se ordena lo demás, hasta el dinero.

Tomar agua, es muy importante porque a veces andamos de mal humor, y puede ser por falta de buena hidratación, se deben tomar al menos 2 litros de agua al día, dormir las horas adecuadas para iniciar un mejor día, hacer algo de ejercicio, y mantener esas acciones.

Ir buscando ese cambio de hábitos a partir de los 25 años o antes, es necesario comenzar a cuidarse con más empeño, porque se están desarrollando complicaciones de salud cada vez a edades más tempranas.

Disminuir el consumo de alcohol, tratar las adicciones, estimular mi cerebro, y no esperar que esas acciones funcionen tan rápido, no se deben fijar en los kilos que pesan, sino en el cambio físico y emocional que se va viendo mejor.

Conclusión

Tratar de comer mejor, no es tan complejo como parece, se trata de valor y querer nuestro cuerpo, porque somos un vehículo que lleva dentro lo que somos, la creatividad, inteligencia, emociones, pero si mi cuerpo no funciona, no podemos compartir eso con los demás, ni con nuestros seres queridos.

Hay que acudir con un profesional de la salud, que conoce los nutrientes que nos puede dar cada alimento, organizarnos, comprar los alimentos, prepararlos, cocinar y saber que los resultados, que quizá no se verán en un corto plazo, pero van a llegar.

Es un error muy común, creer que por un susto, un momento traumático o estresante, se puede generar una enfermedad como la diabetes o la hipertensión, cuando la realidad es que se produce por diversos factores como el sedentarismo, sobrepeso, obesidad, toxicomanías, tabaquismo, alcoholismo, entre otras, pero sobretodo porque tardan entre 8 y 10 años para desarrollarse, por eso la prevención es importante.

El licenciado en Nutrición Juan Ángel Arellano, aclara que ese evento traumático, solo contribuye a que la enfermedad se manifieste, y aunque las personas justifican su enfermedad por esa situación, hay mucho desconocimiento, sin importar si pertenece a la zona rural o urbana, pues de igual manera toman ideas erróneas de su alimentación por ende de su salud.

Lo que es importante saber, “es que la comida puede ser mi medicina”, porque hay alimentos que tienen las propiedades necesarias para promover la salud, prevenir enfermedades o aminorar los padecimientos, algo que no es nada nuevo, y fue descubierto hace años por Hipócrates el padre de la medicina.

Por eso es sorprendente que en los últimos años el alimento haya pasado de sinónimo de salud a enfermedad, por los excesos, los malos hábitos alimenticios o preferir “lo que me gusta, alimentos por tradición o por placer” a los alimentos nutritivos, sumado a tener demasiado arraigado el sedentarismo.

Llegan a consulta pacientes con enfermedades crónico degenerativas, y dicen que tienen controlada la enfermedad porque toman hasta 12 medicamentos, lo cierto es, que cuando se tiene un control de la enfermedad es cuando menos medicamentos requieren, cuando se está siguiendo una dieta adecuada y se realiza algo de actividad física.

Ante las enfermedades y virus, el cuerpo necesita defenderse, no se le puede dejar toda la tarea a los fármacos y vacunas, se requieren alimentos saludables para que el cuerpo se encuentre en equilibrio y funcione, cumplir lo que se denomina homeostasis.

¿Qué creencias impiden comer sano?

  • Estar con la idea de que se comerá solo lechuga, tomate y agua, o que es todo o nada, por eso un profesional de la salud debe explicar que hay distintos grupos de alimentos, que una dieta se puede adecuar a cada persona.
  • Otra falsa creencia, es que una dieta es costosa, cuando no es necesario que gaste tanto ni ser ostentosos con la alimentación, pero sí, que tenga un control sobre los alimentos, con las porciones adecuadas y con lo que se tenga a la mano.
  • El rechazo, a que alguien nos diga que comer es una de las principales cuestiones complejas a las que se enfrentan los profesionales, pues en la mayoría de casos se tiene una mala alimentación que los ha acompañado toda la vida.
  • Preferir productos milagro o caer con falsos especialistas, sobre todo cuando se busca bajar de peso, compran fajas, pagan por inyecciones, productos alternativos, y hasta se cae en contraste con lo que dicen que no tienen dinero para una dieta, pero gastan en tratamientos caros para reducir kilos.

¿Cómo puedo empezar a cambiar mis hábitos alimenticios?

Lo primero es mejorar la relación con la comida, ser conscientes que todo lo que como es la fuente principal de energía para funcionar, identificar los alimentos que me provocan adicción e irlos desplazando, por ejemplo el pan, y desprenderme de pensamientos como “amo el pan”.

Saber que la comida no es mi enemiga, no molestarme cuando me ofrecen otro tipo de alimentos, o porque estoy a dieta, se debe empezar con pequeñas acciones y no llegar a lo extremo, no sano.

Poner orden, la gente se encuentra desordenada y solo se ocupa de su salud hasta que llega al punto de que no le gusta como se ve, como se siente triste, le duele algo, o recibió algún pronostico médico, y cuando ordena la alimentación se ordena lo demás, hasta el dinero.

Tomar agua, es muy importante porque a veces andamos de mal humor, y puede ser por falta de buena hidratación, se deben tomar al menos 2 litros de agua al día, dormir las horas adecuadas para iniciar un mejor día, hacer algo de ejercicio, y mantener esas acciones.

Ir buscando ese cambio de hábitos a partir de los 25 años o antes, es necesario comenzar a cuidarse con más empeño, porque se están desarrollando complicaciones de salud cada vez a edades más tempranas.

Disminuir el consumo de alcohol, tratar las adicciones, estimular mi cerebro, y no esperar que esas acciones funcionen tan rápido, no se deben fijar en los kilos que pesan, sino en el cambio físico y emocional que se va viendo mejor.

Conclusión

Tratar de comer mejor, no es tan complejo como parece, se trata de valor y querer nuestro cuerpo, porque somos un vehículo que lleva dentro lo que somos, la creatividad, inteligencia, emociones, pero si mi cuerpo no funciona, no podemos compartir eso con los demás, ni con nuestros seres queridos.

Hay que acudir con un profesional de la salud, que conoce los nutrientes que nos puede dar cada alimento, organizarnos, comprar los alimentos, prepararlos, cocinar y saber que los resultados, que quizá no se verán en un corto plazo, pero van a llegar.

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