/ miércoles 26 de junio de 2019

[Vídeo] Sembrando vida en un campo militar

Los vemos en las calles con su característico uniforme, pero esconden una parte de sí que ha dado vida a miles de familias y zonas devastadas

De uniforme color verde, porte recto y a bordo de grandes vehículos hemos visto al personal militar en las calles o en el cuartel, testigos de su labor en seguridad pública, pero poco se conoce del granito de vida que le aportan a la comunidad a través de los viveros militares.

Son las 5:40 de la mañana y la Décima Zona Militar ubicada en el Centro Histórico de la ciudad tiene un aire de soledad, entre la oscuridad de la mañana se asoma una luz que ilumina el cuarto donde esperamos para partir hacia el campo militar 10B.

Cerca de las 6:15 partimos rumbo a Santiago Papasquiaro sobre la carretera Parral, a medida que avanzamos, el campo repleto de maleza y árboles logran apoderarse del entorno para hacerlo suyo, mientras de las montañas se asoma el amanecer para acompañarnos en nuestro recorrido.

Una estructura color verde militar con ligero tono blanco protege un imponente terreno que en sus adentros esconde un deslumbrante y bien cuidado vivero que alimenta a zonas débiles del estado a través del programa “Sembrando Vida” y la reforestación a cargo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Nos recibe con amabilidad el Capitán Segundo de Infantería y jefe del Vivero de Santiago Papasquiaro, Jorge Abraham Olvera Robles, quien explica un poco del proceso mientras nos dirige al comedor para tomar un café y proseguir con el recorrido.

El lugar es cálido y tranquilo, rodeado de pinos que florecen y dejan a su paso una sensación indescriptible que sólo puede sentirse en el alma, lo más cercano a un santuario y cuesta asimilar que ese sitio ha construido sueños y dado oportunidades a miles de familias.

Fue en el año 2009 cuando el Vivero Forestal Militar del municipio de Santiago Papasquiaro inició funciones con cinco módulos de producción y que en un principio era solo destinado a la Conafor, actualmente en la República Mexicana hay 25 viveros militares dedicados a la misma producción, ocho se encuentran al sur del país y tres en el norte; Sinaloa, Sonora y Durango, ahora con la llegada del programa “Sembrando Vida”, 11 de ellos se hacen cargo de esta labor.

Mientras caminamos al sitio donde preparan la tierra y los contenedores, el Capitán nos explica el procedimiento para la producción de las plantas, lo más importante es desinfectar con cloro los contenedores, lo que evita las plagas de moscas fongosa, las más comunes en estas plantaciones cuando no se supervisa a detalle, o también el hongo por humedad.

Es el musgo de Canadá el indicado para permitirle a las semillas florecer, este se coloca en la máquina de llenado de contenedores, se mezcla con la corteza de pino (perlita y vermiculita) y se pone en los contenedores que tienen forma de charolas con pequeños huecos hondos, lugar donde inicia la vida de las plantas.

Y una vez llenado, comienza el verdadero reto para todos los ingenieros y jornales, que en total suman 52 personas en el campo, pues son los responsables de colocar las semillas en cada huequito, cuidar y observar el crecimiento de los pinos.

Esto tiene lugar en el módulo 1, donde se encuentran 24 camas con capacidad de 21 mil plantas, las semillas tardan en germinar de una semana a 25 días y es precisamente esta época, de junio a octubre, la indicada para que los pinos crezcan, pues con el frío difícilmente logran este proceso.

Para Sembrando Vida se destinan dos millones 800 mil plantas, mientras que Conafor recibe 800 mil árboles, en este último caso es la Comisión quien entrega a los beneficiarios, que regularmente son zonas devastadas por los incendios.

Pero no es el único beneficio que el programa otorga a las comunidades, pues ha permitido que hombres y mujeres sean el sustento en sus hogares, especialmente de madres solteras como Lucía Mendoza Sánchez, quien desde hace seis años ha dedicado su vida al vivero y brindarles mejores oportunidades a sus pequeños.

“Nos da la oportunidad a muchísimas madres solteras, aquí gracias a Dios tenemos la oportunidad del Gobierno federal, del programa Sembrando Vida, mi vida ha cambiado muchísimo, podemos darle una mejor calidad de vida a nuestros hijos, tenemos el seguro del ISSSTE y todos los beneficios de aquí”, expresó Lucía con mucho orgullo.

Ella le ha apostado a este programa y a las mujeres que son mamás las motiva para que luchen y busquen mejores oportunidades, “que se animen y tengan la voluntad de seguir trabajando, porque aquí en el vivero hay muchísimo trabajo, mis hijos siempre me han apoyado, están felices”, cuenta.

A mitad de recorrido llegamos al módulo 2, muy distinto a los otros pues lo rodea una malla muy bien colocada, es importante por dos razones, la primera porque evita la entrada de una bacteria y la segunda, para que reciba directamente el agua de la lluvia, es así que este módulo funge como lugar de germinación del pino cembroide y coperil, mismo que tarda entre 15 y 25 días en germinar.

Aunque probablemente trata de disimularlo, el entusiasmo en sus palabras y rostro lo delatan, pues el Capitán habla con alegría del vivero y el progreso que ha tenido, al explicarnos la importancia de la malla en el módulo 2 nos asegura que el pino crece fuerte y resistente, “los mismos beneficiados nos han dicho que sale más resistente a las contingencias del campo”.

Estamos a unos minutos de concluir el recorrido y sorprende la pasión y dedicación de cada trabajador, pues el resultado de ello es el módulo 3, el pino es libre ya que se retira la malla para que se aclimaten al sol, lluvia, frío u otros agentes externos, de esta forman crecen fuertes y les permite adaptarse a las inclemencias de las zonas serranas, aquí los pinos se dejan entre dos a tres meses, crecen cinco milímetros de diámetro y de 12 a 25 centímetros de altura.

Al concluir, el Capitán charla un poco con nosotros y nos expresa la felicidad de laborar en una institución con un objetivo tan importante, no deja pasar la oportunidad para dirigirse a los jóvenes y motivarlos a ser parte de los trabajos en el campo o invitarlos a plantar un árbol.

Ahora, están en construcción tres módulos más para ampliar el vivero, mismos que serán destinados a “Sembrando Vida” con los pinos más habituales: cembroide, engelmanni, coperi, arizonica, mezquite y encino.

Pero estos no sólo son entregados a instituciones gubernamentales o beneficiarios, pues reservan unos cuantos para las escuelas y particulares de zonas urbanas y como parte de la labor comunitaria, ofrecen recorridos a niños, jóvenes y adultos que les interesa conocer el proceso de un vivero, es así que en este año cuatro escuelas de Nuevo Ideal y Santiago Papasquiaro han sido beneficiadas.

Esta es el lado “B” del los militares, que más allá de combatir la inseguridad, peligros y hacerse responsables de la quema de sembradíos de enervantes, también dedican gran parte de su vida a curar un poquito el corazón de este país, una víctima de los incendios forestales, contaminación y guerras.

De uniforme color verde, porte recto y a bordo de grandes vehículos hemos visto al personal militar en las calles o en el cuartel, testigos de su labor en seguridad pública, pero poco se conoce del granito de vida que le aportan a la comunidad a través de los viveros militares.

Son las 5:40 de la mañana y la Décima Zona Militar ubicada en el Centro Histórico de la ciudad tiene un aire de soledad, entre la oscuridad de la mañana se asoma una luz que ilumina el cuarto donde esperamos para partir hacia el campo militar 10B.

Cerca de las 6:15 partimos rumbo a Santiago Papasquiaro sobre la carretera Parral, a medida que avanzamos, el campo repleto de maleza y árboles logran apoderarse del entorno para hacerlo suyo, mientras de las montañas se asoma el amanecer para acompañarnos en nuestro recorrido.

Una estructura color verde militar con ligero tono blanco protege un imponente terreno que en sus adentros esconde un deslumbrante y bien cuidado vivero que alimenta a zonas débiles del estado a través del programa “Sembrando Vida” y la reforestación a cargo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Nos recibe con amabilidad el Capitán Segundo de Infantería y jefe del Vivero de Santiago Papasquiaro, Jorge Abraham Olvera Robles, quien explica un poco del proceso mientras nos dirige al comedor para tomar un café y proseguir con el recorrido.

El lugar es cálido y tranquilo, rodeado de pinos que florecen y dejan a su paso una sensación indescriptible que sólo puede sentirse en el alma, lo más cercano a un santuario y cuesta asimilar que ese sitio ha construido sueños y dado oportunidades a miles de familias.

Fue en el año 2009 cuando el Vivero Forestal Militar del municipio de Santiago Papasquiaro inició funciones con cinco módulos de producción y que en un principio era solo destinado a la Conafor, actualmente en la República Mexicana hay 25 viveros militares dedicados a la misma producción, ocho se encuentran al sur del país y tres en el norte; Sinaloa, Sonora y Durango, ahora con la llegada del programa “Sembrando Vida”, 11 de ellos se hacen cargo de esta labor.

Mientras caminamos al sitio donde preparan la tierra y los contenedores, el Capitán nos explica el procedimiento para la producción de las plantas, lo más importante es desinfectar con cloro los contenedores, lo que evita las plagas de moscas fongosa, las más comunes en estas plantaciones cuando no se supervisa a detalle, o también el hongo por humedad.

Es el musgo de Canadá el indicado para permitirle a las semillas florecer, este se coloca en la máquina de llenado de contenedores, se mezcla con la corteza de pino (perlita y vermiculita) y se pone en los contenedores que tienen forma de charolas con pequeños huecos hondos, lugar donde inicia la vida de las plantas.

Y una vez llenado, comienza el verdadero reto para todos los ingenieros y jornales, que en total suman 52 personas en el campo, pues son los responsables de colocar las semillas en cada huequito, cuidar y observar el crecimiento de los pinos.

Esto tiene lugar en el módulo 1, donde se encuentran 24 camas con capacidad de 21 mil plantas, las semillas tardan en germinar de una semana a 25 días y es precisamente esta época, de junio a octubre, la indicada para que los pinos crezcan, pues con el frío difícilmente logran este proceso.

Para Sembrando Vida se destinan dos millones 800 mil plantas, mientras que Conafor recibe 800 mil árboles, en este último caso es la Comisión quien entrega a los beneficiarios, que regularmente son zonas devastadas por los incendios.

Pero no es el único beneficio que el programa otorga a las comunidades, pues ha permitido que hombres y mujeres sean el sustento en sus hogares, especialmente de madres solteras como Lucía Mendoza Sánchez, quien desde hace seis años ha dedicado su vida al vivero y brindarles mejores oportunidades a sus pequeños.

“Nos da la oportunidad a muchísimas madres solteras, aquí gracias a Dios tenemos la oportunidad del Gobierno federal, del programa Sembrando Vida, mi vida ha cambiado muchísimo, podemos darle una mejor calidad de vida a nuestros hijos, tenemos el seguro del ISSSTE y todos los beneficios de aquí”, expresó Lucía con mucho orgullo.

Ella le ha apostado a este programa y a las mujeres que son mamás las motiva para que luchen y busquen mejores oportunidades, “que se animen y tengan la voluntad de seguir trabajando, porque aquí en el vivero hay muchísimo trabajo, mis hijos siempre me han apoyado, están felices”, cuenta.

A mitad de recorrido llegamos al módulo 2, muy distinto a los otros pues lo rodea una malla muy bien colocada, es importante por dos razones, la primera porque evita la entrada de una bacteria y la segunda, para que reciba directamente el agua de la lluvia, es así que este módulo funge como lugar de germinación del pino cembroide y coperil, mismo que tarda entre 15 y 25 días en germinar.

Aunque probablemente trata de disimularlo, el entusiasmo en sus palabras y rostro lo delatan, pues el Capitán habla con alegría del vivero y el progreso que ha tenido, al explicarnos la importancia de la malla en el módulo 2 nos asegura que el pino crece fuerte y resistente, “los mismos beneficiados nos han dicho que sale más resistente a las contingencias del campo”.

Estamos a unos minutos de concluir el recorrido y sorprende la pasión y dedicación de cada trabajador, pues el resultado de ello es el módulo 3, el pino es libre ya que se retira la malla para que se aclimaten al sol, lluvia, frío u otros agentes externos, de esta forman crecen fuertes y les permite adaptarse a las inclemencias de las zonas serranas, aquí los pinos se dejan entre dos a tres meses, crecen cinco milímetros de diámetro y de 12 a 25 centímetros de altura.

Al concluir, el Capitán charla un poco con nosotros y nos expresa la felicidad de laborar en una institución con un objetivo tan importante, no deja pasar la oportunidad para dirigirse a los jóvenes y motivarlos a ser parte de los trabajos en el campo o invitarlos a plantar un árbol.

Ahora, están en construcción tres módulos más para ampliar el vivero, mismos que serán destinados a “Sembrando Vida” con los pinos más habituales: cembroide, engelmanni, coperi, arizonica, mezquite y encino.

Pero estos no sólo son entregados a instituciones gubernamentales o beneficiarios, pues reservan unos cuantos para las escuelas y particulares de zonas urbanas y como parte de la labor comunitaria, ofrecen recorridos a niños, jóvenes y adultos que les interesa conocer el proceso de un vivero, es así que en este año cuatro escuelas de Nuevo Ideal y Santiago Papasquiaro han sido beneficiadas.

Esta es el lado “B” del los militares, que más allá de combatir la inseguridad, peligros y hacerse responsables de la quema de sembradíos de enervantes, también dedican gran parte de su vida a curar un poquito el corazón de este país, una víctima de los incendios forestales, contaminación y guerras.

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