/ lunes 10 de mayo de 2021

Madres convertidas en maestras por pandemia

Con la presencia de una pandemia y el confinamiento obligado, las madres sumaron a su lista de actividades la de ser docentes, una triple jornada que las deja exhaustas

“Lo más difícil de todo esto, es la poca empatía que existe hacia las mujeres”, dice Karla Karina Ceniceros Martínez, quien además de tener a dos niños de menos de seis años, trabaja como productora en una televisora local, un cargo de mucha responsabilidad que debe empatar con sus actividades como mamá.

Y es que si bien es cierto, muchos de sus compañeros son también padres, la forma en la que se enfrenta la paternidad no siempre está llena de prejuicios y señalamientos. “Esta pandemia ha sido un proceso muy difícil, porque en el trabajo te exigen que lo hagas con calidad, pero en mi caso también tengo que atender a mis hijos”, de ahí que los momentos de frustración, en los que se sentía rebasada por la situación e incomprendida, fueron una constante durante el encierro.

Karina es parte de ese 42% de mujeres que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), además de ser madres, también realizan alguna actividad remunerada en México. Asimismo pertenece a ese sector de la población a la que la pandemia obligó a emplear un sistema escolarizado en casa, pues Frida, su hija mayor de apenas cinco años, debe ir al preescolar y como muchas mujeres, comenzó a inquietarle el hecho de no ser la maestra que ella necesita.

“Mi hija no está en colegio particular, no tiene asesoramiento por Zoom, los maestros me mandan las actividades y yo las tengo que enviar. Entonces tengo un límite para entregar tareas, pero también un límite para entregar en el trabajo… llegó un momento en el que quería explotar”, cuenta mientras recuerda esos momentos de estrés y angustia.

Está consciente de que a la edad que tienen sus hijos no conocen de un “espérame tantito, necesito terminar mi trabajo”, por el contrario, ellos tienen una necesidad y la quieren atender de manera inmediata, por lo que el Home Office y las clases en línea, simplemente la hicieron sentirse la persona menos competente del mundo.

Foto: Cortesía | Karina Ceniceros

En retrospectiva, Karina evalúa su situación como madre y empleada en la actualidad, y se siente satisfecha del trabajo realizado, pues de aquellos días en los que creía enloquecer, aprendió a sobrellevar el encierro y ahora se da cuenta de lo mucho que ha crecido como mamá, esposa, empleada y sobre todo como mujer, pues pese a los malos momentos, “me he demostrado que sí puedo”.

Celebra el hecho de conocer a otras mujeres que al igual que ella, diariamente realizan su mejor esfuerzo en la casa y su lugar de trabajo, “es algo que todas las mamás, mujeres, trabajadoras deben saber, esto va a pasar y va a salir bien. No están solas, es una red de apoyo que debemos tejer entre nosotras”.

Pasó de ser la mamá buena, a la maestra mala

Sofía Návar Peña es mamá, trabajadora y ahora maestra de Victoria, su hija de ocho años que actualmente cursa el tercer grado de primaria. Al igual que Karina, la pandemia no ha sido nada fácil para ellas, pues deben dedicar gran parte de su tiempo a realizar las tareas, conectarse a las clases virtuales y sobre todo armarse de paciencia para que este experimento sea un éxito.

“Nosotros no estudiamos para ser maestros, no contamos con las herramientas pedagógicas adecuadas para poder enseñar y es complicado”, contó Sofía al narrar su experiencia con el mundo de las clases virtuales orilladas por la pandemia.

Como otras madres que también deben trabajar, hay ocasiones en las que se ve obligada a dejar a su hija sola en casa, pues su mamá también trabaja y no puede cuidar a Victoria, aunque por fortuna y gracias a la tecnología, se mantiene en constante comunicación con ella vía telefónica.

Foto: Cortesía |

Como nunca, valora el papel que juegan los maestros para generar una estabilidad emocional en la escuela y la casa, pues anteriormente la maestra era la mala y la mamá la buena, “pero ahora la mamá es la buena, la mala y la fea, porque uno tiene que regañar, pedirles que se siente y ponga atención”, una actividad que a más de un año de distancia ya se volvió estresante, nefasto y complicado.

Al preguntarle cómo sobrelleva ser proveedora de un hogar y además ocuparse de una niña, cuenta que ha tenido que dejar pasar oportunidades de empleo en actividades que le gustan, por la oportunidad de estar lo más que se pueda con su hija, estar al pendiente y apoyarla en la escuela, decisión que en la escuela le ha valido calificaciones de 10 a Victoria .

Foto: Cortesía | Karina Ceniceros

“Sé que dejar a mi hija sola no es lo correcto, pero estamos en total comunicación, mi mamá vive cerca de casa y cualquier situación viene al medio día, se está con ella o la recoge, y las tres estamos en contacto durante la mañana”, seguramente al recordar esta parte sintió un nudo en la garganta y las ganas de estar más tiempo con su hija, sin embargo está consciente de que también es el sustento de ese hogar.

El panorama para Sofía, como para para el 72% de las mujeres mexicanas que, según el INEGI, tienen al menos un hijo, se complicó el triple pues incluso tuvo un impacto en su salud mental, de ahí que fue necesario iniciar con una terapia psicológica para aprender que todo esto pasará y mientras tanto deben mantenerse juntas, unidas y seguras de que se tienen la una a la otra.

“Lo más difícil de todo esto, es la poca empatía que existe hacia las mujeres”, dice Karla Karina Ceniceros Martínez, quien además de tener a dos niños de menos de seis años, trabaja como productora en una televisora local, un cargo de mucha responsabilidad que debe empatar con sus actividades como mamá.

Y es que si bien es cierto, muchos de sus compañeros son también padres, la forma en la que se enfrenta la paternidad no siempre está llena de prejuicios y señalamientos. “Esta pandemia ha sido un proceso muy difícil, porque en el trabajo te exigen que lo hagas con calidad, pero en mi caso también tengo que atender a mis hijos”, de ahí que los momentos de frustración, en los que se sentía rebasada por la situación e incomprendida, fueron una constante durante el encierro.

Karina es parte de ese 42% de mujeres que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), además de ser madres, también realizan alguna actividad remunerada en México. Asimismo pertenece a ese sector de la población a la que la pandemia obligó a emplear un sistema escolarizado en casa, pues Frida, su hija mayor de apenas cinco años, debe ir al preescolar y como muchas mujeres, comenzó a inquietarle el hecho de no ser la maestra que ella necesita.

“Mi hija no está en colegio particular, no tiene asesoramiento por Zoom, los maestros me mandan las actividades y yo las tengo que enviar. Entonces tengo un límite para entregar tareas, pero también un límite para entregar en el trabajo… llegó un momento en el que quería explotar”, cuenta mientras recuerda esos momentos de estrés y angustia.

Está consciente de que a la edad que tienen sus hijos no conocen de un “espérame tantito, necesito terminar mi trabajo”, por el contrario, ellos tienen una necesidad y la quieren atender de manera inmediata, por lo que el Home Office y las clases en línea, simplemente la hicieron sentirse la persona menos competente del mundo.

Foto: Cortesía | Karina Ceniceros

En retrospectiva, Karina evalúa su situación como madre y empleada en la actualidad, y se siente satisfecha del trabajo realizado, pues de aquellos días en los que creía enloquecer, aprendió a sobrellevar el encierro y ahora se da cuenta de lo mucho que ha crecido como mamá, esposa, empleada y sobre todo como mujer, pues pese a los malos momentos, “me he demostrado que sí puedo”.

Celebra el hecho de conocer a otras mujeres que al igual que ella, diariamente realizan su mejor esfuerzo en la casa y su lugar de trabajo, “es algo que todas las mamás, mujeres, trabajadoras deben saber, esto va a pasar y va a salir bien. No están solas, es una red de apoyo que debemos tejer entre nosotras”.

Pasó de ser la mamá buena, a la maestra mala

Sofía Návar Peña es mamá, trabajadora y ahora maestra de Victoria, su hija de ocho años que actualmente cursa el tercer grado de primaria. Al igual que Karina, la pandemia no ha sido nada fácil para ellas, pues deben dedicar gran parte de su tiempo a realizar las tareas, conectarse a las clases virtuales y sobre todo armarse de paciencia para que este experimento sea un éxito.

“Nosotros no estudiamos para ser maestros, no contamos con las herramientas pedagógicas adecuadas para poder enseñar y es complicado”, contó Sofía al narrar su experiencia con el mundo de las clases virtuales orilladas por la pandemia.

Como otras madres que también deben trabajar, hay ocasiones en las que se ve obligada a dejar a su hija sola en casa, pues su mamá también trabaja y no puede cuidar a Victoria, aunque por fortuna y gracias a la tecnología, se mantiene en constante comunicación con ella vía telefónica.

Foto: Cortesía |

Como nunca, valora el papel que juegan los maestros para generar una estabilidad emocional en la escuela y la casa, pues anteriormente la maestra era la mala y la mamá la buena, “pero ahora la mamá es la buena, la mala y la fea, porque uno tiene que regañar, pedirles que se siente y ponga atención”, una actividad que a más de un año de distancia ya se volvió estresante, nefasto y complicado.

Al preguntarle cómo sobrelleva ser proveedora de un hogar y además ocuparse de una niña, cuenta que ha tenido que dejar pasar oportunidades de empleo en actividades que le gustan, por la oportunidad de estar lo más que se pueda con su hija, estar al pendiente y apoyarla en la escuela, decisión que en la escuela le ha valido calificaciones de 10 a Victoria .

Foto: Cortesía | Karina Ceniceros

“Sé que dejar a mi hija sola no es lo correcto, pero estamos en total comunicación, mi mamá vive cerca de casa y cualquier situación viene al medio día, se está con ella o la recoge, y las tres estamos en contacto durante la mañana”, seguramente al recordar esta parte sintió un nudo en la garganta y las ganas de estar más tiempo con su hija, sin embargo está consciente de que también es el sustento de ese hogar.

El panorama para Sofía, como para para el 72% de las mujeres mexicanas que, según el INEGI, tienen al menos un hijo, se complicó el triple pues incluso tuvo un impacto en su salud mental, de ahí que fue necesario iniciar con una terapia psicológica para aprender que todo esto pasará y mientras tanto deben mantenerse juntas, unidas y seguras de que se tienen la una a la otra.

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