/ viernes 2 de octubre de 2020

[Video] San Agustín y su nieve, una tradición en Durango

La mayoría de los duranguenses conocemos el icónico carrito de las nieves de San Agustín, una labor que ha pasado de generación en generación

Durango, tierra de alacranes y gente de noble corazón, es uno de los estados coloniales que aún conserva esa esencia del México antiguo que evoca a una época que ya no regresará.

Alrededor de nuestra entidad existen historias y personajes que han marcado a varias generaciones, y la que contaremos a continuación no es la excepción.

Probablemente la mayoría de los duranguenses conocemos el icónico carrito de las nieves que se encuentra ubicado en la calle Independencia y Avenida 20 de Noviembre. Su sabor y la atención de los dueños son tan solo algunos de los elementos que han hecho que este negocio se mantenga desde hace más de 70 años en el gusto de la ciudadanía.

Pero, ¿quiénes son los encargados de hacernos llegar la exquisita nieve? Pues se trata de una familia duranguense que comenzó, como muchas, con la necesidad de tener un sustento para sus hijos.

En 1948, Fermín Robles Parra trabajaba como minero en el Cerro de los Remedios y en la obra, pero en la época de calor se percató que sus compañeros requerían de algo refrescante para soportar la jornada laboral, por lo que vio un área de oportunidad y decidió probar suerte al vender nieve.

Fue tanto el éxito que recibió, que don Fermín comenzó a venderla en las calles de la ciudad hasta encontrar el que sería su punto de venta, en San Agustín.

Foto: Rubí Martínez | El Sol de Durango

Actualmente la familia lleva 72 años laborando en este negocio, el cual vio crecer a los hermanos Inés, José e Ismael, quienes siguen conservando esta linda tradición ahora acompañados por sus hijos.

En esta ocasión tuve la oportunidad de platicar con don Inés, quien amablemente nos relató cómo decidió dedicarse a esta noble labor.

Desde niño, Inés y sus hermanos comenzaron a vender chicles, periódicos e incluso alcancías de yeso, luego él comenzó a trabajar en la obra como ayudante y albañil, pero su vida dio un giro de 360 grados cuando incursionó en el mundo de los deportes.

Inició en el Seguro Social a practicar lucha olímpica con el profesor Víctor Torres, además se unió al área de levantamiento de pesas con el entrenador Miguel Arellano. Y en el año de 1973, comenzó en las artes marciales, que practicó por más de 38 años.

Foto: Wendy Luna | El Sol de Durango

A la par de que se convertía en un gran deportista, Inés observaba muy de cerca a su padre y la labor de preparar la nieve, por lo que aprendió al pie de la letra la receta.

A pesar de que sintió una enorme pasión por los deportes, don Inés siempre vio a su padre como su mayor, y se dio cuenta que lo que realmente lo hacía feliz era atender el puesto de las nieves y poder continuar con el legado de su familia .

Durango ha crecido y con ello la venta de la nieve, pues el gusto que la ciudadanía tiene por esta, no se ha perdido. Generaciones completas siguen disfrutando de su sabor único y la tradición de comprar en San Agustín.

Como cualquier negocio, esta familia ha tenido que enfrentarse a varios, pero según señala don Inés la pandemia ha sido uno de los más grandes, pues con esta se redujo considerablemente su clientela, sin embargo han logrado mantenerse vigentes gracias a los pocos que compraron nieve durante las misma.

A lo largo de los años la familia ha cambiado o añadido sabores, pero los que siempre pide la gente y los más característicos son los de limón, fresa y vainilla.

Foto: Wendy Luna | El Sol de Durango

Por otra parte, varios de los turistas que visitan Durango se sienten atraídos por los sabores de las nieves, tanto nacionales e internacionales.

Finalmente, don Inés agradeció el apoyo de cada uno de sus clientes y amigos, que han conservado el punto de venta y el gusto por su nieve.

Pero cuéntanos, ¿has comido esta deliciosa nieve? Si la respuesta es no, te invitamos a que lo hagas y pruebes un pedacito de nuestro Durango.

Durango, tierra de alacranes y gente de noble corazón, es uno de los estados coloniales que aún conserva esa esencia del México antiguo que evoca a una época que ya no regresará.

Alrededor de nuestra entidad existen historias y personajes que han marcado a varias generaciones, y la que contaremos a continuación no es la excepción.

Probablemente la mayoría de los duranguenses conocemos el icónico carrito de las nieves que se encuentra ubicado en la calle Independencia y Avenida 20 de Noviembre. Su sabor y la atención de los dueños son tan solo algunos de los elementos que han hecho que este negocio se mantenga desde hace más de 70 años en el gusto de la ciudadanía.

Pero, ¿quiénes son los encargados de hacernos llegar la exquisita nieve? Pues se trata de una familia duranguense que comenzó, como muchas, con la necesidad de tener un sustento para sus hijos.

En 1948, Fermín Robles Parra trabajaba como minero en el Cerro de los Remedios y en la obra, pero en la época de calor se percató que sus compañeros requerían de algo refrescante para soportar la jornada laboral, por lo que vio un área de oportunidad y decidió probar suerte al vender nieve.

Fue tanto el éxito que recibió, que don Fermín comenzó a venderla en las calles de la ciudad hasta encontrar el que sería su punto de venta, en San Agustín.

Foto: Rubí Martínez | El Sol de Durango

Actualmente la familia lleva 72 años laborando en este negocio, el cual vio crecer a los hermanos Inés, José e Ismael, quienes siguen conservando esta linda tradición ahora acompañados por sus hijos.

En esta ocasión tuve la oportunidad de platicar con don Inés, quien amablemente nos relató cómo decidió dedicarse a esta noble labor.

Desde niño, Inés y sus hermanos comenzaron a vender chicles, periódicos e incluso alcancías de yeso, luego él comenzó a trabajar en la obra como ayudante y albañil, pero su vida dio un giro de 360 grados cuando incursionó en el mundo de los deportes.

Inició en el Seguro Social a practicar lucha olímpica con el profesor Víctor Torres, además se unió al área de levantamiento de pesas con el entrenador Miguel Arellano. Y en el año de 1973, comenzó en las artes marciales, que practicó por más de 38 años.

Foto: Wendy Luna | El Sol de Durango

A la par de que se convertía en un gran deportista, Inés observaba muy de cerca a su padre y la labor de preparar la nieve, por lo que aprendió al pie de la letra la receta.

A pesar de que sintió una enorme pasión por los deportes, don Inés siempre vio a su padre como su mayor, y se dio cuenta que lo que realmente lo hacía feliz era atender el puesto de las nieves y poder continuar con el legado de su familia .

Durango ha crecido y con ello la venta de la nieve, pues el gusto que la ciudadanía tiene por esta, no se ha perdido. Generaciones completas siguen disfrutando de su sabor único y la tradición de comprar en San Agustín.

Como cualquier negocio, esta familia ha tenido que enfrentarse a varios, pero según señala don Inés la pandemia ha sido uno de los más grandes, pues con esta se redujo considerablemente su clientela, sin embargo han logrado mantenerse vigentes gracias a los pocos que compraron nieve durante las misma.

A lo largo de los años la familia ha cambiado o añadido sabores, pero los que siempre pide la gente y los más característicos son los de limón, fresa y vainilla.

Foto: Wendy Luna | El Sol de Durango

Por otra parte, varios de los turistas que visitan Durango se sienten atraídos por los sabores de las nieves, tanto nacionales e internacionales.

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