/ viernes 2 de noviembre de 2018

Por sus frases los conoceréis

En cualquier conversación que tengamos oportunidad de captar, según las palabras que usen los interlocutores, así como la forma en que se expresan, revelan por lo regular su calidad de personas y hasta se puede adivinar sus rasgos de personalidad.

Muchos de nuestros mandatarios han dejado para la historia algunas frases que se han convertido en célebres por lo divertido, cínico, inocente o espontáneo del momento en que se expresaron, así como también su disposición de humanidad, su posible temperamento, sus traumas y hasta su grado de megalomanía.

Por cuanto a Álvaro Obregón, quien incrementó su fama en la compra de voluntades, se le atribuye la frase: “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”. Además, careciendo de una de sus extremidades superiores, expresó a la población en su candidatura a la Presidencia de la República: “Yo soy el mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano” (para robar). También se le atribuye la frase: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Elías Calles, quien sentía que la importancia de sostener la imagen y de conservar el poder absoluto y total, sugería: “El que quiera la silla que se forme”. Y al final de su gestión indicó: “No me voy, me llevan”.

Don Adolfo Ruiz Cortínez, quien no era muy agraciado físicamente expresó: “Soy feo, pero no me eligieron para semental, sino para presidente”.

Quien se menciona que sí fue bien parecido y la misma historia lo señala como el presidente guapo fue Adolfo López Mateos, a quien se le atribuye: “La revolución mexicana fue la revolución perfecta, pues al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo pendejo, al pendejo lo hizo político y al político lo hizo rico”.

Frase que ha dejado en incógnita a los mexicanos, la pronunciada por Diaz Ordaz, cuando sostuvo: “Estoy orgulloso del año 1968, porque me permitió salvar al país”.

Quién no recordará, aquel: “Ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario” expresado por el presidente Luis Echeverría, al referirse a nuestra cercanía con los Estados Unidos y las relaciones entre ambos.

Aquella respuesta realizada por López Portillo, sobre los desaparecidos en la llamada guerra sucia de su sexenio: “En México no hay presos políticos, sino delincuentes comunes”. O cuando manifestó que para evitar cualquier devaluación: “Defenderé el peso como un perro”, pero que desgraciadamente su defensa no sirvió, pues nuestro país en su sexenio sufrió una de las más grandes devaluaciones. También en una colecta de la Cruz Roja, uno de sus ayudantes le dio un billete para que lo depositara en la alcancía del recolectante, y después comentó: “Este es el primer billete que tengo en mis manos después de cuatro años”.

Posteriormente Miguel de la Madrid, al referirse a los problemas económicos, políticos y sociales durante su mandato, así como al sismo que se padeció en el año de 1985, pronunció: “No dejaré que el país se deshaga en mis manos”. Y al haber concluido su sexenio, al responder sobre los resultados del Tratado de Libre Comercio y sus efectos en el país, manifestó: “En la apertura comercial se nos pasó la mano”.

Posteriormente Salinas de Gortari, en uno de sus informes de gobierno, en el que fuera abucheado por miembros del PRD, declaró: “Ni los veo ni los oigo”. Y cuando se le cuestionó por los escándalos de corrupción de su gabinete y su partido, respondió cínicamente: “El PRI es así porque así somos los mexicanos”.

Cuando una humilde mujer indígena pretendió venderle a Ernesto Zedillo una servilleta con un bordado de la Virgen de Guadalupe, el presidente le manifestó: “No traigo cash”.

Al referirse a nuestros paisanos que realizan arduas labores en los Estados Unidos, Vicente Fox indicó: “Los mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer”. Pero como olvidar el: “Comes y te vas” que le señaló a Fidel Castro, para la Cumbre de las Américas en el año 2004.

Felipe Calderón, ante los múltiples cuestionamientos que se hicieron ante su triunfo a López Obrador, indicó burlonamente que había triunfado: “Haiga sido como haiga sido”.

Por cuanto a Enrique Peña Nieto, como es reciente se recuerdan muchas frases, pero quién no recuerda el: “No soy la señora de la casa” cuando aún era aún candidato a la presidencia. O lo expresado en la feria internacional del libro en 2011, cuando no pudo señalar el título de tres libros que le hubieran cambiado la vida: “Un libro que me gustó, leí incluso el otro, la antítesis de ese libro, era cómo se llama, las mentiras sobre el libro de este libro” (así, textualmente lo dijo). En su gira al Estado de Oaxaca, en el avión comentó a uno de los reporteros: “Estamos ya por bajar acá en Oaxaca, estamos a un minuto de aterrizar, a menos, y creo a cinco minutos”. El mensaje que emitió a los medios de comunicación al término de su gira por América Latina en el mes de septiembre de 2012: “Los acercamientos ayudan a estar más cerca”.

En la actualidad ya son conocidas algunas frases de quien será el próximo presidente de nuestro país, quien hace tiempo expresó: “Ya cállate chachalaca”. A quienes no estén de acuerdo con él: “Sus adversarios”. A los periodistas que le cuestionan lo que no le agrada: “La prensa fifí”. Muy seguido se refería a: “La mafia del poder”; “No lo tiene ni Obama”. Ante su incapacidad de contestar: “Paz y amor”.

En una gira en Baja California Norte, señaló: “La Rumorosa es una zona natural única, extraordinaria, y ahí instalaron unos ‘ventiladores’ de energía ‘eótica’”. (Esto último me recordó un personaje que había llegado feliz de Europa por haber navegado en “glándulas” por los canales de Venecia). Por el gusto de imponer su criterio: “Me canso ganso”. Y al hacer su voluntad el presidente electo señala con regularidad: “Les guste o no les guste” y “Váyanse acostumbrando”.

Efectivamente, por las frases que han utilizado los mandatarios de nuestro país, quizás se pueda reflejar en algo la personalidad de ellos: Realistas, inteligentes, traumados, megalómanos, ególatras, cínicos, ignorantes, como usted amable lector desee calificarlos.


En cualquier conversación que tengamos oportunidad de captar, según las palabras que usen los interlocutores, así como la forma en que se expresan, revelan por lo regular su calidad de personas y hasta se puede adivinar sus rasgos de personalidad.

Muchos de nuestros mandatarios han dejado para la historia algunas frases que se han convertido en célebres por lo divertido, cínico, inocente o espontáneo del momento en que se expresaron, así como también su disposición de humanidad, su posible temperamento, sus traumas y hasta su grado de megalomanía.

Por cuanto a Álvaro Obregón, quien incrementó su fama en la compra de voluntades, se le atribuye la frase: “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”. Además, careciendo de una de sus extremidades superiores, expresó a la población en su candidatura a la Presidencia de la República: “Yo soy el mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano” (para robar). También se le atribuye la frase: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Elías Calles, quien sentía que la importancia de sostener la imagen y de conservar el poder absoluto y total, sugería: “El que quiera la silla que se forme”. Y al final de su gestión indicó: “No me voy, me llevan”.

Don Adolfo Ruiz Cortínez, quien no era muy agraciado físicamente expresó: “Soy feo, pero no me eligieron para semental, sino para presidente”.

Quien se menciona que sí fue bien parecido y la misma historia lo señala como el presidente guapo fue Adolfo López Mateos, a quien se le atribuye: “La revolución mexicana fue la revolución perfecta, pues al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo pendejo, al pendejo lo hizo político y al político lo hizo rico”.

Frase que ha dejado en incógnita a los mexicanos, la pronunciada por Diaz Ordaz, cuando sostuvo: “Estoy orgulloso del año 1968, porque me permitió salvar al país”.

Quién no recordará, aquel: “Ni nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario” expresado por el presidente Luis Echeverría, al referirse a nuestra cercanía con los Estados Unidos y las relaciones entre ambos.

Aquella respuesta realizada por López Portillo, sobre los desaparecidos en la llamada guerra sucia de su sexenio: “En México no hay presos políticos, sino delincuentes comunes”. O cuando manifestó que para evitar cualquier devaluación: “Defenderé el peso como un perro”, pero que desgraciadamente su defensa no sirvió, pues nuestro país en su sexenio sufrió una de las más grandes devaluaciones. También en una colecta de la Cruz Roja, uno de sus ayudantes le dio un billete para que lo depositara en la alcancía del recolectante, y después comentó: “Este es el primer billete que tengo en mis manos después de cuatro años”.

Posteriormente Miguel de la Madrid, al referirse a los problemas económicos, políticos y sociales durante su mandato, así como al sismo que se padeció en el año de 1985, pronunció: “No dejaré que el país se deshaga en mis manos”. Y al haber concluido su sexenio, al responder sobre los resultados del Tratado de Libre Comercio y sus efectos en el país, manifestó: “En la apertura comercial se nos pasó la mano”.

Posteriormente Salinas de Gortari, en uno de sus informes de gobierno, en el que fuera abucheado por miembros del PRD, declaró: “Ni los veo ni los oigo”. Y cuando se le cuestionó por los escándalos de corrupción de su gabinete y su partido, respondió cínicamente: “El PRI es así porque así somos los mexicanos”.

Cuando una humilde mujer indígena pretendió venderle a Ernesto Zedillo una servilleta con un bordado de la Virgen de Guadalupe, el presidente le manifestó: “No traigo cash”.

Al referirse a nuestros paisanos que realizan arduas labores en los Estados Unidos, Vicente Fox indicó: “Los mexicanos hacen trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer”. Pero como olvidar el: “Comes y te vas” que le señaló a Fidel Castro, para la Cumbre de las Américas en el año 2004.

Felipe Calderón, ante los múltiples cuestionamientos que se hicieron ante su triunfo a López Obrador, indicó burlonamente que había triunfado: “Haiga sido como haiga sido”.

Por cuanto a Enrique Peña Nieto, como es reciente se recuerdan muchas frases, pero quién no recuerda el: “No soy la señora de la casa” cuando aún era aún candidato a la presidencia. O lo expresado en la feria internacional del libro en 2011, cuando no pudo señalar el título de tres libros que le hubieran cambiado la vida: “Un libro que me gustó, leí incluso el otro, la antítesis de ese libro, era cómo se llama, las mentiras sobre el libro de este libro” (así, textualmente lo dijo). En su gira al Estado de Oaxaca, en el avión comentó a uno de los reporteros: “Estamos ya por bajar acá en Oaxaca, estamos a un minuto de aterrizar, a menos, y creo a cinco minutos”. El mensaje que emitió a los medios de comunicación al término de su gira por América Latina en el mes de septiembre de 2012: “Los acercamientos ayudan a estar más cerca”.

En la actualidad ya son conocidas algunas frases de quien será el próximo presidente de nuestro país, quien hace tiempo expresó: “Ya cállate chachalaca”. A quienes no estén de acuerdo con él: “Sus adversarios”. A los periodistas que le cuestionan lo que no le agrada: “La prensa fifí”. Muy seguido se refería a: “La mafia del poder”; “No lo tiene ni Obama”. Ante su incapacidad de contestar: “Paz y amor”.

En una gira en Baja California Norte, señaló: “La Rumorosa es una zona natural única, extraordinaria, y ahí instalaron unos ‘ventiladores’ de energía ‘eótica’”. (Esto último me recordó un personaje que había llegado feliz de Europa por haber navegado en “glándulas” por los canales de Venecia). Por el gusto de imponer su criterio: “Me canso ganso”. Y al hacer su voluntad el presidente electo señala con regularidad: “Les guste o no les guste” y “Váyanse acostumbrando”.

Efectivamente, por las frases que han utilizado los mandatarios de nuestro país, quizás se pueda reflejar en algo la personalidad de ellos: Realistas, inteligentes, traumados, megalómanos, ególatras, cínicos, ignorantes, como usted amable lector desee calificarlos.