/ viernes 30 de octubre de 2020

Asústame: Las Brujas de Tuitán, Durango

“De villa en villa, sin Dios y sin Santa María” frase aterradora que aquellas brujas desnudas gritaban con tanta alegría

Como es de costumbre que, para estas fechas donde huele a tradición y los recuerdos vagan en nuestra memoria, y los misterios y mitos rodean nuestra ciudad no parecen tener fin, pues no estamos solos siempre hay alguien que nos observa.

Así pasen las generaciones siempre tendremos algo que contar…

Como uno de los grandes mitos que ha rodeado a esta emblemática comunidad nombrada San José de Tuitán es la presencia de las brujas, un mito que hasta el día de hoy sigue vigente, pues las personas de ese pueblo son testigos de hechos extraños y tenebrosos.

¿Será que existen?

Pues se dice que hubo un hombre adinerado llamado Don Ignacio Montemayor.

Un hombre maduro y de carácter fuerte era Don Ignacio Montemayor: Grande de cuerpo y un vozarrón que imponía cada que ordenaba algo, a pesar de todo él era justo y trabajador.

Era muy capaz, dinero no le faltaba pues tenía propiedades en todo Durango, gracias al campo y a la ganadería se hizo de su fortuna. Y esa fue su vida hasta llegar a su vejez.

Don Ignacio nunca se había casado y al ver la prosperidad de su vida y sus grandes riquezas, decidió que era tiempo de unirse con alguien y tener un heredero que le diera continuidad a su legado. Sus deseos se hicieron realidad al conocer a la hija de unos jornaleros que trabajaban para él, estos tuvieron un accidente mortal dejando a la joven huérfana.

Don Ignacio vio con mucho pesar la muerte de sus peones, y debido a que la joven quedo sola decidió que se haría cargo de ella que era 25 años menor que él.

Con el paso de los días Don Ignacio se fue enamorando de la joven, poseedora de una belleza inigualable, a pesar de ser una muchacha humilde, tenía porte; de piel morena, con un cuerpo bien formado y el rostro con rasgos finos.

La joven al saber que Don Ignacio estaba enamorado de ella, aprovecho su momento y se dejó enamorar de la única manera que el viejo sabía hacerlo: con dinero y regalos.

En una noche sellaron el acuerdo en el jacal de aquella joven, donde el hombre sacio sus ímpetus y le prometió matrimonio.

Tiempo después se casaron en Durango y el hombre se la llevó a vivir a una casa que tenía ubicada en Tuitán, lugar donde había crecido.

Al llegar Don Ignacio se dio a la tarea de tener un heredero lo antes posible, al cabo de dos años sus intentos fueron infructuosos y la decepción entraron en la vida de ambos, pues a pesar de todo los deseaban no lograban tener un hijo.

La joven temía que, al no darle un hijo, Don Ignacio la abandonaría por una mujer fértil, pero a pesar de ello el hombre se desvivía por ella y le cumplía todos sus caprichos.

Al pasar el tiempo la joven que era una humilde campesina, se había convertido en una bella dama y por lo cual se empezó a juntar con otras mujeres de que vivían en el pueblo.

Esposas de hombres muy adinerados que nunca las atendían por trabajar duro en sus tierras y ranchos.

De algún modo estas señoras ejercían un control muy peculiar con sus maridos, los cuales siempre estaban a la orden de sus mujeres y cumplían cualquier capricho que ellas desearan.

La mujer de Ignacio quería ese mismo control, quería doblegarlo y que hiciera lo que ella quisiera.

Con el tiempo se hizo de una gran amistad con aquellas mujeres a tal grado de desentenderse de sus obligaciones como esposa.

Inclusive se especulaba que la mujer dejo de asistir a misa los domingos, y ya era señalada por la gente del pueblo, ya que sus actitudes habían cambiado para mal, llegaba hasta la madrugada a su casa y se rumoraba que tenía un amante.

Rumor que llego a oídos de Don Ignacio, quien era un hombre muy celoso, pero aun así decidió enfrentar a su mujer sobre los dichos de la gente y esta alegaba que veía a sus amigas por diversos motivos.

Sin embargo, Don Ignacio no era un hombre confiado y pensó un plan para espiar su amada esposa.

Durante esa semana su mujer estuvo con el todo el tiempo hasta que llego el viernes, todas las noches de esa semana cenaban juntos; pero ese día dejo instrucciones con los criados, que sirvieran la cena temprano ya que por la noche saldría.

Al llegar Don Ignacio no tuvo objeción en que su mujer saliera, incluso para respaldar la salida había ido un par de amigas con las que se juntaba.

La esposa del compadre de Don Ignacio y la otra era la mujer de uno de sus socios, así que entre bromas las tres mujeres despistadas salieron rápidamente de la casa y se retiraron caminando por las polvorientas y desiertas calles de Tuitán.

Don Ignacio desconfiado pensaba que una charada y que las mujeres alcahueteaban a su esposa para que se pudiera ver con su amante que tal vez era más joven que él.

A pesar de que los celos y la tristeza de aquel pensamiento fuera posible, decidió tomar la pistola y salió rápidamente para darles alcance.

Luego de caminar unos pasos y guiados por las voces de estas mujeres que iban platicando, las siguió a distancia prudente, hasta llegar a la casa del compadre en donde estuvieron un rato y después salieron para nuevamente internarse en la oscuridad.

Dirigiéndose e a un lugar conocido como la “pila” en las inmediaciones del pueblo y por ahí caminaron por un sendero bardeado de rocas que llevaba a unas vías del tren, se internaron por ese camino hasta perderse.

La vista cansada de Don Ignacio hizo que perdiera el rastro al trió de mujeres, al final pudo ver que se metieron en un troje y otras mujeres estaban haciendo una clase de fogata y al avivar el fuego, Don Ignacio se sorprendió ver a varias féminas alrededor de la lumbre y estas comenzaron a despojarse de su ropa hasta quedar completamente desnudas.

Con cierto recelo vio que su mujer también participaba en este acto y empuño su pistola. Antes de correr por su mujer sus extremidades empezaron a petrificarse al tiempo que su corazón empezó a latir desbocadamente, ante la perturbadora escena que vio a lo lejos.

Mientras las mujeres alzaban sus brazos en torno a la fogata surgió una señora, de piel vieja y colgada.

Luego de salir del fuego el cuerpo humeante de la anciana, se convulsiono y gritando unas frases inquietantes, su cuerpo comenzó a levitar por encima de la fogata, causando a un más horror.

“De villa en villa, sin Dios y sin Santa María” todas las mujeres gritaban estas frases y de pronto aquella aterradora visión se transformo en locura.

Don Ignacio estaba temblando de miedo, su quijada estaba trabada al igual que sus piernas de algún modo se derrumbó y comenzó arrastrarse en medio de la tierra para alejarse totalmente del fuego, cuando por fin regresaron sus fuerzas, se empuño con su pistola y corriendo regreso a su casa sin poderlo creer.

Luego de un par de horas la puerta de la casa se abrió despertó a Don Ignacio, el cual sostenía su carabina y la amartillo para ver quien había entrado.

Era su mujer que venía claramente desalineada Don Ignacio se le puso en frente y le pidió una explicación a lo que ella confeso que pertenecía a un culto y hacían prácticas de brujería, con la promesa de la fertilidad y con ello tener al deseado hijo y heredero de la fortuna de Don Ignacio.

El hombre sin montar crédito a lo que su mujer decía, monto en cólera y la tomo del brazo, para obligarla a salir de la casa y que gritara a los cuatro vientos lo que había hecho ella y sus amigas

Se inicio un forcejeo entre ambos, la mujer al verse descubierta y sabiendo que su esposo no la perdonaría por su acto, decidió huir de él.

Por lo que la mujer corrió y se quito la ropa quedando totalmente desnuda y Don Ignacio corriendo hacia el patio de la casa hasta una galera. Vio como su mujer empezó a decir oraciones y al verla a los ojos estos se ennegrecieron y grito las palabras “De villa en villa sin Dios y sin Santa María”

Al errar esas frases empezó a levita para tratar de huir y elevándose del piso perdió el control y estrello su humanidad, ante las trabes de la galera las cuales eran grandes maderos, una y otra vez intento elevarse, las mismas veces que chocaba su cuerpo contra los maderos.

El piso se tiño de su propia sangre que salía de sus heridas por sus propios golpes y los rasguños.

Lamentablemente la mujer murió instantáneamente al fracturarse el cuello, Don Ignacio le lloró a su mujer y un sentimiento de venganza de apodero de él y salió de su casa armado, a buscar a las demás brujas.

Se dice que, al presentir la muerte de una de ellas, todas salieron despavoridas del pueblo.

Don Ignacio sabía que la responsable de esa atrocidad andaba por ahí en los montes rodeada por el fuego y durante el resto de su vida de dedico a cazar a esta bruja mayo sin tener éxito, en la búsqueda de la venganza por la muerte de su esposa, murió solo, enfermo y sin heredero.

Como es de costumbre que, para estas fechas donde huele a tradición y los recuerdos vagan en nuestra memoria, y los misterios y mitos rodean nuestra ciudad no parecen tener fin, pues no estamos solos siempre hay alguien que nos observa.

Así pasen las generaciones siempre tendremos algo que contar…

Como uno de los grandes mitos que ha rodeado a esta emblemática comunidad nombrada San José de Tuitán es la presencia de las brujas, un mito que hasta el día de hoy sigue vigente, pues las personas de ese pueblo son testigos de hechos extraños y tenebrosos.

¿Será que existen?

Pues se dice que hubo un hombre adinerado llamado Don Ignacio Montemayor.

Un hombre maduro y de carácter fuerte era Don Ignacio Montemayor: Grande de cuerpo y un vozarrón que imponía cada que ordenaba algo, a pesar de todo él era justo y trabajador.

Era muy capaz, dinero no le faltaba pues tenía propiedades en todo Durango, gracias al campo y a la ganadería se hizo de su fortuna. Y esa fue su vida hasta llegar a su vejez.

Don Ignacio nunca se había casado y al ver la prosperidad de su vida y sus grandes riquezas, decidió que era tiempo de unirse con alguien y tener un heredero que le diera continuidad a su legado. Sus deseos se hicieron realidad al conocer a la hija de unos jornaleros que trabajaban para él, estos tuvieron un accidente mortal dejando a la joven huérfana.

Don Ignacio vio con mucho pesar la muerte de sus peones, y debido a que la joven quedo sola decidió que se haría cargo de ella que era 25 años menor que él.

Con el paso de los días Don Ignacio se fue enamorando de la joven, poseedora de una belleza inigualable, a pesar de ser una muchacha humilde, tenía porte; de piel morena, con un cuerpo bien formado y el rostro con rasgos finos.

La joven al saber que Don Ignacio estaba enamorado de ella, aprovecho su momento y se dejó enamorar de la única manera que el viejo sabía hacerlo: con dinero y regalos.

En una noche sellaron el acuerdo en el jacal de aquella joven, donde el hombre sacio sus ímpetus y le prometió matrimonio.

Tiempo después se casaron en Durango y el hombre se la llevó a vivir a una casa que tenía ubicada en Tuitán, lugar donde había crecido.

Al llegar Don Ignacio se dio a la tarea de tener un heredero lo antes posible, al cabo de dos años sus intentos fueron infructuosos y la decepción entraron en la vida de ambos, pues a pesar de todo los deseaban no lograban tener un hijo.

La joven temía que, al no darle un hijo, Don Ignacio la abandonaría por una mujer fértil, pero a pesar de ello el hombre se desvivía por ella y le cumplía todos sus caprichos.

Al pasar el tiempo la joven que era una humilde campesina, se había convertido en una bella dama y por lo cual se empezó a juntar con otras mujeres de que vivían en el pueblo.

Esposas de hombres muy adinerados que nunca las atendían por trabajar duro en sus tierras y ranchos.

De algún modo estas señoras ejercían un control muy peculiar con sus maridos, los cuales siempre estaban a la orden de sus mujeres y cumplían cualquier capricho que ellas desearan.

La mujer de Ignacio quería ese mismo control, quería doblegarlo y que hiciera lo que ella quisiera.

Con el tiempo se hizo de una gran amistad con aquellas mujeres a tal grado de desentenderse de sus obligaciones como esposa.

Inclusive se especulaba que la mujer dejo de asistir a misa los domingos, y ya era señalada por la gente del pueblo, ya que sus actitudes habían cambiado para mal, llegaba hasta la madrugada a su casa y se rumoraba que tenía un amante.

Rumor que llego a oídos de Don Ignacio, quien era un hombre muy celoso, pero aun así decidió enfrentar a su mujer sobre los dichos de la gente y esta alegaba que veía a sus amigas por diversos motivos.

Sin embargo, Don Ignacio no era un hombre confiado y pensó un plan para espiar su amada esposa.

Durante esa semana su mujer estuvo con el todo el tiempo hasta que llego el viernes, todas las noches de esa semana cenaban juntos; pero ese día dejo instrucciones con los criados, que sirvieran la cena temprano ya que por la noche saldría.

Al llegar Don Ignacio no tuvo objeción en que su mujer saliera, incluso para respaldar la salida había ido un par de amigas con las que se juntaba.

La esposa del compadre de Don Ignacio y la otra era la mujer de uno de sus socios, así que entre bromas las tres mujeres despistadas salieron rápidamente de la casa y se retiraron caminando por las polvorientas y desiertas calles de Tuitán.

Don Ignacio desconfiado pensaba que una charada y que las mujeres alcahueteaban a su esposa para que se pudiera ver con su amante que tal vez era más joven que él.

A pesar de que los celos y la tristeza de aquel pensamiento fuera posible, decidió tomar la pistola y salió rápidamente para darles alcance.

Luego de caminar unos pasos y guiados por las voces de estas mujeres que iban platicando, las siguió a distancia prudente, hasta llegar a la casa del compadre en donde estuvieron un rato y después salieron para nuevamente internarse en la oscuridad.

Dirigiéndose e a un lugar conocido como la “pila” en las inmediaciones del pueblo y por ahí caminaron por un sendero bardeado de rocas que llevaba a unas vías del tren, se internaron por ese camino hasta perderse.

La vista cansada de Don Ignacio hizo que perdiera el rastro al trió de mujeres, al final pudo ver que se metieron en un troje y otras mujeres estaban haciendo una clase de fogata y al avivar el fuego, Don Ignacio se sorprendió ver a varias féminas alrededor de la lumbre y estas comenzaron a despojarse de su ropa hasta quedar completamente desnudas.

Con cierto recelo vio que su mujer también participaba en este acto y empuño su pistola. Antes de correr por su mujer sus extremidades empezaron a petrificarse al tiempo que su corazón empezó a latir desbocadamente, ante la perturbadora escena que vio a lo lejos.

Mientras las mujeres alzaban sus brazos en torno a la fogata surgió una señora, de piel vieja y colgada.

Luego de salir del fuego el cuerpo humeante de la anciana, se convulsiono y gritando unas frases inquietantes, su cuerpo comenzó a levitar por encima de la fogata, causando a un más horror.

“De villa en villa, sin Dios y sin Santa María” todas las mujeres gritaban estas frases y de pronto aquella aterradora visión se transformo en locura.

Don Ignacio estaba temblando de miedo, su quijada estaba trabada al igual que sus piernas de algún modo se derrumbó y comenzó arrastrarse en medio de la tierra para alejarse totalmente del fuego, cuando por fin regresaron sus fuerzas, se empuño con su pistola y corriendo regreso a su casa sin poderlo creer.

Luego de un par de horas la puerta de la casa se abrió despertó a Don Ignacio, el cual sostenía su carabina y la amartillo para ver quien había entrado.

Era su mujer que venía claramente desalineada Don Ignacio se le puso en frente y le pidió una explicación a lo que ella confeso que pertenecía a un culto y hacían prácticas de brujería, con la promesa de la fertilidad y con ello tener al deseado hijo y heredero de la fortuna de Don Ignacio.

El hombre sin montar crédito a lo que su mujer decía, monto en cólera y la tomo del brazo, para obligarla a salir de la casa y que gritara a los cuatro vientos lo que había hecho ella y sus amigas

Se inicio un forcejeo entre ambos, la mujer al verse descubierta y sabiendo que su esposo no la perdonaría por su acto, decidió huir de él.

Por lo que la mujer corrió y se quito la ropa quedando totalmente desnuda y Don Ignacio corriendo hacia el patio de la casa hasta una galera. Vio como su mujer empezó a decir oraciones y al verla a los ojos estos se ennegrecieron y grito las palabras “De villa en villa sin Dios y sin Santa María”

Al errar esas frases empezó a levita para tratar de huir y elevándose del piso perdió el control y estrello su humanidad, ante las trabes de la galera las cuales eran grandes maderos, una y otra vez intento elevarse, las mismas veces que chocaba su cuerpo contra los maderos.

El piso se tiño de su propia sangre que salía de sus heridas por sus propios golpes y los rasguños.

Lamentablemente la mujer murió instantáneamente al fracturarse el cuello, Don Ignacio le lloró a su mujer y un sentimiento de venganza de apodero de él y salió de su casa armado, a buscar a las demás brujas.

Se dice que, al presentir la muerte de una de ellas, todas salieron despavoridas del pueblo.

Don Ignacio sabía que la responsable de esa atrocidad andaba por ahí en los montes rodeada por el fuego y durante el resto de su vida de dedico a cazar a esta bruja mayo sin tener éxito, en la búsqueda de la venganza por la muerte de su esposa, murió solo, enfermo y sin heredero.

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