/ domingo 14 de mayo de 2023

Exsurge

A los maestros

En la antigua Grecia, los niños acudían a las primeras escuelas de enseñanza para cultivar el arte del saber, para cultivar la sabiduría. Los patrones mandaban a sus sirvientes a llevar a los niños a estos centros de educación. Y ellos los «conducían» a que aprendieran. A estos sirvientes les empezaron a llamar Pedagogos, del griego «paidós», niño, y «ago», conducir. Es decir, el pedagogo es el que conduce a los niños al aprendizaje. Desde entonces, el arte de la enseñanza es la pedagogía. Y quienes lo desempeñan son nuestros maestros, pues conducen a niños y jóvenes, a adultos y personas mayores, a la sabiduría.

Gran labor esta de ser maestros. Normalmente recordamos a los que nos dieron clases desde la primaria. Ahora desde maternal y preescolar. Y digo que los recordamos a ellos, más allá de las enseñanzas que sabiamente nos transmitieron. Porque los contenidos sin inspiración personal, son huecos. Mientras que lo humano de aquel que enseña, se puede traducir en inspiración para aprender más. En efecto, un buen maestro no sólo hace aprender, sino que inspira para aprender. Esos maestros que con pasión explican sus materias, que con cariño conducen a los alumnos, que con dedicación van formando buenas personas, son los que dejan una huella imborrable en nuestros corazones. Los contenidos de las materias puede que se nos olviden, pero la persona –buena o mala– de nuestros maestros, difícilmente se nos borra.

A Jesús le llamaban «maestro», en hebreo «rabbí», pues decían que enseñaba con autoridad. De él podemos destacar dos actitudes, a modo de ejemplo y modelo para nuestros maestros. Primero, la pasión con la que enseñaba, pues sus oyentes quedaban entusiasmados, les gustaba escucharle, se sentían atraídos por sus palabras. Además, en segundo lugar, aquello que Jesús decía, lo vivía. No sólo enseñaba transmitiendo contenidos, sino enseñaba con su propio ejemplo de vida.

A los maestros hoy les decimos: enseñen con pasión, para que sean inspiración de sus alumnos. Pero también vivan con ejemplariedad de conducta, para que no sólo sean vistos como inteligentes, sino como sabios. Ya sabemos el antiguo adagio que señala que «la palabra instruye, pero el ejemplo arrastra». Con pasión, corazón y vida serán buenos conductores en la vida de las personas, buenos pedagogos y docentes de nuestra época. Maestros, necesitamos que sigan siendo referencia para los alumnos, pues, como alertaba Max Scheler, la decadencia en la que se está cayendo en nuestros días se debe a que la referencialidad de niños y jóvenes ahora está en los ricos, poderosos y famosos, más que en los genios, héroes y santos.

Nuestro reconocimiento para ustedes, maestros. Gracias por su dedicación y esfuerzo. Aristóteles transmitió unas grandes palabras para ustedes y hoy quiero hacerles un eco: «Aquellos que educan bien a los niños, merecen recibir más honores que sus propios padres, porque aquellos sólo les dieron vida; estos el arte de vivir bien».

¡Feliz Día del Maestro!

Twitter: @Noesov

A los maestros

En la antigua Grecia, los niños acudían a las primeras escuelas de enseñanza para cultivar el arte del saber, para cultivar la sabiduría. Los patrones mandaban a sus sirvientes a llevar a los niños a estos centros de educación. Y ellos los «conducían» a que aprendieran. A estos sirvientes les empezaron a llamar Pedagogos, del griego «paidós», niño, y «ago», conducir. Es decir, el pedagogo es el que conduce a los niños al aprendizaje. Desde entonces, el arte de la enseñanza es la pedagogía. Y quienes lo desempeñan son nuestros maestros, pues conducen a niños y jóvenes, a adultos y personas mayores, a la sabiduría.

Gran labor esta de ser maestros. Normalmente recordamos a los que nos dieron clases desde la primaria. Ahora desde maternal y preescolar. Y digo que los recordamos a ellos, más allá de las enseñanzas que sabiamente nos transmitieron. Porque los contenidos sin inspiración personal, son huecos. Mientras que lo humano de aquel que enseña, se puede traducir en inspiración para aprender más. En efecto, un buen maestro no sólo hace aprender, sino que inspira para aprender. Esos maestros que con pasión explican sus materias, que con cariño conducen a los alumnos, que con dedicación van formando buenas personas, son los que dejan una huella imborrable en nuestros corazones. Los contenidos de las materias puede que se nos olviden, pero la persona –buena o mala– de nuestros maestros, difícilmente se nos borra.

A Jesús le llamaban «maestro», en hebreo «rabbí», pues decían que enseñaba con autoridad. De él podemos destacar dos actitudes, a modo de ejemplo y modelo para nuestros maestros. Primero, la pasión con la que enseñaba, pues sus oyentes quedaban entusiasmados, les gustaba escucharle, se sentían atraídos por sus palabras. Además, en segundo lugar, aquello que Jesús decía, lo vivía. No sólo enseñaba transmitiendo contenidos, sino enseñaba con su propio ejemplo de vida.

A los maestros hoy les decimos: enseñen con pasión, para que sean inspiración de sus alumnos. Pero también vivan con ejemplariedad de conducta, para que no sólo sean vistos como inteligentes, sino como sabios. Ya sabemos el antiguo adagio que señala que «la palabra instruye, pero el ejemplo arrastra». Con pasión, corazón y vida serán buenos conductores en la vida de las personas, buenos pedagogos y docentes de nuestra época. Maestros, necesitamos que sigan siendo referencia para los alumnos, pues, como alertaba Max Scheler, la decadencia en la que se está cayendo en nuestros días se debe a que la referencialidad de niños y jóvenes ahora está en los ricos, poderosos y famosos, más que en los genios, héroes y santos.

Nuestro reconocimiento para ustedes, maestros. Gracias por su dedicación y esfuerzo. Aristóteles transmitió unas grandes palabras para ustedes y hoy quiero hacerles un eco: «Aquellos que educan bien a los niños, merecen recibir más honores que sus propios padres, porque aquellos sólo les dieron vida; estos el arte de vivir bien».

¡Feliz Día del Maestro!

Twitter: @Noesov

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