/ domingo 5 de mayo de 2024

Exsurge

Los llamo amigos


«El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro», sostiene el libro del Eclesiástico (6,14). La amistad es uno de los dones más bonitos con los que la vida nos puede premiar, alguien que nos acompañe, corrija y consuele con la cercanía de quien sabe lo que es necesario por el afecto que se tiene. Se trata de un amor particular y especial, tanto así que los antiguos griegos tenían una palabra propia para designarlo, el término «philos», diferente del amor «ágape» (amor de compromiso pleno) y el amor «eros» (amor de pareja).

Encontrar un amigo, entonces, nos enriquece el alma. Jesucristo sabía del don de la amistad y la vivió profundamente. En Betania encontró su remanso de paz con sus amigos María, Marta y Lázaro, de quienes los judíos afirman con sorpresa: «mirad cómo le quería» (Jn 11,36). Tal experiencia muy humana, llevará a Jesús a llamar a sus propios discípulos —y en ellos a nosotros—, amigos: «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre» (Jn 15,15).

Amigos de Dios y amigos entre nosotros. Cultivar el don de la amistad nos acerca más a Dios, pues Él mismo ha ennoblecido esta cercanía, y nos hace más humanos, pues valoramos la alteridad y servimos desde la sinceridad y la gratuidad. Por ello me atrevería a afirmar que la amistad es necesaria para un crecimiento integral de todas las personas. O dicho con otras palabras, todos necesitamos de un amigo.

Aristóteles sostenía que «La amistad es como un alma en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas», ya que muchas veces puede interpretarse el sentir del amigo sin que se tenga que decir una sola palabra. Por eso, el primer paso de una buena amistad es el conocimiento y la empatía con el otro.

Se necesita, además, el apoyo firme y la corrección sincera. Caminar juntos en la virtud y no consentir el paso a los vicios. Cicerón, este sentido, afirmaba que «La amistad ha sido concedida por la naturaleza para apoyo de las virtudes, no para compañera de los vicios». Es de amigos corregirse y es de amigos saber aceptar la corrección.

Un amigo no solo comparte cercanía en las dificultades, sino alegría en los triunfos. Por eso Isócrates sostenía: «Reconoced por verdaderos amigos a los que se afligen por vuestras desgracias; pero más aún, aquellos que no se afligen por vuestras satisfacciones». Muchos envidian la buena suerte del otro, el amigo leal se alegra de sus triunfos e impulsa para que se consigan más.

El amigo, por tanto es refugio, consuelo, impulso, alegría, sostén… es un tesoro. Tener un verdadero amigo es un don. Tener a Dios como amigo es una bendición. No dudemos en acudir al amigo con frecuencia y jamás dudemos en acudir a Dios como nuestro amigo.

Termino citando al filósofo francés Albert Camus, con una sentencia que nos puede ayudar con el don de la amistad: «No camines detrás de mí; no te guiaré. No camines delante de mí; no te seguiré. Sólo camina a mi lado y sé mi amigo».

Caminemos juntos, seamos amigos.

Twitter: @Noesov

Los llamo amigos


«El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro», sostiene el libro del Eclesiástico (6,14). La amistad es uno de los dones más bonitos con los que la vida nos puede premiar, alguien que nos acompañe, corrija y consuele con la cercanía de quien sabe lo que es necesario por el afecto que se tiene. Se trata de un amor particular y especial, tanto así que los antiguos griegos tenían una palabra propia para designarlo, el término «philos», diferente del amor «ágape» (amor de compromiso pleno) y el amor «eros» (amor de pareja).

Encontrar un amigo, entonces, nos enriquece el alma. Jesucristo sabía del don de la amistad y la vivió profundamente. En Betania encontró su remanso de paz con sus amigos María, Marta y Lázaro, de quienes los judíos afirman con sorpresa: «mirad cómo le quería» (Jn 11,36). Tal experiencia muy humana, llevará a Jesús a llamar a sus propios discípulos —y en ellos a nosotros—, amigos: «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre» (Jn 15,15).

Amigos de Dios y amigos entre nosotros. Cultivar el don de la amistad nos acerca más a Dios, pues Él mismo ha ennoblecido esta cercanía, y nos hace más humanos, pues valoramos la alteridad y servimos desde la sinceridad y la gratuidad. Por ello me atrevería a afirmar que la amistad es necesaria para un crecimiento integral de todas las personas. O dicho con otras palabras, todos necesitamos de un amigo.

Aristóteles sostenía que «La amistad es como un alma en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas», ya que muchas veces puede interpretarse el sentir del amigo sin que se tenga que decir una sola palabra. Por eso, el primer paso de una buena amistad es el conocimiento y la empatía con el otro.

Se necesita, además, el apoyo firme y la corrección sincera. Caminar juntos en la virtud y no consentir el paso a los vicios. Cicerón, este sentido, afirmaba que «La amistad ha sido concedida por la naturaleza para apoyo de las virtudes, no para compañera de los vicios». Es de amigos corregirse y es de amigos saber aceptar la corrección.

Un amigo no solo comparte cercanía en las dificultades, sino alegría en los triunfos. Por eso Isócrates sostenía: «Reconoced por verdaderos amigos a los que se afligen por vuestras desgracias; pero más aún, aquellos que no se afligen por vuestras satisfacciones». Muchos envidian la buena suerte del otro, el amigo leal se alegra de sus triunfos e impulsa para que se consigan más.

El amigo, por tanto es refugio, consuelo, impulso, alegría, sostén… es un tesoro. Tener un verdadero amigo es un don. Tener a Dios como amigo es una bendición. No dudemos en acudir al amigo con frecuencia y jamás dudemos en acudir a Dios como nuestro amigo.

Termino citando al filósofo francés Albert Camus, con una sentencia que nos puede ayudar con el don de la amistad: «No camines detrás de mí; no te guiaré. No camines delante de mí; no te seguiré. Sólo camina a mi lado y sé mi amigo».

Caminemos juntos, seamos amigos.

Twitter: @Noesov

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