/ martes 18 de mayo de 2021

Percepción ciudadana

J. Womack es un historiador norteamericano que estudió la revolución mexicana y a Emiliano Zapata mejor que muchos mexicanos. Argumenta que la democracia se funda con reglas y costumbres que la sociedad reconoce como necesarias para la convivencia social, destinadas a humanizar la realidad. Esencia de la cultura, dijera Samuel Ramos, en Su Perfil del Hombre y la Cultura en México.

Los cambios al régimen político que presume el gobierno de López Obrador, y sus efectos en el sistema político, no se reflejan en las campañas electorales para el 6 de junio. Proliferan en clientelismo, los denuestos entre candidatos, uso ilegal de presupuesto por parte de gobernadores y violencia en candidatos a manos del crimen organizado.

Tipificar en la Constitución los delitos electorales como graves y sin derecho a fianza, es letra muerta como dice el presidente. La FGR y la FEPADE no dan un paso si no ordena López Obrador, que ondea la bandera anticorrupción sin resultados concretos, mucho discurso sin consecuencia, y siguen protegiendo Peña Nieto y sus cercanos. Se distorsiona el aforismo de Juárez: A los amigos la gracia, y a los enemigos, si son pequeños o están de modo, la ley.

La democracia mexicana es gibarizada al conteo de votos, varias reformas a la ley electoral y el fraude permanece. Antes era el robo de votos o adulteración de urnas, hoy se instrumenta meses antes con el presupuesto Estatal en pequeñas obras de construcción selectivas, despensas, compra de tiempos en televisoras privadas en propaganda disfrazada de entrevistas, dineros y cooptación a grupos y activistas, en esto los del Bicentenario son expertos.

Ya es una tradición señalada por Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad, el tratar hacer revoluciones con palabras o imponer hechos con decretos, tal sucedió con la transición democrática y la reforma del estado, llenas de palabras y pocas acciones. Ironía, viene EE.UU a vigilar elecciones libres en sindicatos y la aplicación de la ley antimonopolica. Ojalá ayude a superar otras prácticas feudales de mal trato a la mujer, los niños, la corrupción hasta para tener ingreso a una universidad o pagar la tarifa de precios en sacramentos en la iglesia católica.

Recordamos con J. Maritain, que la democracia que tengamos es resultado de nuestras capacidades y de nuestros límites. No nos desconcierte que las campañas parecen burlesques, que los candidatos no muestran oficio, que los partidos funcionan como empresas mercantiles, que el análisis es pobre en periodistas e intelectuales. De tal manera que López Obrador se solaza igual que el de la zanahoria con el conejo. Controla el espacio noticioso, con denuncias electorales, con una versión idealista y conservadora de la historia que extiende al era precolombina, hace bromas o se para a jugar beisbol en sus giras, abusa de que la oposición no plantea más que el regreso a los subsidios de la corrupción, y no repara que la 4T no ofrece perspectivas bien sustentadas.

Cuando Salinas de Gortari negoció el TLC cumplió exigencias de la Casablanca no ventiladas. Crear la Comisión Nacional de Derechos Humanos para respetar las garantías individuales, que creáramos la Comisión federal de Competencia Económica porque 12 monopolios controlan el país, que cuidáramos en ambiente. Se hicieron leyes y burocracias y otros órganos autónomos por ley que trabajaban de súbditos del gobierno.

Si López Obrador afina su liderazgo, y sin que sea paradoja, avanzaremos más con la confrontación ideas que con la parafernalia y la cortesía corrupta anterior.

J. Womack es un historiador norteamericano que estudió la revolución mexicana y a Emiliano Zapata mejor que muchos mexicanos. Argumenta que la democracia se funda con reglas y costumbres que la sociedad reconoce como necesarias para la convivencia social, destinadas a humanizar la realidad. Esencia de la cultura, dijera Samuel Ramos, en Su Perfil del Hombre y la Cultura en México.

Los cambios al régimen político que presume el gobierno de López Obrador, y sus efectos en el sistema político, no se reflejan en las campañas electorales para el 6 de junio. Proliferan en clientelismo, los denuestos entre candidatos, uso ilegal de presupuesto por parte de gobernadores y violencia en candidatos a manos del crimen organizado.

Tipificar en la Constitución los delitos electorales como graves y sin derecho a fianza, es letra muerta como dice el presidente. La FGR y la FEPADE no dan un paso si no ordena López Obrador, que ondea la bandera anticorrupción sin resultados concretos, mucho discurso sin consecuencia, y siguen protegiendo Peña Nieto y sus cercanos. Se distorsiona el aforismo de Juárez: A los amigos la gracia, y a los enemigos, si son pequeños o están de modo, la ley.

La democracia mexicana es gibarizada al conteo de votos, varias reformas a la ley electoral y el fraude permanece. Antes era el robo de votos o adulteración de urnas, hoy se instrumenta meses antes con el presupuesto Estatal en pequeñas obras de construcción selectivas, despensas, compra de tiempos en televisoras privadas en propaganda disfrazada de entrevistas, dineros y cooptación a grupos y activistas, en esto los del Bicentenario son expertos.

Ya es una tradición señalada por Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad, el tratar hacer revoluciones con palabras o imponer hechos con decretos, tal sucedió con la transición democrática y la reforma del estado, llenas de palabras y pocas acciones. Ironía, viene EE.UU a vigilar elecciones libres en sindicatos y la aplicación de la ley antimonopolica. Ojalá ayude a superar otras prácticas feudales de mal trato a la mujer, los niños, la corrupción hasta para tener ingreso a una universidad o pagar la tarifa de precios en sacramentos en la iglesia católica.

Recordamos con J. Maritain, que la democracia que tengamos es resultado de nuestras capacidades y de nuestros límites. No nos desconcierte que las campañas parecen burlesques, que los candidatos no muestran oficio, que los partidos funcionan como empresas mercantiles, que el análisis es pobre en periodistas e intelectuales. De tal manera que López Obrador se solaza igual que el de la zanahoria con el conejo. Controla el espacio noticioso, con denuncias electorales, con una versión idealista y conservadora de la historia que extiende al era precolombina, hace bromas o se para a jugar beisbol en sus giras, abusa de que la oposición no plantea más que el regreso a los subsidios de la corrupción, y no repara que la 4T no ofrece perspectivas bien sustentadas.

Cuando Salinas de Gortari negoció el TLC cumplió exigencias de la Casablanca no ventiladas. Crear la Comisión Nacional de Derechos Humanos para respetar las garantías individuales, que creáramos la Comisión federal de Competencia Económica porque 12 monopolios controlan el país, que cuidáramos en ambiente. Se hicieron leyes y burocracias y otros órganos autónomos por ley que trabajaban de súbditos del gobierno.

Si López Obrador afina su liderazgo, y sin que sea paradoja, avanzaremos más con la confrontación ideas que con la parafernalia y la cortesía corrupta anterior.

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