/ domingo 17 de diciembre de 2023

Desde el pizarrón

PISA... ¿Qué hacer?

En la palestra educativa nacional, el tema de vigencia en estas fechas, en que está por concluir el año 2023, lo constituyen los resultados que se han emitido sobre el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2022, el estudio mundial realizado el año pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 81 países (38 de ellos miembros de la OCDE y 43 no miembros), con el objetivo de evaluar los sistemas educativos midiendo el rendimiento escolar de alumnos de 15 años, en matemáticas, ciencias y lectura.

Analistas, críticos y especialistas de la comunidad internacional han vertido sus puntos de vista, sus opiniones en torno a esos indicadores; sentires que han sido muy variados y desde distintos enfoques; algunos los han examinado desde una óptica educativa, otros desde el campo económico y los más, en el panorama político que de manera personal o gremial le es conveniente.

El propósito central de esta columna, es observar desde un ángulo objetivo y desde la importancia que tiene cada acontecer en la modificación de las tareas educativas y el impacto que esto genera u ocasionará en los centros escolares, sin ningún otro sesgo; por ello es necesario reconocer que los resultados mencionados hacen ver que en matemáticas, en 2018, el 56 por ciento de los jóvenes mexicanos no podía pasar del módulo 1, que sólo el 0.5 por ciento llegó al módulo 5, y que nadie llegó al módulo 6. Para 2022, el 66 por ciento de los sustentantes se quedó en el módulo 1, los que llegaron al 5 se redujeron a 0.2 por ciento y que, otra vez, nadie llegó al 6.

Para México, matemáticas representa la caída más aguda, un descenso de 14 puntos entre 2018 y 2022, que de acuerdo con la OCDE “revirtió la mayoría de los avances en el periodo 2003-2009, y cuyas puntuaciones, “se acercaron a las que se registraron entre 2003 y 2006”. En el PISA 2022, la puntuación en matemáticas fue la más baja desde 2003, la de lectura fue la más baja desde 2006 y la de ciencias fue la misma que se obtuvo en 2006.

El conocimiento de la ciencia cayó 9 puntos en el lapso auscultado, mientras que la lectura se redujo en 5 puntos. En el resultado final, México salió con cuatro años menos de escolaridad, por detrás del promedio de la OCDE. Los resultados de la prueba PISA colocaron a México en el lugar 57 general (el promedio de las calificaciones en matemáticas, lectura y ciencia).

Comparado con 2012, la proporción de estudiantes con calificaciones inferiores al nivel básico de competencia cayó 11 por ciento en matemáticas y 5 por ciento en lectura. Casi ningún estudiante mexicano alcanzó el nivel 5 en matemáticas, mientras que el promedio de comprensión de lectura en la OCDE fue de 7 por ciento, solo 1 por ciento de los mexicanos alcanzó ese nivel.

Cada publicación de resultados del examen del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes ha provocado sacudidas a diferentes países; Alemania tuvo su estremecimiento tras los exámenes del 2000, pues sus estudiantes obtuvieron resultados mediocres; a Japón le tocó en 2003, tras su descenso en matemáticas, cuando en el año 2000 fue el primer lugar. Hoy que México padece la convulsión PISA tras la divulgación de las pruebas de 2022, es importante analizar detenidamente los resultados, dado que representan una buena medida para estimar el efecto que tuvo la pandemia en los distintos sistemas escolares del mundo y tratar de entender las razones de su impacto debido al tiempo prolongado que las escuelas estuvieron cerradas y a la poca disponibilidad de infraestructura digital en los hogares, para recibir clases en línea.

Es importante considerar a PISA como elemento para orientar las políticas educativas; sin distorsión de la realidad de los resultados y mucho menos colocar al docente como el directamente responsable, porque ello genera fractura social. Es preciso no perder de vista que los resultados que muestra PISA, así como los datos que presenta MEJOREDU causan siempre ese tipo de escozor público, pero en ambos casos, los indicadores ofrecidos no constituyen elementos suficientes para la toma de decisiones locales y mucho menos disposiciones aplicables a cada centro escolar, dado que lo que publica PISA no tiene desagregación estatal y las devoluciones de MEJOREDU no tienen la finalidad de formulación de juicios generales.

Algo insoslayable es que el nivel educativo en México no es el mejor, y que Durango no es ajeno a ese problema, un hecho que está diagnosticado con oportunidad y que forma parte del Programa Educativo de Durango; por ello, toda vez que el primer momento de aplicación de las estrategias plasmadas en el Programa ha servido para hacer los ajustes necesarios de carácter adjetivo, a partir del ciclo escolar que transcurre, el 2023-2024, y con mayor énfasis desde el inicio del año 2024, las acciones deberán estar inclinadas hacia lo académico; deberá acentuarse la atención a los procesos de gestión del conocimiento en todos los tipos y niveles educativos, por encima de conflictos magisteriales y de intereses minoritarios o particulares.

Una de las acciones a efectuar durante el primer cuatrimestre del 2024, será la de aplicar una evaluación local estandarizada que permita detectar con objetividad las áreas de oportunidad que permitan intervenir adecuadamente en las necesidades reales que tienen tanto estudiantes como docentes.

La ley es la ley

PISA... ¿Qué hacer?

En la palestra educativa nacional, el tema de vigencia en estas fechas, en que está por concluir el año 2023, lo constituyen los resultados que se han emitido sobre el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2022, el estudio mundial realizado el año pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 81 países (38 de ellos miembros de la OCDE y 43 no miembros), con el objetivo de evaluar los sistemas educativos midiendo el rendimiento escolar de alumnos de 15 años, en matemáticas, ciencias y lectura.

Analistas, críticos y especialistas de la comunidad internacional han vertido sus puntos de vista, sus opiniones en torno a esos indicadores; sentires que han sido muy variados y desde distintos enfoques; algunos los han examinado desde una óptica educativa, otros desde el campo económico y los más, en el panorama político que de manera personal o gremial le es conveniente.

El propósito central de esta columna, es observar desde un ángulo objetivo y desde la importancia que tiene cada acontecer en la modificación de las tareas educativas y el impacto que esto genera u ocasionará en los centros escolares, sin ningún otro sesgo; por ello es necesario reconocer que los resultados mencionados hacen ver que en matemáticas, en 2018, el 56 por ciento de los jóvenes mexicanos no podía pasar del módulo 1, que sólo el 0.5 por ciento llegó al módulo 5, y que nadie llegó al módulo 6. Para 2022, el 66 por ciento de los sustentantes se quedó en el módulo 1, los que llegaron al 5 se redujeron a 0.2 por ciento y que, otra vez, nadie llegó al 6.

Para México, matemáticas representa la caída más aguda, un descenso de 14 puntos entre 2018 y 2022, que de acuerdo con la OCDE “revirtió la mayoría de los avances en el periodo 2003-2009, y cuyas puntuaciones, “se acercaron a las que se registraron entre 2003 y 2006”. En el PISA 2022, la puntuación en matemáticas fue la más baja desde 2003, la de lectura fue la más baja desde 2006 y la de ciencias fue la misma que se obtuvo en 2006.

El conocimiento de la ciencia cayó 9 puntos en el lapso auscultado, mientras que la lectura se redujo en 5 puntos. En el resultado final, México salió con cuatro años menos de escolaridad, por detrás del promedio de la OCDE. Los resultados de la prueba PISA colocaron a México en el lugar 57 general (el promedio de las calificaciones en matemáticas, lectura y ciencia).

Comparado con 2012, la proporción de estudiantes con calificaciones inferiores al nivel básico de competencia cayó 11 por ciento en matemáticas y 5 por ciento en lectura. Casi ningún estudiante mexicano alcanzó el nivel 5 en matemáticas, mientras que el promedio de comprensión de lectura en la OCDE fue de 7 por ciento, solo 1 por ciento de los mexicanos alcanzó ese nivel.

Cada publicación de resultados del examen del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes ha provocado sacudidas a diferentes países; Alemania tuvo su estremecimiento tras los exámenes del 2000, pues sus estudiantes obtuvieron resultados mediocres; a Japón le tocó en 2003, tras su descenso en matemáticas, cuando en el año 2000 fue el primer lugar. Hoy que México padece la convulsión PISA tras la divulgación de las pruebas de 2022, es importante analizar detenidamente los resultados, dado que representan una buena medida para estimar el efecto que tuvo la pandemia en los distintos sistemas escolares del mundo y tratar de entender las razones de su impacto debido al tiempo prolongado que las escuelas estuvieron cerradas y a la poca disponibilidad de infraestructura digital en los hogares, para recibir clases en línea.

Es importante considerar a PISA como elemento para orientar las políticas educativas; sin distorsión de la realidad de los resultados y mucho menos colocar al docente como el directamente responsable, porque ello genera fractura social. Es preciso no perder de vista que los resultados que muestra PISA, así como los datos que presenta MEJOREDU causan siempre ese tipo de escozor público, pero en ambos casos, los indicadores ofrecidos no constituyen elementos suficientes para la toma de decisiones locales y mucho menos disposiciones aplicables a cada centro escolar, dado que lo que publica PISA no tiene desagregación estatal y las devoluciones de MEJOREDU no tienen la finalidad de formulación de juicios generales.

Algo insoslayable es que el nivel educativo en México no es el mejor, y que Durango no es ajeno a ese problema, un hecho que está diagnosticado con oportunidad y que forma parte del Programa Educativo de Durango; por ello, toda vez que el primer momento de aplicación de las estrategias plasmadas en el Programa ha servido para hacer los ajustes necesarios de carácter adjetivo, a partir del ciclo escolar que transcurre, el 2023-2024, y con mayor énfasis desde el inicio del año 2024, las acciones deberán estar inclinadas hacia lo académico; deberá acentuarse la atención a los procesos de gestión del conocimiento en todos los tipos y niveles educativos, por encima de conflictos magisteriales y de intereses minoritarios o particulares.

Una de las acciones a efectuar durante el primer cuatrimestre del 2024, será la de aplicar una evaluación local estandarizada que permita detectar con objetividad las áreas de oportunidad que permitan intervenir adecuadamente en las necesidades reales que tienen tanto estudiantes como docentes.

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