/ miércoles 17 de abril de 2019

Columna Liberal

La señal de Jonás no es la misma que la de Lázaro

Conocimos a un camarada que pertenecía a una secta cristiana, era él una persona híper activa, muy bromista y hasta sarcástico, sólo que los viernes se abstraía, procuraba retirarse y no alternaba con todos los demás y mucho menos decía palabras altisonantes u ofensivas, que porque su religión no se los permitía en ese día en especial de la semana.

Ah, pero entre semana era el alma del Judas, no el Tadeo por supuesto que no, sino el Iscariote. Como que hay mucha incongruencia en esa disciplina o enseñanza, nosotros diríamos que hasta hipocresía.

En el caso de los que nos decimos católicos o que profesamos la religión cristiana sucede algo similar que en la precitada persona porque en ciertas fechas como por ejemplo en estos tiempos de la Semana Santa que la tomamos para la chacota, vacacionar, tirar barra y algo más.

Bueno, pero para esta ocasión y como en el caso del referido caso, en esta entrega nos abstendremos de cargarle la mano a quien ha hecho los deméritos para ello y les ofreceremos en esta vez algo que tal vez le llame a reflexionar en cosas en las que nos pasan de largo y nunca les hemos puesto la debida atención, algo así como lo que refiere Leopoldo Mendívil López en su libro El Secreto Vaticano.

Tal vez usted amable lector quisiera auscultar sobre el hecho de la crucifixión de Jesús el Cristo hace un poco más de dos mil años y de quien nos refiere el Nuevo Testamento que luego de ser sacrificado duró tres días en el sepulcro y luego de ese período resucitó y subió a los cielos.

Veamos el caso de la alta iniciación entre los antiguos egipcios, donde el iniciado era colocado en un sarcófago de madera diseñado con la figura de un pez, su hierofante, iniciador o instructor, luego de ciertos ceremoniales y prácticas ritualistas arrebataba su espíritu y lo trasladaba a los planos espirituales superiores y le explicaba los misterios que le eran permitido conocer y al tercer día de esa muerte virtual, era sacado del sarcófago y regresado al mundo con otra personalidad diferente, es decir, era resucitado, quien aunque encarnado, había adquirido y llegado a ser un ser superior, el Yo Eterno, espiritualmente hablando.

El gran Apolonio de Tiana se resistió a pasar por la prueba de la crucifixión, pero se inició en otra escuela y la historia nos habla de sus grandes proezas como vidente, profeta, sanador, etc.

En la misma Biblia muchos hemos conocido u oído del pasaje de Jonás de quien Jesús sentenció que por ciertas razones y en lo sucesivo sólo se recibiría la señal del anterior personaje, de quien se relata míticamente que se lo tragó una ballena, como en los egipcios depositados en el sarcófago en forma de pez y que al tercer día, al igual que Jesucristo, los grandes iniciados y en ciertos rituales entre los masones, la ballena liberó sano y salvo a Jonás, es decir resucitaron al tercer día.

Es lo único que les podemos mencionar sobre el hecho de seres que dada su preparación y avance espiritual han podido adquirir la liberación mediante una lucha en que se somete al ser animal o bestia que mora en nuestro interior y a quien se le conoce también con el nombre Satán o si usted lo prefiere mencionar como el subconsciente o yo inferior, quien nos domina y se “alimenta” través de los vicios y las pasiones y nos tiene anclados en este mundo material impidiéndonos ascender a planos espirituales superiores.

Luego de ciertos ayunos, (cuarenta días y cuarenta noches en el caso de Jesús), y otros ejercicios y preparativos especiales, el Yo Superior está listo para enfrentar esa singular batalla para luego llegar a la resurrección. Esa es la verdadera resurrección como lo reconocen los yoguis, Madam Blabaski, Gurdjieff, Lehman Hisey, etc.

No es lo mismo que la resurrección que se dio como en al caso de Lázaro y otros casos atribuidos también a Jesús. Los mismos apóstoles y otros operadores de “ milagros “ podían volver a la vida física a personas fallecidas siempre y cuando no hubieran agotado su término de existencia previamente asignado por el Gran Torcedor.

Nuestra modesta y bien intencionada opinión es salirnos un poco del modelo en el cual hemos sido enmarcados o programados y nos dediquemos a informarnos y documentarnos a profundidad y después establezcamos un criterio y no caer en lo que dijo el redentor de Galilea de que son muchos los llamados, pero pocos los escogidos y lo reiteró el apóstol Pedro cuando le fueron conferidas las claves o llaves del Reino Superior al comentar que en esas tareas que a él le encomendaron de promover la religión a las grandes multitudes, porque ellas quieren las enseñanzas pero que se las den de una manera simple, no quieren algo complejo, las cuales las ven de lejos y con pereza; y por el contrario las grandes verdades y enseñanzas le fueron asignadas al apóstol Juan, para quienes aplica aquello de que ellos serán los llamados por ser los escogidos.

La señal de Jonás no es la misma que la de Lázaro

Conocimos a un camarada que pertenecía a una secta cristiana, era él una persona híper activa, muy bromista y hasta sarcástico, sólo que los viernes se abstraía, procuraba retirarse y no alternaba con todos los demás y mucho menos decía palabras altisonantes u ofensivas, que porque su religión no se los permitía en ese día en especial de la semana.

Ah, pero entre semana era el alma del Judas, no el Tadeo por supuesto que no, sino el Iscariote. Como que hay mucha incongruencia en esa disciplina o enseñanza, nosotros diríamos que hasta hipocresía.

En el caso de los que nos decimos católicos o que profesamos la religión cristiana sucede algo similar que en la precitada persona porque en ciertas fechas como por ejemplo en estos tiempos de la Semana Santa que la tomamos para la chacota, vacacionar, tirar barra y algo más.

Bueno, pero para esta ocasión y como en el caso del referido caso, en esta entrega nos abstendremos de cargarle la mano a quien ha hecho los deméritos para ello y les ofreceremos en esta vez algo que tal vez le llame a reflexionar en cosas en las que nos pasan de largo y nunca les hemos puesto la debida atención, algo así como lo que refiere Leopoldo Mendívil López en su libro El Secreto Vaticano.

Tal vez usted amable lector quisiera auscultar sobre el hecho de la crucifixión de Jesús el Cristo hace un poco más de dos mil años y de quien nos refiere el Nuevo Testamento que luego de ser sacrificado duró tres días en el sepulcro y luego de ese período resucitó y subió a los cielos.

Veamos el caso de la alta iniciación entre los antiguos egipcios, donde el iniciado era colocado en un sarcófago de madera diseñado con la figura de un pez, su hierofante, iniciador o instructor, luego de ciertos ceremoniales y prácticas ritualistas arrebataba su espíritu y lo trasladaba a los planos espirituales superiores y le explicaba los misterios que le eran permitido conocer y al tercer día de esa muerte virtual, era sacado del sarcófago y regresado al mundo con otra personalidad diferente, es decir, era resucitado, quien aunque encarnado, había adquirido y llegado a ser un ser superior, el Yo Eterno, espiritualmente hablando.

El gran Apolonio de Tiana se resistió a pasar por la prueba de la crucifixión, pero se inició en otra escuela y la historia nos habla de sus grandes proezas como vidente, profeta, sanador, etc.

En la misma Biblia muchos hemos conocido u oído del pasaje de Jonás de quien Jesús sentenció que por ciertas razones y en lo sucesivo sólo se recibiría la señal del anterior personaje, de quien se relata míticamente que se lo tragó una ballena, como en los egipcios depositados en el sarcófago en forma de pez y que al tercer día, al igual que Jesucristo, los grandes iniciados y en ciertos rituales entre los masones, la ballena liberó sano y salvo a Jonás, es decir resucitaron al tercer día.

Es lo único que les podemos mencionar sobre el hecho de seres que dada su preparación y avance espiritual han podido adquirir la liberación mediante una lucha en que se somete al ser animal o bestia que mora en nuestro interior y a quien se le conoce también con el nombre Satán o si usted lo prefiere mencionar como el subconsciente o yo inferior, quien nos domina y se “alimenta” través de los vicios y las pasiones y nos tiene anclados en este mundo material impidiéndonos ascender a planos espirituales superiores.

Luego de ciertos ayunos, (cuarenta días y cuarenta noches en el caso de Jesús), y otros ejercicios y preparativos especiales, el Yo Superior está listo para enfrentar esa singular batalla para luego llegar a la resurrección. Esa es la verdadera resurrección como lo reconocen los yoguis, Madam Blabaski, Gurdjieff, Lehman Hisey, etc.

No es lo mismo que la resurrección que se dio como en al caso de Lázaro y otros casos atribuidos también a Jesús. Los mismos apóstoles y otros operadores de “ milagros “ podían volver a la vida física a personas fallecidas siempre y cuando no hubieran agotado su término de existencia previamente asignado por el Gran Torcedor.

Nuestra modesta y bien intencionada opinión es salirnos un poco del modelo en el cual hemos sido enmarcados o programados y nos dediquemos a informarnos y documentarnos a profundidad y después establezcamos un criterio y no caer en lo que dijo el redentor de Galilea de que son muchos los llamados, pero pocos los escogidos y lo reiteró el apóstol Pedro cuando le fueron conferidas las claves o llaves del Reino Superior al comentar que en esas tareas que a él le encomendaron de promover la religión a las grandes multitudes, porque ellas quieren las enseñanzas pero que se las den de una manera simple, no quieren algo complejo, las cuales las ven de lejos y con pereza; y por el contrario las grandes verdades y enseñanzas le fueron asignadas al apóstol Juan, para quienes aplica aquello de que ellos serán los llamados por ser los escogidos.

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