/ jueves 30 de septiembre de 2021

Columna liberal

Dejamos en el tintero de nuestra colaboración anterior un reconocimiento a todos los héroes incógnitos que sin pensarlo dieron su vida para legarnos esta patria que hoy disfrutamos.

Ellos, el pueblo, los mexicanos de a pie abandonaron su familia, muchas, pocas o ninguna pertenencia y hasta su existencia misma en el campo de batalla y en contraparte los malos mexicanos de siempre, o sea los reaccionarios que egoístamente siempre han estado en contra de los intereses de la nación, del progreso de los oprimidos y sus libertades con la intención de explotarlos ver sólo por sus intereses llegando inclusive a la traición a la patria como ya lo asentamos documentadamente.

Citaremos sólo un fragmento de nuestra historia para apreciar el nacionalismo y entrega de esos valientes y abnegados héroes mexicanos de todos los tiempos. Escribe Taibo ll en una de sus obras: “Por más esfuerzos que Zaragoza y González Ortega después, trataron de mejorar las condiciones de los combatientes, los guerrerenses de Eutiquio Pinzón llegaron en estado deplorable.

Se vino pidiendo limosna y llegaron a Puebla sus soldados desnudos, mal equipados y hambrientos. Los zacatecanos no tenían zapatos”. Loas y gloria al gran pueblo mexicano.

Antiguamente a la entrada de los templos griegos de iniciación se leía la siguiente inscripción: “Soy un niño de la tierra, pero mi raza es de los cielos estrellados”, esas frases nos dan una clara idea de la relación que por siempre ha existido entre la humanidad con los mundos estelares, es decir con la vida e inteligencias del cosmos. Partamos de inicio de esa frase contenida en las sagradas escrituras donde se asienta “Hagamos, (en plural, ¿quiénes?), al hombre a nuestra imagen y semejanza), es por lo tanto y sin duda alguna la explicación del por qué los antiguos habitantes de cualquier parte de la tierra tuvieron importantes conocimientos que fueron aplicados para el avance no sólo espiritual, sino científico de cada uno de esos pueblos como veremos enseguida.

Todas las civilizaciones antiguas del mundo recibieron en su momento conocimientos de inteligencias del espacio sideral como se podrá demostrar. Tanto en el Libro de Enoc como en el Génesis de la Biblia se registra que vinieron de los cielos ángeles o elohim que no sólo procrearon hijos con las mujeres de la tierra, sino que les enseñaron el uso de los metales, el comercio, los encantamientos, los secretos de las plantas, etc.

Eso por un lado y por otro todos sabemos que las pirámides de todo el mundo están orientadas hacia la constelación de Orión de donde los sacerdotes de esos lugares, (que no tenían relación entre sí ni se conocieron), sabían atraer energía cósmica de esa constelación y mediante la alquimia manejarla hábilmente con las telúrica generada en esos sitios especiales donde se construyeron las pirámides como las de Egipto, Teotihuacán, Cholula, Chichén Itzá, Perú, Stonehenge de Inglaterra, etc.

Todos esos pueblos, sin existir antes telescopios, astrolabio ni ciencias avanzadas como las de hoy, pudieron ver y clasificar los planetas del sistema solar, medir las distancias entre unos y otros, sus diámetros, sus distancias y períodos orbitales, los equinoccios y solsticios, los tiempos exactos de aparición de los cometas, así como los de los eclipses, formularon calendarios exactos, etc.

No tenían laboratorios ni microscopios y sabían las propiedades químicas de las plantas y los minerales para la aplicación de la medicina; ¿cómo lograron todo eso? Irrefutablemente por el contacto con sus dioses con quienes siempre estuvieron en contacto. Hoy sólo contactamos con los seres de Dios, llámense dioses, ángeles, santos y hasta entes espaciales como los de Orión, cuando tenemos una grave contingencia, nosotros los de a pie hemos perdido la capacidad de contactarnos con todos esos seres superiores, no así los gobiernos de naciones poderosas.

Dejamos en el tintero de nuestra colaboración anterior un reconocimiento a todos los héroes incógnitos que sin pensarlo dieron su vida para legarnos esta patria que hoy disfrutamos.

Ellos, el pueblo, los mexicanos de a pie abandonaron su familia, muchas, pocas o ninguna pertenencia y hasta su existencia misma en el campo de batalla y en contraparte los malos mexicanos de siempre, o sea los reaccionarios que egoístamente siempre han estado en contra de los intereses de la nación, del progreso de los oprimidos y sus libertades con la intención de explotarlos ver sólo por sus intereses llegando inclusive a la traición a la patria como ya lo asentamos documentadamente.

Citaremos sólo un fragmento de nuestra historia para apreciar el nacionalismo y entrega de esos valientes y abnegados héroes mexicanos de todos los tiempos. Escribe Taibo ll en una de sus obras: “Por más esfuerzos que Zaragoza y González Ortega después, trataron de mejorar las condiciones de los combatientes, los guerrerenses de Eutiquio Pinzón llegaron en estado deplorable.

Se vino pidiendo limosna y llegaron a Puebla sus soldados desnudos, mal equipados y hambrientos. Los zacatecanos no tenían zapatos”. Loas y gloria al gran pueblo mexicano.

Antiguamente a la entrada de los templos griegos de iniciación se leía la siguiente inscripción: “Soy un niño de la tierra, pero mi raza es de los cielos estrellados”, esas frases nos dan una clara idea de la relación que por siempre ha existido entre la humanidad con los mundos estelares, es decir con la vida e inteligencias del cosmos. Partamos de inicio de esa frase contenida en las sagradas escrituras donde se asienta “Hagamos, (en plural, ¿quiénes?), al hombre a nuestra imagen y semejanza), es por lo tanto y sin duda alguna la explicación del por qué los antiguos habitantes de cualquier parte de la tierra tuvieron importantes conocimientos que fueron aplicados para el avance no sólo espiritual, sino científico de cada uno de esos pueblos como veremos enseguida.

Todas las civilizaciones antiguas del mundo recibieron en su momento conocimientos de inteligencias del espacio sideral como se podrá demostrar. Tanto en el Libro de Enoc como en el Génesis de la Biblia se registra que vinieron de los cielos ángeles o elohim que no sólo procrearon hijos con las mujeres de la tierra, sino que les enseñaron el uso de los metales, el comercio, los encantamientos, los secretos de las plantas, etc.

Eso por un lado y por otro todos sabemos que las pirámides de todo el mundo están orientadas hacia la constelación de Orión de donde los sacerdotes de esos lugares, (que no tenían relación entre sí ni se conocieron), sabían atraer energía cósmica de esa constelación y mediante la alquimia manejarla hábilmente con las telúrica generada en esos sitios especiales donde se construyeron las pirámides como las de Egipto, Teotihuacán, Cholula, Chichén Itzá, Perú, Stonehenge de Inglaterra, etc.

Todos esos pueblos, sin existir antes telescopios, astrolabio ni ciencias avanzadas como las de hoy, pudieron ver y clasificar los planetas del sistema solar, medir las distancias entre unos y otros, sus diámetros, sus distancias y períodos orbitales, los equinoccios y solsticios, los tiempos exactos de aparición de los cometas, así como los de los eclipses, formularon calendarios exactos, etc.

No tenían laboratorios ni microscopios y sabían las propiedades químicas de las plantas y los minerales para la aplicación de la medicina; ¿cómo lograron todo eso? Irrefutablemente por el contacto con sus dioses con quienes siempre estuvieron en contacto. Hoy sólo contactamos con los seres de Dios, llámense dioses, ángeles, santos y hasta entes espaciales como los de Orión, cuando tenemos una grave contingencia, nosotros los de a pie hemos perdido la capacidad de contactarnos con todos esos seres superiores, no así los gobiernos de naciones poderosas.

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