/ miércoles 26 de mayo de 2021

Comentarios constitucionales

Hacer uso de la voz es cosa seria, pues a través de ella se afirma algo que puede ser verdadero o falso, se realizan acciones y se producen efectos, pero hacer declaraciones con una investidura oficial y a nombre de una institución nacional, trae consigo mayor responsabilidad y es obligada la prudencia.

Me refiero a lo expresado por el secretario de Marina al hacer alusión a otro poder del Estado, diferente al de su adscripción: “Parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial”.

Dichas palabras las pronunció al estar declarando sobre el aseguramiento de 700 kilos de fentanilo en Guaymas, Sonora. Se refirió a la necesidad de “cuidar los procesos de judicialización”, y dijo textualmente: “Es algo que hay que hacer paso a paso, bien fiscalizada, bien judicializada, porque si no, pues las ayudas, que no tenemos muchas de jueces y ministerios públicos, tenemos que cerrar bien el círculo, si no se nos van”.

Continuó el servidor público declarando: “Hay muchos casos en los que, pena nos da que actúen de esa manera, parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial. No sólo es decomisar la carga, sino de dónde viene, quién la trae, quién la manda y a dónde va, para seguir ese camino”.

¿Cuál era la intención de la declaración referida? De acuerdo con el esquema clásico propuesto por Austin, relativo a los diferentes tipos de expresiones, en primer término, se debe considerar si la intención era describir una situación, entonces debe ser sometida al criterio de verdad o falsedad, por lo que, en caso de no demostrar que su afirmación es verdadera, entonces será falsa.

Si la intención era que las palabras se convirtieran en acción, como cuando un oficial (juez) del Registro Civil declara que dos personas son cónyuges conforme a la ley, en ese momento cambia su estado civil, entonces, no se alcanzaría el objetivo, en el hipotético caso de que ese fuera, del secretario de la Marina, pues no por las declaraciones realizadas, en la realidad, se convierte en enemigo el Poder Judicial de la Federación.

No obstante, con las declaraciones hechas sí se producen consecuencias que pueden ser no coetáneas al acto de habla, como ofender, intimidar, alarmar, entre otras, además en la comunidad se pueden producir efectos sobre las percepciones que se tengan sobre la institución.

Entonces, el lenguaje, tal como lo refirió Toni Morrison en la conferencia que pronunció con ocasión del Premio Nobel de Literatura de 1993, no es solamente un sistema, sino también una “agencia”, es decir, un acto que produce consecuencias.

En tal virtud, debe reinar la prudencia en el acto de hablar sobre todo en quienes tienen responsabilidades públicas, es decir, pensar en lo que se va a decir antes de expresarlo porque producirá consecuencias.

Pero lo dicho, dicho está, entonces lo que procede hacer es reevaluar sus declaraciones y devolvérselas de manera distinta a los propósitos que pudo tener, es decir, si afirmó que “parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial”, de ahí que afirmo lo siguiente:

a) El Poder Judicial de la Federación sí es enemigo, pero de la violación a los derechos humanos;

b) El Poder Judicial de la Federación sí es enemigo, pero de que se transgreda el debido proceso legal, y

c) En general, el Poder Judicial de la Federación es enemigo de que se quebranten los principios y las reglas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Hacer uso de la voz es cosa seria, pues a través de ella se afirma algo que puede ser verdadero o falso, se realizan acciones y se producen efectos, pero hacer declaraciones con una investidura oficial y a nombre de una institución nacional, trae consigo mayor responsabilidad y es obligada la prudencia.

Me refiero a lo expresado por el secretario de Marina al hacer alusión a otro poder del Estado, diferente al de su adscripción: “Parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial”.

Dichas palabras las pronunció al estar declarando sobre el aseguramiento de 700 kilos de fentanilo en Guaymas, Sonora. Se refirió a la necesidad de “cuidar los procesos de judicialización”, y dijo textualmente: “Es algo que hay que hacer paso a paso, bien fiscalizada, bien judicializada, porque si no, pues las ayudas, que no tenemos muchas de jueces y ministerios públicos, tenemos que cerrar bien el círculo, si no se nos van”.

Continuó el servidor público declarando: “Hay muchos casos en los que, pena nos da que actúen de esa manera, parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial. No sólo es decomisar la carga, sino de dónde viene, quién la trae, quién la manda y a dónde va, para seguir ese camino”.

¿Cuál era la intención de la declaración referida? De acuerdo con el esquema clásico propuesto por Austin, relativo a los diferentes tipos de expresiones, en primer término, se debe considerar si la intención era describir una situación, entonces debe ser sometida al criterio de verdad o falsedad, por lo que, en caso de no demostrar que su afirmación es verdadera, entonces será falsa.

Si la intención era que las palabras se convirtieran en acción, como cuando un oficial (juez) del Registro Civil declara que dos personas son cónyuges conforme a la ley, en ese momento cambia su estado civil, entonces, no se alcanzaría el objetivo, en el hipotético caso de que ese fuera, del secretario de la Marina, pues no por las declaraciones realizadas, en la realidad, se convierte en enemigo el Poder Judicial de la Federación.

No obstante, con las declaraciones hechas sí se producen consecuencias que pueden ser no coetáneas al acto de habla, como ofender, intimidar, alarmar, entre otras, además en la comunidad se pueden producir efectos sobre las percepciones que se tengan sobre la institución.

Entonces, el lenguaje, tal como lo refirió Toni Morrison en la conferencia que pronunció con ocasión del Premio Nobel de Literatura de 1993, no es solamente un sistema, sino también una “agencia”, es decir, un acto que produce consecuencias.

En tal virtud, debe reinar la prudencia en el acto de hablar sobre todo en quienes tienen responsabilidades públicas, es decir, pensar en lo que se va a decir antes de expresarlo porque producirá consecuencias.

Pero lo dicho, dicho está, entonces lo que procede hacer es reevaluar sus declaraciones y devolvérselas de manera distinta a los propósitos que pudo tener, es decir, si afirmó que “parece ser que el enemigo lo tenemos en el Poder Judicial”, de ahí que afirmo lo siguiente:

a) El Poder Judicial de la Federación sí es enemigo, pero de la violación a los derechos humanos;

b) El Poder Judicial de la Federación sí es enemigo, pero de que se transgreda el debido proceso legal, y

c) En general, el Poder Judicial de la Federación es enemigo de que se quebranten los principios y las reglas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.