/ martes 20 de febrero de 2024

Elección presidencial de Estados Unidos

Nota editorial. Internacionalista por parte de la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México.

Estados Unidos atraviesa una de las carreras presidenciales más polémicas. Los escándalos alrededor de los precandidatos más fuertes, el Presidente Joe Biden y el ex presidente Donald Trump, se presentan como factores influyentes en la intención de voto de los ciudadanos. Los cuales elegirán al mandatario que, no sólo definirá el escenario doméstico por los próximos 4 años, sino el papel que el país jugará en el sistema internacional. Panoramas que serán por completo diferentes debido a la brecha que existe entre las agendas de cada uno. En el 2024, con la controversia de las figuras políticas, la administración en Washington, así como las dinámicas internacionales, cambiarán.

Recientemente, el Departamento de Justicia anunció que no presentará cargos contra el Presidente Biden por la retención de documentos clasificados tras la conclusión de la administración Obama en 2017. El abogado designado para llevar a cabo el caso, Robert Hur, afirmó que no se tienen las pruebas suficientes para determinar que el mandatario intentó violar la ley. Si bien esto es una victoria legal para el mandatario, es probable que siga siendo sujeto a críticas por parte de algunos compañeros demócratas y votantes. Esto debido a la confusión de nombres que ha hecho en algunos discursos, así como al supuesto desconocimiento de fechas, lo cual ha incentivado dudas dentro de la esfera sociopolítica sobre su capacidad para ejercer la presidencia. Algo que, aunque no es un escándalo de corrupción, juega en su contra en medio de una contienda reñida.

Aunado a esto, si bien Joe Biden cuenta con el respaldo de sus compañeros militantes para la reelección, Dean Phillips, demócrata moderado, también aspira a ser designado como el candidato de su partido. El Congresista de Minnesota, pese a que ha votado a favor de la agenda del Presidente, ha hecho hincapié en el deterioro cognitivo de éste para ejercer el Ejecutivo. Por lo que se ha fortalecido una narrativa negativa sobre las facultades mentales del actual mandatario. Mismas que se han convertido en un activo de campaña para los demás contendientes ya que, a las palabras de los adversarios Biden, no son adecuadas para manejar el escenario doméstico y exterior que el país atraviesa.

Respecto a los republicanos, las cosas no han tomado lugar de la mejor manera. Aunque se llegaron a observar más aspirantes a la candidatura, el expresidente Donald Trump cada vez más se perfila para ser el elegido de su partido. Con todo y los procesos legales que atraviesa, como la interferencia electoral en 2020, la popularidad de éste incrementa gracias al provecho que saca de la polémica. Misma que lo ha convertido en el protagonista de los debates y discursos de los otros contendientes. Como Nikki Haley que trata de vituperarlo dentro de los ciudadanos haciendo referencia, tanto a los crímenes cometidos, como a su edad, en espera de disuadirlos para no tener otra administración del controversial magnate.

Finalmente, Trump es tan hábil en utilizar el escándalo a su propio beneficio que hoy le confiere el papel de víctima de una persecución política. Algo que debilita aún más la imagen de Biden en medio de una población descontenta y una crisis en el tablero geopolítico que repercute en su país. Tanto así que el porcentaje de aprobación de éste pasó de 55 a 38% en el último año. Por lo que es altamente probable que, de que el expresidente republicano se quede con la candidatura, el actual tendrá que despedirse del Despacho Oval. Causando así una revolución en los pronósticos construidos para el país al interior, como al exterior en materia de industria, gasto público, defensa nacional, migración y OTAN. Noviembre, sin duda, será una de las mayores coyunturas para Estados Unidos.

Nota editorial. Internacionalista por parte de la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México.

Estados Unidos atraviesa una de las carreras presidenciales más polémicas. Los escándalos alrededor de los precandidatos más fuertes, el Presidente Joe Biden y el ex presidente Donald Trump, se presentan como factores influyentes en la intención de voto de los ciudadanos. Los cuales elegirán al mandatario que, no sólo definirá el escenario doméstico por los próximos 4 años, sino el papel que el país jugará en el sistema internacional. Panoramas que serán por completo diferentes debido a la brecha que existe entre las agendas de cada uno. En el 2024, con la controversia de las figuras políticas, la administración en Washington, así como las dinámicas internacionales, cambiarán.

Recientemente, el Departamento de Justicia anunció que no presentará cargos contra el Presidente Biden por la retención de documentos clasificados tras la conclusión de la administración Obama en 2017. El abogado designado para llevar a cabo el caso, Robert Hur, afirmó que no se tienen las pruebas suficientes para determinar que el mandatario intentó violar la ley. Si bien esto es una victoria legal para el mandatario, es probable que siga siendo sujeto a críticas por parte de algunos compañeros demócratas y votantes. Esto debido a la confusión de nombres que ha hecho en algunos discursos, así como al supuesto desconocimiento de fechas, lo cual ha incentivado dudas dentro de la esfera sociopolítica sobre su capacidad para ejercer la presidencia. Algo que, aunque no es un escándalo de corrupción, juega en su contra en medio de una contienda reñida.

Aunado a esto, si bien Joe Biden cuenta con el respaldo de sus compañeros militantes para la reelección, Dean Phillips, demócrata moderado, también aspira a ser designado como el candidato de su partido. El Congresista de Minnesota, pese a que ha votado a favor de la agenda del Presidente, ha hecho hincapié en el deterioro cognitivo de éste para ejercer el Ejecutivo. Por lo que se ha fortalecido una narrativa negativa sobre las facultades mentales del actual mandatario. Mismas que se han convertido en un activo de campaña para los demás contendientes ya que, a las palabras de los adversarios Biden, no son adecuadas para manejar el escenario doméstico y exterior que el país atraviesa.

Respecto a los republicanos, las cosas no han tomado lugar de la mejor manera. Aunque se llegaron a observar más aspirantes a la candidatura, el expresidente Donald Trump cada vez más se perfila para ser el elegido de su partido. Con todo y los procesos legales que atraviesa, como la interferencia electoral en 2020, la popularidad de éste incrementa gracias al provecho que saca de la polémica. Misma que lo ha convertido en el protagonista de los debates y discursos de los otros contendientes. Como Nikki Haley que trata de vituperarlo dentro de los ciudadanos haciendo referencia, tanto a los crímenes cometidos, como a su edad, en espera de disuadirlos para no tener otra administración del controversial magnate.

Finalmente, Trump es tan hábil en utilizar el escándalo a su propio beneficio que hoy le confiere el papel de víctima de una persecución política. Algo que debilita aún más la imagen de Biden en medio de una población descontenta y una crisis en el tablero geopolítico que repercute en su país. Tanto así que el porcentaje de aprobación de éste pasó de 55 a 38% en el último año. Por lo que es altamente probable que, de que el expresidente republicano se quede con la candidatura, el actual tendrá que despedirse del Despacho Oval. Causando así una revolución en los pronósticos construidos para el país al interior, como al exterior en materia de industria, gasto público, defensa nacional, migración y OTAN. Noviembre, sin duda, será una de las mayores coyunturas para Estados Unidos.

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